jueves, 25 de septiembre de 2014

Ruega por nosotros dulce Madre nuestra, Virgen del Rosario de San Nicolás

Miles de fieles honran a María del Rosario 
de San Nicolás


Miles de fieles honran en su día en la ciudad de San Nicolás a María del Rosario, en las celebraciones por el 31º aniversario de  uno de los acontecimientos marianos más convocantes del país. La fiesta en honor de la Virgen comenzó a la hora cero con una oración del obispo de San Nicolás de los Arroyos que reunió a miles fieles, en su mayoría jóvenes. El día 25 de mayo del año 2009 fue coronada. Esta imagen genera uno de los fenómenos de peregrinación católicos más importantes de la República Argentina.

Cada 25 de septiembre, la ciudad de San Nicolás recibe a cientos de miles de peregrinos y fieles que concurren para rendir homenaje a la imagen de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. En el año 2003, al cumplirse 20 años de la primera aparición de la Virgen, se congregó el mayor número de fieles: 400.000 personas. Llegaron peregrinos de todas las provincias de Argentina, con grupos de más de 1000 personas que recorrieron a pie los 240 kms que separan San Nicolás de la ciudad de Buenos Aires. Un trayecto tres veces mayor que el que va de Buenos Aires hasta Luján.



El templo se construye de acuerdo a un estudio para que a través de una planta baja y entrepisos especiales, pueda llegar a albergar entre ocho y nueve mil personas de pie. Para los actos exteriores se construyen terrazas y explanadas. La cúpula tiene 24 m de diámetro y exteriormente, 27 m de diámetro, la cual está compuesta por 64 gajos dispuestos verticalmente de hormigón armado y exteriormente cuenta con placas de cobre colocadas en forma de bandejas individuales. La misma se puede admirar desde varios puntos de la ciudad.

La historia
El 25 de septiembre de 1983 la Virgen se aparece a Gladys Quiroga de Motta, en su habitación mientras rezaba el rosario, vestida de azul. Tenía el Niño en brazos y un rosario en la mano. La virgen hizo un gesto, como para darle el rosario a Gladys. La aparición fue muy breve, como una especie de anunciación.



Gladys es una mujer de pueblo, sencilla, esposa de un operario metalúrgico y madre de dos hijas. Nunca antes había experimentado nada similar. El día anterior había visto iluminarse el rosario que tenía colgado en su habitación. Algunos vecinos lo vieron también. Allí comenzó a rezar el rosario, y al día siguiente se produjo la primera aparición.

Durante algún tiempo, en varios lugares de Buenos Aires varias familias atestiguaron este fenómeno en sus propias casas. Gladys no acostumbraba a escribir, asistió a la escuela primaria hasta cuarto grado. Sin embargo fue dejando testimonio por escrito de los mensajes y los hechos que cambiaron su vida y la de muchos.

El 28 de septiembre y el 5 de octubre de 1983 nuevamente la Virgen se le aparece a Gladys mientras reza el rosario, repitiendo el gesto de tenderle el suyo. La Virgen no había hablado todavía. El 7 de octubre, fiesta del Rosario, sintió el anuncio interior que había aprendido a reconocer, cerró los ojos, vio una luz, y en ella a la Santísima Virgen, real y llena de vida, sosteniendo en sus manos un gran rosario. Gladys le preguntó, “qué espera de nosotros”. La imagen se borró y apareció la visión de un templo, así comprendió el mensaje de María.

El 13 de octubre, la Virgen habla por primera vez: “has cumplido. No tengas miedo. Ven a verme. De mi mano caminarás y muchos caminos recorrerás”. Luego del mensaje la Virgen agrega una cita de la Biblia, con este texto la alienta a cumplir su misión, a llevar sus mensajes aunque se presenten dificultades. A partir de allí comienza a recibir otros mensajes en forma frecuente.

El 25 de octubre Gladys va por segunda vez, desde que comenzaron las apariciones, a la ciudad de Rosario, sede del arzobispado, ese día exactamente a un mes de la primera aparición, la Virgen se le aparece y le tiende un rosario blanco: “Recibe este rosario de mis manos y guárdalo por los siglos de los siglos”. Los mensajes continúan, con frecuentes referencias a las Sagradas Escrituras.

La parroquia de San Nicolás había sido encomendada desde el principio a Nuestra Señora del Rosario. La imagen, hoy venerada en el Santuario había ocupado un lugar destacado en la catedral inaugurada en 1884. Luego de ser bendecida por el Papa León XIII, fue traída desde Roma y donada para este lugar. Después de distintas ubicaciones en la catedral y a raíz de su deterioro, fue depositada en el campanario, a la espera de una reparación que nunca llegaba.



En 1983, el 27 de noviembre, el Padre Pérez, confesor de Gladys y párroco de la catedral, se dio cuenta de que la imagen de Nuestra Señora del Rosario que por largo tiempo había estado en la catedral y se encontraba ahora en el campanario, coincidía con la descripción de Gladys. Entonces condujo a Gladys hasta el campanario, quien reconoció inmediatamente la imagen de la aparición, aunque le faltaba una mano y el rosario. En ese momento se le apareció la Virgen María frente a la imagen: “Me tienen olvidada, pero he resurgido. Ponedme allí, porque me ves tal cual soy. No os apenéis, ya me tendrán. Quiero estar en la ribera del Paraná. Poneos firmes. Allí viste mi luz. Que no flaqueen tus fuerzas”.

El Padre Pérez hizo reparar la imagen y colocó en sus manos y en las del Niño Jesús un nuevo rosario. “Nuestra Madre ha elegido un lugar de bendición, cerca del río. Allí quiere recibirnos: Cerca de ti quiero estar. El agua es una bendición. Quiero poder recibiros en un día no muy lejano en la casa que he elegido”.

En la noche del 24 de noviembre, unos días antes del reconocimiento de la imagen que estaba en el campanario, Gladys se dirigió con un grupo de personas al lugar que la Santísima Madre eligiera para construir su Templo, al tiempo que les mostraba el sitio donde veía la aparición, un fuerte rayo de luz cayó sobre el lugar pareciendo hundirse en el suelo. Una niña de nueve años vio también ese rayo. Al día siguiente la Virgen dijo a Gladys: El Espíritu Santo es tu guía. Debes obedecer. Elegido está el lugar de mi morada. Todo queda en vuestras manos.

Aproximadamente a los tres meses de la primera aparición, un rayo de luz iluminó por segunda vez el lugar del Santuario; Una vez aprobado el proyecto del Templo, por la Santísima Virgen, y comenzada su construcción, la imagen fue trasladada al nuevo Santuario en 1989. Gladys recibió más de mil ochocientos mensajes, desde el 13 de octubre de 1983 hasta el 11 de febrero de 1990, día del último mensaje.

La primera vez que vio a la Virgen fue el 25 de septiembre de 1983. Pero desde el 27 de noviembre de ese año, las visiones fueron diarias, en su casa, en diferentes horarios. Antes de cada aparición recibe un anuncio interior, y si está con otros no lo manifiesta. Dice Gladys: “Siento como un hormigueo en los brazos, entonces sé que Ella viene; cierro los ojos y aparece”. Pareciera ser que ella no cae en éxtasis, si se entiende esta palabra como desconexión con el mundo exterior. Sin embargo no se trata de una visión interior subjetiva. Para Gladys la Virgen es real y está viva. La ha tocado. Ha sentido la consistencia y el calor de su cuerpo. La escucha y le responde, gozando de una real intimidad. A veces las personas cercanas perciben un perfume de rosas o una sensación de calor.

El 8 de noviembre de 1984 Gladys relata cómo es la Mujer de la visión: “Hoy como nunca siento deseos de decir cómo veo a la Santísima Virgen María. Es de una belleza nada fácil de describir, pero es hermosa, y en Ella van juntas la humildad, la fuerza, la pureza y el Amor, así con mayúscula, porque todo el amor del mundo creo que no cubre el amor que Ella siente por sus hijos. Cuando ordena, siento la fuerza que hay en Ella. Cuando da consejos, siento su amor maternal, y cuando me dice que sufre por esos hijos alejados del Señor, me transmite su tristeza. Todo esto deja en mí esta maravillosa Madre a quien venero y he consagrado mi vida. Hago esto para que mis queridos hermanos puedan saber de alguna manera cómo es nuestra Madre del cielo.

El 25 de septiembre de 1986 el obispo coloca la piedra fundamental del actual Santuario. El Campito de la Virgen que se halla junto al Santuario se ha transformado en un lugar de procesiones, vía crucis y de confesiones, particularmente en días de mayor concurrencia.


Muchos atestiguan haber visto manifestaciones extraordinarias de la presencia de Dios y de la Virgen como la danza del sol, el perfume a rosas; el ver brillar el rosario sobre las paredes en varios hogares; las bombitas de luz que al quemarse dejan impresa la letra M de María del lado de adentro. Más recientemente comenzó a fluir agua del Santuario y muchos han percibido olor a rosas en ello. Pero el milagro más grande que marca la presencia del Cielo en este lugar de la tierra, son las numerosas conversiones. En este lugar se renueva permanentemente la alianza con su pueblo por medio de María, su arca de la Alianza. Ella es la Mujer vestida de sol del Apocalipsis. Es el ancla de salvación que conduce a su Hijo.



Nota: Fernando Romero

Fuente y fotos: virgendesannicolas.org


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