miércoles, 19 de abril de 2017

19 de abril: festividad de San Expedito - Novena

San Expedito
Soldado, mártir romano
19 de abril, Siglo IV


San Expedito fue comandante de una legión romana y como tal defendió al Imperio ante las invasiones de los Bárbaros. Al convertirse en cristiano fue martirizado (posiblemente por orden del emperador Diocleciano) en Melitene, Armenia (hoy Malatya, Turquía). Junto con él murieron sus compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo. Muchos otros mártires dieron gloria a Dios en su época, entre ellos Santa Filomena y San Jorge. 

Según la tradición, en el momento de la conversión, se le acercó el demonio, en forma de un cuervo que le gritaba "cras, cras cras" (En latín significa "Mañana, Mañana, Mañana"). Así trataba de persuadirlo a que dejase su decisión para después ya que el demonio sabe que lo que se deja para mañana hay mucha posibilidad de que se quede sin hacer. Pero Expedito aplastó al cuervo tentador con prontitud diciendo "¡HODIE, HODIE, HODIE!" (HOY, HOY, HOY). No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano".  Así se convirtió en soldado de Cristo, utilizando desde ese momento su valor y disciplina para el Reino de Dios.

Aunque se desconoce el origen su nombre, aparece en la Martiriología Romana junto a Hermógenes y compañeros.  Su nombre es sinónimo con prontitud y se le tiene por gran y pronto intercesor. 

A san Expedito se le invoca en problemas urgentes. Debemos saber que lo mas importante es renunciar a la vida de pecado y decidirnos cabalmente por Cristo.  Seamos pues inspirados por su prontitud y valor al seguir a Cristo en tan difíciles circunstancias cuando los cristianos eran perseguidos a muerte. Que nosotros también digamos "HOY" a Jesús y aplastemos los engaños del tentador.

También se le venera como protector de jóvenes, estudiantes, enfermos, problemas laborales y de familia, y juicios.

Se alega que el santo aparece como un error de escribano cuando, en el siglo XIX, una caja de reliquias fue enviada a monjas francesas con la anotación: "expedir". Sheppard (1969).  Pero esta hipótesis no puede ser cierta ya que Expedito era conocido en el siglo XVIII en Alemania y Sicilia y se le invocaba en casos de urgencia (Attwater). 

En la iconografía, Expedito es representado como un soldado con una cruz en la que esta escrito "Hodie" (Hoy) y la hoja de palma (martirio). A sus pies hay un cuervo y la palabra "cras" (mañana).

Aunque no aparece en el actual calendario litúrgico no deja de ser un santo reconocido por la Iglesia.

ORACIÓN A SAN EXPEDITO
PARA VENCER LAS PRUEBAS

¡Señor Jesús acudo a tu auxilio!
¡Virgen Santísima socórreme!
San Expedito, tu que lleno de valor abrirste tu corazón a la gracia de Dios
y no te dejaste llevar por la tentación de postergar tu entrega, 
ayúdame a no dejar para mañana lo que debo hacer hoy por amor a Cristo.
Ayúdame desde el cielo a renunciar a todo vicio y tentación con el poder que Jesús me da.
Que sea yo diligente, valiente y disciplinado al servicio del Señor,
y no me acobarde ante las pruebas.
Tú que eres el santo de las causas urgentes,
te presento mi necesidad (intención). 
Sobre todo te pido que intercedas por mi para que persevere en la fe, 
y así llegue al gozo del cielo con Cristo, 
con la Virgen María, los ángeles y los santos. Amén


Causas justas y urgentes

NOVENA A SAN EXPEDITO

Todos los días: Puestos en la presencia de Dios, ante quien siempre estamos, en quien somos y por quien vivimos, hacemos con calma la señal de la cruz: "En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén."

Oración inicial para todos los días: 
Señor, Dios y Padre nuestro,que permites invoquemos a San Expedito como intercesor, especialmente en las causas que consideramos justas y urgentes; te suplicamos que en esta hora llegue a ti nuestro clamor. Ayúdanos a superar este momento difícil; protégenos de todo lo que pueda perjudicarnos; asiste a nuestros familiares y amigos. Devuélvenos la paz y la tranquilidad. Concédenos la gracia de una pronta y definitiva conversión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 


Oración Final para todos los días:
Se rezan un Padre Nuestro, un Ave María, un Gloria y la siguiente oración:
Señor, Dios nuestro, Padre misericordioso y compasivo, que tanto amas a los hombres que enviaste a tu Hijo único al mundo, no para juzgarnos, sino para salvarnos; concédenos la gracia de una sincera conversión de mente y de corazón.
Permítenos buscar tu Reino y su justicia, sabiendo que todo lo demás nos vendrá por añadidura.
Tranquiliza nuestro pobre corazón que tantas veces se engaña pensando que nos hará feliz conseguir algo que no seas Tú mismo.
Y que la poderosa intercesión de tu glorioso mártir San Expedito, que con Fe hemos invocado, nos alcance lo que te pedimos, en la medida en que no se oponga a tu santa Voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén


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viernes, 14 de abril de 2017

VÍA CRUCIS



"Pero Tú, Señor y Dios Mío,
Pon en mí tus ojos,
óyeme,
Compadéceme y sáname.

Porque ante tus ojos 
me he convertido en un problema, 
con  tanta miseria" 
San Agustín




domingo, 9 de abril de 2017

Entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén


1. ENTRADA EN JERUSALÉN 
Y PURIFICACIÓN DEL TEMPLO 

1. ENTRADA EN JERUSALÉN 

Fragmento del libro: "Jesús de Nazaret" de Joseph Ratzinger (Benedicto XVI)



El Evangelio de Juan refiere que Jesús celebró tres fiestas de Pascua durante el tiempo de su vida pública: una primera en relación con la purificación del templo (2,13-25); otra con ocasión de la multiplicación de los panes (6,4); y, finalmente, la Pascua de la muerte y resurrección (p. ej. 12,1; 13,1), que se ha convertido en «su» gran Pascua, en la cual se funda la fiesta cristiana, la Pascua de los cristianos. Los Sinópticos han transmitido información solamente de una Pascua: la de la cruz y la resurrección; para Lucas, el camino de Jesús se describe casi como un único subir en peregrinación desde Galilea hasta Jerusalén. 


Es ante todo una «subida» en sentido geográfico: el Mar de Galilea está aproximadamente a 200 metros bajo el nivel del mar, mientras que la altura media de Jerusalén es de 760 metros sobre el nivel del mar. Como peldaños de esta subida, cada uno de los Sinópticos nos ha transmitido tres profecías de Jesús sobre su Pasión, aludiendo con ello también a la subida interior, que se va desarrollando a lo largo del camino exterior: el ir caminando hacia el templo como el lugar donde Dios quiso «establecer» su nombre, como se describe en el Libro del Deuteronomio (12,11; 14,23). 

La última meta de esta «subida» de Jesús es la entrega de sí mismo en la cruz, una entrega que reemplaza los sacrificios antiguos; es la subida que la Carta a los Hebreos califica como un ascender, no ya a una tienda hecha por mano de hombre, sino al cielo mismo, es decir, a la presencia de Dios (9,24). Esta ascensión hasta la presencia de Dios pasa por la cruz, es la subida hacia el «amor hasta el extremo» (cf.Jn 13,1), que es el verdadero monte de Dios. 

Naturalmente, la meta inmediata de la peregrinación de Jesús es Jerusalén, la Ciudad Santa con su templo y la «Pascua de los judíos», como la llama Juan (2,13). Jesús se había puesto en camino junto con los Doce, pero poco a poco se fue uniendo a ellos un grupo creciente de peregrinos; Mateo y Marcos nos dicen que, ya al salir de Jericó, había una «gran muchedumbre» que seguía a Jesús (Mt 20,29; cf. Mc 10,46). 

En este último tramo del recorrido hay un episodio que aumenta la expectación por lo que está a punto de ocurrir, y que pone a Jesús de un modo nuevo en el centro de atención de quienes lo acompañan. Un mendigo ciego, llamado Bartimeo, está sentado junto al camino. Se entera de que entre los peregrinos está Jesús y entonces se pone a gritar sin cesar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí» (Mc10,47). En vano tratan de tranquilizarlo y, al final, Jesús le invita a que se acerque. A su súplica —«Rabbuní, ¡que pueda ver!»—, Jesús le contesta: «Anda, tu fe te ha curado». 

Bartimeo recobró la vista «y le seguía por el camino» (Mc10,48-52). Una vez que ya podía ver, se unió a la peregrinación hacia Jerusalén. De repente, el tema «David», con su intrínseca esperanza mesiánica, se apoderó de la muchedumbre: este Jesús con el que iban de camino ¿no será acaso verdaderamente el nuevo David? Con su entrada en la Ciudad Santa, ¿no habrá llegado la hora en que Él restablezca el reino de David? 

Los preparativos que Jesús dispone con sus discípulos hacen crecer esta expectativa. Jesús llega al Monte de los Olivos desde Betfagé y Betania, por donde se esperaba la entrada del Mesías. Manda por delante a dos discípulos, diciéndoles que encontrarían un borrico atado, un pollino, que nadie había montado. Tienen que desatarlo y llevárselo; si alguien les pregunta el porqué, han de responder: «El Señor lo necesita» (Mc 11,3; Lc 19,31). Los discípulos encuentran el borrico, se les pregunta —como estaba previsto— por el derecho que tienen para llevárselo, responden como se les había ordenado y cumplen con el encargo recibido. Así, Jesús entra en la ciudad montado en un borrico prestado, que inmediatamente después devolverá a su dueño. 

Todo esto puede parecer más bien irrelevante para el lector de hoy, pero para los judíos contemporáneos de Jesús está cargado de referencias misteriosas. En cada uno de los detalles está presente el tema de la realeza y sus promesas. Jesús reivindica el derecho del rey a requisar medios de transporte, un derecho conocido en toda la antigüedad (cf. Pesch, Markusevangelium, II, p. 180). El hecho de que se trate de un animal sobre el que nadie ha montado todavía remite también a un derecho real. Y, sobre todo, se hace alusión a ciertas palabras del Antiguo Testamento que dan a todo el episodio un sentido más profundo. 

En primer lugar, las palabras de Génesis 49,10s, la bendición de Jacob, en las que se asigna a Judá el cetro, el bastón de mando, que no le será quitado de sus rodillas «hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia». Sc dice de Él que ata su borriquillo a la vid (49,11).Por tanto, el borrico atado hace referencia al que tiene que venir, al cual «los pueblos deben obediencia». 

Más importante aún es Zacarías 9,9, el texto que Mateo y Juan citan explícitamente para hacer comprender el «Domingo de Ramos»: «Decid a la hija de Sión: mira a tu rey, que viene a ti humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila» (Mt 21,5;cf. Za 9,9; Jn 12,15). Ya hemos reflexionado ampliamente sobre el sentido de estas palabras del profeta para comprender la figura de Jesús al comentar la bienaventuranza de los humildes, de los mansos (cf. primera parte, pp. 108-112). Él es un rey que rompe los arcos de guerra, un rey de la paz y un rey de la sencillez, un rey de los pobres. Y hemos visto, en fin, que gobierna un reino que se extiende de mar a mar y abarca toda la tierra (cf. ibíd., p. 109); esto nos ha recordado el nuevo reino universal de Jesús que, en las comunidades de la fracción del pan, es decir, en la comunión con Jesucristo, se extiende de mar a mar como reino de su paz (cf. ibíd., p. 112). Todo esto no podía verse entonces, pero lo que, oculto en la visión profética, había sido apenas vislumbrado desde lejos, resulta evidente en retrospectiva.

Por ahora retengamos esto: Jesús reivindica, de hecho, un derecho regio. Quiere que se entienda su camino y su actuación sobre la base de las promesas del Antiguo Testamento, que se hacen realidad en Él. El Antiguo Testamento habla de Él, y viceversa: Él actúa y vive de la Palabra de Dios, no según sus propios programas y deseos. Su exigencia se funda en la obediencia a los mandatos del Padre. Sus pasos son un caminar por la senda de la Palabra de Dios. Al mismo tiempo, la referencia a Zacarías 9,9 excluye una interpretación «zelote» de la realeza: Jesús no se apoya en la violencia, no emprende una insurrección militar contra Roma. Su poder es de carácter diferente: reside en la pobreza de Dios, en la paz de Dios, que Él considera el único poder salvador. 

Volvamos al desarrollo de la narración. Cuando se lleva el borrico a Jesús, ocurre algo inesperado: los discípulos echan sus mantos encima del borrico; mientras Mateo (21,7) y Marcos (11,7) dicen simplemente que «Jesús se montó», Lucas escribe: «Y le ayudaron a montar» (19,35). Ésta es la expresión usada en el Primer Libro de los Reyes cuando narra el acceso de Salomón al trono de David, su padre. Allí se lee que el rey David ordena al sacerdote Zadoc, al profeta Natán y a Benaías: «Tomad con vosotros los veteranos de vuestro señor, montad a mi hijo Salomón sobre mi propia mula y bajadle a Guijón. El sacerdote Zadoc y el profeta Natán lo ungirán allí como rey de Israel...» (1,33s). 

También el echar los mantos tiene su sentido en la realeza de Israel (cf. 2 R 9,13). Lo que hacen los discípulos es un gesto de entronización en la tradición de la realeza davídica y, así, también en la esperanza mesiánica que se ha desarrollado a partir de ella. Los peregrinos que han venido con Jesús a Jerusalén se dejan contagiar por el entusiasmo de los discípulos; ahora alfombran con sus mantos el camino por donde pasa. Cortan ramas de los árboles y gritan palabras del Salmo 118, palabras de oración de la liturgia de los peregrinos de Israel que en sus labios se convierten en una proclamación mesiánica: «¡Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» (Mc 11,9s; cf. Sal 118,25s). 

Esta aclamación la han transmitido los cuatro evangelistas, aunque con sus variantes específicas. Estas diferencias no son irrelevantes para la historia de la transmisión y la visión teológica de cada uno de los evangelistas, pero no es necesario que nos ocupemos aquí de ellas. Tratamos solamente de comprender las líneas esenciales de fondo, teniendo en cuenta, además, que la liturgia cristiana ha acogido este saludo, interpretándolo a la luz de la fe pascual de la Iglesia. 

Ante todo, aparece la exclamación: «¡Hosanna!». Originalmente, ésta era una expresión de súplica, como: «¡Ayúdanos!». En el séptimo día de la fiesta de las Tiendas, los sacerdotes, dando siete vueltas en torno al altar del incienso, la repetían monótonamente para implorar la lluvia. Pero, así como la fiesta de las Tiendas se transformó de fiesta de súplica en una fiesta de alegría, la súplica se convirtió cada vez más en una exclamación de júbilo (cf. Lohse, ThWNT, IX, p. 682). 

La palabra había probablemente asumido también un sentido mesiánico ya en los tiempos de Jesús. Así, podemos reconocer en la exclamación «¡Hosanna!» una expresión de múltiples sentimientos, tanto de los peregrinos que venían con Jesús como de sus discípulos: una alabanza jubilosa a Dios en el momento de aquella entrada; la esperanza de que hubiera llegado la hora del Mesías, y al mismo tiempo la petición de que fuera instaurado de nuevo el reino de David y, con ello, el reinado de Dios sobre Israel. 


La palabra siguiente del Salmo 118, «bendito el que viene en el nombre del Señor», perteneció en un primer tiempo, como se ha dicho, a la liturgia de Israel para los peregrinos y con ella se los saludaba a la entrada de la ciudad o del templo. Lo demuestra también la segunda parte del versículo: «Os bendecimos desde la casa del Señor». Era una bendición que los sacerdotes dirigían y casi imponían sobre los peregrinos a su llegada. Pero con el tiempo la expresión «que viene en el nombre del Señor» había adquirido un sentido mesiánico. Más aún, se había convertido incluso en la denominación de Aquel que había sido prometido por Dios. De este modo, de una bendición para los peregrinos la expresión se transformó en una alabanza a Jesús, al que se saluda como al que viene en nombre de Dios, como el Esperado y el Anunciado por todas las promesas. 

La referencia específicamente davídica, que se encuentra solamente en el texto de Marcos, nos presenta tal vez en su modo más originario la expectativa de los peregrinos en aquellos momentos. Lucas, que escribe para los cristianos procedentes del paganismo, ha omitido completamente el «Hosanna» y la referencia a David, reemplazándola con una exclamación que alude a la Navidad: «¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!» (19,38; cf. 2,14). De los tres Evangelios sinópticos, pero también de Juan, se deduce claramente que la escena del homenaje mesiánico a Jesús tuvo lugar al entrar en la ciudad, y que sus protagonistas no fueron los habitantes de Jerusalén, sino los que acompañaban a Jesús entrando con Él en la Ciudad Santa. 

Mateo lo da a entender de la manera más explícita, añadiendo después de la narración del Hosanna dirigido a Jesús, hijo de David, el comentario: «Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada: "¿Quién es éste?". La gente que venía con él decía: "Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea"» (21,10s). El paralelismo con el relato de los Magos de Oriente es evidente. Tampoco entonces se sabía nada en la ciudad de Jerusalén sobre el rey de los judíos que acababa de nacer; esta noticia había dejado a Jerusalén «trastornada» (Mt 2,3). Ahora se «alborota»: Mateo usa la palabra eseísthe (seíö), que expresa el estremecimiento causado por un terremoto. 

Algo se había oído hablar del profeta que venía de Nazaret, pero no parecía tener ninguna relevancia para Jerusalén, no era conocido. La multitud que homenajeaba a Jesús en la periferia de la ciudad no es la misma que pediría después su crucifixión. En esta doble noticia sobre el no reconocimiento de Jesús —una actitud de indiferencia y de inquietud a la vez—, hay ya una cierta alusión a la tragedia de la ciudad, que Jesús había anunciado repetidamente, y de modo más explícito en su discurso escatológico. 

Pero en Mateo hay también otro texto importante, exclusivamente suyo, sobre la acogida de Jesús en la Ciudad Santa. Después de la purificación del templo, algunos niños repiten en el templo las palabras del homenaje a Jesús: «¡Hosanna al hijo de David!» (21,15). Jesús defiende la aclamación de los niños ante los «sumos sacerdotes y los escribas» haciendo referencia al Salmo 8,3: «De la boca de los niños y de los que aún maman has sacado una alabanza». Volveremos de nuevo sobre esta escena en la reflexión sobre la purificación del templo. Tratemos aquí de comprender lo que Jesús ha querido decir con la referencia al Salmo 8, una alusión con la cual ha abierto una vasta perspectiva histórico-salvífica. 

Lo que quería decir resulta muy claro si recordamos el episodio sobre los niños presentados a Jesús «para que los tocara», descrito por todos los evangelistas sinópticos. Contra la resistencia de los discípulos, que quieren defenderlo frente a esta intromisión, Jesús llama a los niños, les impone las manos y los bendice. Y explica luego este gesto diciendo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Mc10,13-15). Los niños son para Jesús el ejemplo por excelencia de ese ser pequeño ante Dios que es necesario para poder pasar por el «ojo de una aguja», a lo que hace referencia el relato del joven rico en el pasaje que sigue inmediatamente después (Mc 10,17-27). 

Poco antes había ocurrido el episodio en el que Jesús reaccionó a la discusión sobre quién era el más importante entre los discípulos poniendo en medio a un niño, y abrazándole dijo: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí» (Mc 9,33-37). Jesús se identifica con el niño, Él mismo se ha hecho pequeño. Como Hijo, no hace nada por sí mismo, sino que actúa totalmente a partir del Padre y de cara a Él. 

Si se tiene en cuenta esto, se entiende también la perícopa siguiente, en la cual ya no se habla de niños, sino de los «pequeños»; y la expresión «los pequeños» se convierte incluso en la denominación de los creyentes, de la comunidad de los discípulos de Jesús (cf. Mc 9,42). Han encontrado este auténtico ser pequeño en la fe, que reconduce al hombre a su verdad. 

Volvemos con esto al «Hosanna» de los niños. A la luz del Salmo 8, la alabanza de los niños aparece como una anticipación de la alabanza que sus «pequeños» entonarán en su honor mucho más allá de esta hora. 


En este sentido, con buenas razones, la Iglesia naciente pudo ver en dicha escena la representación anticipada de lo que ella misma hace en la liturgia. Ya en el texto litúrgico postpascual más antiguo que conocemos —en la Didaché, en torno al año 100—, antes de la distribución de los sagrados dones aparece el «Hosanna» junto con el «Maranatha»: «¡Venga la gracia y pase este mundo! ¡Hosanna al Dios de David! ¡Si alguno es santo, venga!; el que no lo es, se convierta. ¡Maranatha! Amén» (10,6). 

También el Benedictus fue incluido muy pronto en la liturgia: para la Iglesia naciente el «Domingo de Ramos» no era una cosa del pasado. Así como entonces el Señor entró en la Ciudad Santa a lomos del asno, así también la Iglesia lo veía llegar siempre nuevamente bajo la humilde apariencia del pan y el vino. 

La Iglesia saluda al Señor en la Sagrada Eucaristía como el que ahora viene, el que ha hecho su entrada en ella. Y lo saluda al mismo tiempo como Aquel que sigue siendo el que ha de venir y nos prepara para su venida. Como peregrinos, vamos hacia Él; como peregrino, Él sale a nuestro encuentro y nos incorpora a su «subida» hacia la cruz y la resurrección, hacia la Jerusalén definitiva que, en la comunión con su Cuerpo, ya se está desarrollando en medio de este mundo.




 2. LA PURIFICACIÓN DEL TEMPLO 

Marcos nos dice que Jesús, después de este recibimiento, fue al templo, lo estuvo observando todo y, siendo ya tarde, se fue a Betania, donde se alojaba aquella semana. Al día siguiente volvió al templo y empezó a echar fuera a los que vendían y compraban, «volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas» (11,15). Justifica su modo de obrar con una palabra del profeta Isaías, que Él integra con otra de Jeremías: «Mi casa se llama casa de oración para todos los pueblos. Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos» (Mc 11,17; cf. Is 56,7; Jr 7,11). ¿Qué es lo que hizo Jesús? ¿Qué quiso dar a entender con ello? 


En la literatura exegética se pueden reconocer tres grandes líneas de interpretación que hemos de considerar brevemente. 

En primer lugar, la tesis según la cual la purificación del templo no significaba un ataque contra el templo como tal, sino que se refería sólo a los abusos. Ciertamente, los mercaderes tenían permiso de la autoridad judía, que sacaba de eso pingües beneficios. En este sentido, la actividad de los cambistas y de los comerciantes de ganado era legítima según las normas vigentes; también es comprensible que estuviera previsto el cambio de las monedas romanas en uso por la moneda del templo, precisamente en el patio de los gentiles, dado que las primeras debían considerarse idolátricas por llevar la imagen del emperador; y también que allí se vendieran los animales para el sacrificio. Pero esta mezcla entre templo y negocios no se correspondía con el planteamiento arquitectónico del templo, con el destino propio del patio de los gentiles. 

Con su intervención Jesús atacaba la normativa en vigor dispuesta por la aristocracia del templo, pero no violaba la Ley y los Profetas; al revés: contra una praxis profundamente corrupta que se había convertido en «derecho», reivindicaba el derecho esencial y verdadero, el derecho divino de Israel. Sólo así se explica por qué no intervino la policía del templo ni la cohorte romana que había en la fortaleza Antonia. Las autoridades del templo se limitaron a preguntar a Jesús qué autorización tenía para hacer lo que hizo. 

En este sentido, es justa la tesis, argumentada minuciosamente sobre todo por Vittorio Messori, según la cual Jesús actuó conforme a la ley en la purificación del templo, impidiendo un abuso respecto al templo. Pero, si de eso se quisiera sacar la conclusión de que Jesús «aparece como un simple reformador que defiende los preceptos judíos de santidad» (así Eduard Schweizer; cit. según Pesch, Markusevangelium, II, p. 200), no se valoraría bien el verdadero sentido del acontecimiento. Las palabras de Jesús demuestran que su reivindicación ibamás al fondo, precisamente porque con su actuación pretendía dar cumplimiento a la Ley y los Profetas. 


Llegamos así a una segunda explicación, que contrasta con la primera: la interpretación político-revolucionaria del acontecimiento. Ya en la Ilustración se habían producido intentos de interpretar a Jesús como un revolucionario político. Pero sólo la obra de Robert Eisler, lesous Basileus ou Basileusas, publicada en dos volúmenes (Heidelberg 1929-1930), trató de demostrar coherentemente, basándose en el conjunto de los datos neotestamentarios, que «Jesús habría sido un revolucionario político de carácter apocalíptico: habría sido arrestado y ejecutado por los romanos por haber provocado una insurrección en Jerusalén» (Hengel, War Jesus Revolutionär?,p. 7). El libro causó una enorme sensación, pero, dada la situación particular de los años treinta no obtuvo en aquel tiempo un efecto duradero. 

Sólo en los años sesenta se formó el clima espiritual y político en el que una visión como ésta pudo desarrollar una fuerza explosiva. Entonces fue Samuel George Frederick Brandon, en su obra Jesus and the Zealots (Nueva York 1967), quien dio a la interpretación de Jesús como revolucionario político una aparente legitimación científica. Con eso, Jesús fue colocado en la línea del movimiento de los zelotes, que veía su fundamento bíblico en el sacerdote Pinjás, un nieto de Aarón: Pinjás traspasó con la lanza a un judío que se había juntado con una mujer idólatra. En aquel momento fue considerado como modelo de los «celantes» de la Ley, del culto ofrecido únicamente a Dios (cf. Nm 25). 

El movimiento zelote reconocía su origen concreto en la iniciativa del padre de los hermanos macabeos, Matatías, que, frente al intento de uniformar a Israel totalmente según el modelo de la cultura unitaria helenística, privándolo con eso también de su identidad religiosa, había afirmado: «No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión a derecha ni a izquierda» (1 M 2,22). Esta palabra inició la insurrección contra la dictadura helenística. Matatías llevó a la práctica su palabra: mató al hombre que, siguiendo los decretos de las autoridades helenísticas, quería ofrecer públicamente sacrificios a los ídolos. «Al verlo, Matatías se indignó..., corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara... en su celo por la Ley» (1 M 2, 24ss). De allí en adelante, la palabra «celo» (zélos, en griego) fue el término clave para expresar la disponibilidad a comprometerse con la fuerza en favor de la fe de Israel, a defender el derecho y la libertad de Israel mediante la violencia. 

Según la tesis de Eisler y Brandon habría que colocar a Jesús en esta línea del «zélos», de los zelotes, una tesis que en los años sesenta suscitó una oleada de teologías políticas y teologías de la revolución. Como prueba central de esta teoría se aducía entonces la purificación del templo, que habría sido evidentemente un acto de violencia, porque sin violencia ni siquiera habría podido ocurrir, aunque los evangelistas hayan tratado de ocultarlo. También el saludo a Jesús como hijo de David y fundador del reino davídico habría sido un acto político, y la crucifixión de Jesús por los romanos bajo la acusación de «rey de los judíos» demostraría plenamente que Él había sido un revolucionario —un zelote—, y como tal habría sido ajusticiado. 

Con el tiempo se ha calmado la oleada de las teologías de la revolución que, basándose en un Jesús interpretado como zelote, trataron de legitimar la violencia como medio para establecer un mundo mejor, el «Reino». Los terribles resultados de una violencia motivada religiosamente están a la vista de todos nosotros de manera más que sobradamente rotunda. La violencia no instaura el Reino de Dios, el reino del humanismo. Por el contrario, es un instrumento preferido por el anticristo, por más que invoque motivos religiosos e idealistas. No sirve a al humanidad, sino a la inhumanidad. 


Pero entonces, ¿cuál es la verdad acerca de Jesús? ¿Fue tal vez un zelote? La purificación del templo ¿fue quizás el principio de una revolución política? Toda la actividad y el mensaje de Jesús —desde las tentaciones en el desierto, su bautismo en el Jordán, el Sermón de la Montaña, hasta la parábola del Juicio final (cf. Mt 25) y su respuesta a la confesión de Pedro— se oponen decididamente a ello, como hemos visto en la primera parte de esta obra. 

No. La insurrección violenta, el matar a otros en nombre de Dios no se corresponde con su modo de ser. Su «celo» por el Reino de Dios fue completamente diferente. No sabemos precisamente lo que se imaginaron los peregrinos cuando, en la «entronización» de Jesús, hablaban de «el Reino que llega, el de nuestro padre David». Pero lo que Jesús mismo pensaba y pretendía lo ha mostrado muy a las claras con sus gestos y con las palabras proféticas en cuyo contexto se puso Él mismo. 

Ciertamente, en los tiempos de David el burro había sido la expresión de su majestad y, siguiendo la estela de esta tradición, Zacarías presenta al nuevo rey de la paz que cabalga en un borrico cuando entra en la Ciudad Santa. Pero ya en los tiempos de Zacarías, y todavía más en los de Jesús, el caballo se había convertido en la expresión del poder y de los poderosos, mientras que el burro era el animal de los pobres y, por tanto, la imagen de una majestad bien diferente. 

Es verdad que Zacarías anuncia un reino «de mar a mar». Pero precisamente con ello abandona el cuadro nacional e indica una nueva universalidad, en la que el mundo encuentra la paz de Dios y, en la adoración del único Dios, permanece unido por encima de todas las fronteras. En ese reino del que habla el profeta se rompen los arcos guerreros. Lo que en él es todavía una visión misteriosa, cuya configuración concreta no se puede percibir con nitidez cuando se avista en lontananza su llegada, se irá desvelando poco a poco en el obrar de Jesús, aunque sólo podrá adquirir su plena forma después de la resurrección y en la progresión del Evangelio hacia los paganos. Pero también en el momento de la entrada de Jesús en Jerusalén, la conexión con la profecía tardía, en la cual Jesús enmarca su acción, daba a su gesto una orientación en contraste radical con la interpretación de los zelotes. 

Jesús no sólo encontró en Zacarías la imagen del rey de la paz que llega sobre un borrico, sino también la del pastor herido que, con su muerte, trae la salvación, y la imagen del traspasado hacia el que todos habrían vuelto la mirada. Otro gran punto de referencia en el cual Jesús enmarcaba su actuación era la visión del siervo de Dios que sufre y que sirviendo ofrece la vida por la multitud y trae así la salvación (cf.Is 52,13-53,12). Esta profecía tardía es la clave de interpretación con la que Jesús abre el Antiguo Testamento; a partir de ella, Él mismo se convierte más tarde, después de la Pascua, en la clave para leer de modo nuevo la Ley y los Profetas. 


Vengamos ahora a las palabras de interpretación con las que Jesús mismo explica el gesto de la purificación del templo. Escuchemos ante todo a Marcos, con el que coinciden Mateo y Lucas, prescindiendo de pequeñas variantes. Después de la purificación, Jesús «enseñaba», nos dice Marcos. El evangelista ve resumido lo esencial de esta «enseñanza» en las palabras de Jesús: «¿No está quizás escrito: mi casa se llama casa de oración para todos los pueblos? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos» (11,17). En esta síntesis de la «doctrina» de Jesús sobre el templo —como ya hemos visto— están como fundidas dos palabras proféticas. 

Ante todo, la visión universalista del profeta Isaías (56,7), de un futuro en el que, en la casa de Dios, todos los pueblos adorarán al Señor como único Dios. En la estructura del templo, el patio de los gentiles donde se desarrolla la escena es el espacio abierto que invita a todo el mundo a rezar allí al único Dios. La acción de Jesús subraya esta apertura interior de la esperanza que estaba viva en la fe de Israel. Aunque Jesús limita conscientemente su intervención a Israel, está sin embargo movido siempre por la tendencia universalista de abrir a Israel, de manera que todos puedan reconocer en el Dios de este pueblo al único Dios común a todo el mundo. A la pregunta sobre lo que Jesús ha traído realmente a los hombres, respondíamos en la primera parte de esta obra que Él ha traído a Dios a los pueblos de la tierra (cf. pp. 69-70). Según su palabra, en la purificación del templo se trata precisamente de esta intención fundamental: quitar aquello que es contrario al conocimiento y a la adoración común de Dios, despejar por tanto el espacio para la adoración de todos. 


En la misma dirección apunta un pequeño episodio que Juan incluye en el «Domingo de Ramos». A este propósito debemos tener presente que, según Juan, la purificación del templo tuvo lugar durante la primera Pascua de Jesús, al principio de su actividad pública. Los Sinópticos, en cambio —como ya hemos visto—, sólo relatan una única Pascua de Jesús y, así, la purificación del templo se sitúa necesariamente en los últimos días de toda su actividad. Mientras que hasta hace algún tiempo la exégesis partía predominantemente de la tesis de que la datación de san Juan era «teológica», y no exacta en el sentido biográfico-cronológico, hoy se ven cada vez más claramente las razones que abogan por una datación exacta, también desde el punto de vista cronológico, del cuarto evangelista que, no obstante toda la impregnación teológica del contenido, se revela también aquí, como en otros casos, informado con mucha precisión sobre tiempos, lugares y desarrollo de los hechos. Pero no debemos entrar aquí en esta discusión, a fin decuentas secundaria. Detengámonos sencillamente a examinar ese pequeño episodio que, para Juan, no está relacionado temporalmente con la purificación del templo, pero que aclara ulteriormente su sentido intrínseco. 

El evangelista dice que había también entre los peregrinos algunos griegos «que habían subido para adorar en la fiesta» (Jn 12,20). Estos griegos se acercan a «Felipe, el de Betsaida de Galilea», y le ruegan: «Señor, queremos ver a Jesús» (12,21). En el discípulo con nombre griego procedente de la Galilea medio pagana ven obviamente a un intermediario que puede facilitarles el acceso a Jesús. Esta palabra de los griegos —«Señor, queremos ver a Jesús»— nos recuerda en cierto modo la visión que san Pablo tuvo de aquel Macedonio que le dijo: «Ven a Macedonia y ayúdanos» (Hch 16,9). El Evangelio prosigue comentando que Felipe habló con Andrés y ambos expusieron la petición a Jesús. Como sucede a menudo en el Evangelio de Juan, Jesús responde de una manera misteriosa y, en aquel momento, enigmática: «Ha llegado la hora en que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad os digo que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto» (12,23s). A la solicitud de un grupo de peregrinos griegos de obtener un encuentro, Jesús contesta con una profecía de la Pasión, en la cual interpreta su muerte inminente como «glorificación», una glorificación que se demostrará en la gran fecundidad obtenida. ¿Qué significa esto? 

Lo que cuenta no es un encuentro inmediato y externo entre Jesús y los griegos. Habrá otro encuentro que irá mucho más al fondo. Sí, los griegos lo «verán»: irá a ellos a través de la cruz. Irá como grano de trigo muerto y dará fruto para ellos. Ellos verán su «gloria»: encontrarán en el Jesús crucificado al verdadero Dios que estaban buscando en sus mitos y en su filosofía. La universalidad de la que habla la profecía de Isaías (cf. 56,7)se manifiesta a la luz de la cruz: a partir de la cruz, el único Dios se hace reconocible para los pueblos; en el Hijo conocerán al Padre y, de este modo, al único Dios que se ha revelado en la zarza ardiente. 

Pero volvamos a la purificación del templo, donde la promesa universalista de Isaías se entrelaza también con aquella otra palabra de Jeremías: «Habéis hecho de mi casa una cueva de bandidos» (cf. 7,11). En el contexto de la explicación del discurso escatológico de Jesús retornaremos aún brevemente a lalucha del profeta Jeremías a propósito y en favor del templo. Anticipamos aquí lo esencial: Jeremías se bate apasionadamente por la unidad entre culto y vida en la justicia delante de Dios; lucha contra una politización de la fe, según la cual Dios debería defender en cualquier caso su templo para no perder el culto. Sin embargo, un templo que se ha convertido en una «cueva de bandidos» no tiene la protección de Dios. 

En la convivencia entre culto y negocios que Jesús combate, Él ve obviamente que se produce de nuevo la situación de los tiempos de Jeremías. En este sentido, tanto su palabra como su gesto son una advertencia en la que, sobre la base de Jeremías, se podía percibir también la alusión a la destrucción de este templo. Pero, como Jeremías, tampoco Jesús es el destructor del templo: ambos indican con su pasión quién y qué es lo que destruirá realmente el templo. 


Esta explicación de la purificación del templo resulta más clara aún a la luz de una palabra de Jesús que, en este contexto, es transmitida sólo por Juan, pero que de una manera deformada se encuentra también en labios de los falsos testigos durante el proceso de Jesús, según el relato de Mateo y Marcos. No cabe duda de que dicha palabra se remonta a Jesús mismo, y es igualmente obvio que se la debe situar en el contexto de la purificación del templo. 

En Marcos, el falso testigo dice que Jesús habría declarado: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres» (14,58). Con eso el «testigo» se aproxima mucho quizás a la palabra de Jesús, pero se equivoca en un punto decisivo: no es Jesús quien destruye el templo; lo abandonan a la destrucción quienes lo convierten en una cueva de ladrones, como había ocurrido en los tiempos de Jeremías. 

En Juan, la verdadera palabra de Jesús se presenta así: «Destruid este templo y yo en tres días lo levantaré» (2,19). Con esto Jesús responde a la petición de la autoridad judía de una señal que probara su legitimación para un acto como la purificación del templo. Su «señal» es la cruz y la resurrección. La cruz y la resurrección lo legitiman como Aquel que establece el culto verdadero. Jesús se justifica a través de su Pasión; éste es el signo de Jonás, que Él ofrece a Israel y al mundo. 

Pero la palabra va todavía más al fondo. Con razón dice Juan que los discípulos sólo comprendieron esa palabra en toda su profundidad al recordarla después de la resurrección, rememorándola a la luz del Espíritu Santo como comunidad de los discípulos, como Iglesia. 

El rechazo a Jesús, su crucifixión, significa al mismo tiempo el fin de este templo. La época del templo ha pasado. Llega un nuevo culto en un templo no construido por hombres. Este templo es su Cuerpo, el Resucitado que congrega a los pueblos y los une en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Él mismo es el nuevo templo de la humanidad. La crucifixión de Jesús es al mismo tiempo la destrucción del antiguo templo. Con su resurrección comienza un modo nuevo de venerar a Dios, no ya en un monte o en otro, sino «en espíritu y en verdad» (In 4,23). 


¿Qué hay entonces acerca del «zélos» de Jesús? Sobre esta pregunta Juan —precisamente en el contexto de la purificación del templo— nos ha dejado una palabra preciosa que representa una respuesta precisa y profunda a la cuestión. Nos dice que, con ocasión de la purificación del templo, los discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora» (2,17). Es una palabra tomada del gran Salmo 69, aplicable a la Pasión. A causa de su vida conforme a la Palabra de Dios, el orante es relegado al aislamiento; la palabra se convierte para él en una fuente de sufrimiento que le causan quienes lo circundan y lo odian. «Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello... Por ti he aguantado afrentas... me devora el celo de tu templo...» (Sal69,2.8.10). 

Los discípulos han reconocido a Jesús al recordar al justo que sufre: el celo por la casa de Dios lo lleva a la Pasión, a la cruz. Este es el vuelco fundamental que Jesús ha dado al tema del celo. Ha transformado el «celo» de servir a Dios mediante la violencia en el celo de la cruz. De este modo ha establecido definitivamente el criterio para el verdadero celo, el celo del amor que se entrega. El cristiano ha de orientarse por este celo; en eso reside la respuesta auténtica a la cuestión sobre el «zelotismo» de Jesús. 


Esta interpretación encuentra confirmación nuevamente en dos pequeños episodios con los que Mateo concluye el relato de la purificación del templo. 

«En el templo se acercaron a Él ciegos y tullidos, y los curó» (21,14). Al comercio de animales y al negocio con los dineros, Jesús contrapone su
bondad sanadora. Ésta es la verdadera purificación del templo. Jesús no viene como destructor; no viene con la espada del revolucionario. Viene con el don de la curación. Se dedica a quienes son relegados al margen de la propia vida y de la sociedad a causa de su enfermedad. Muestra a Dios como Aquel que ama, y a su poder como la fuerza del amor. 

En total armonía con todo esto, además, aparece el comportamiento de los niños, que repiten la aclamación del Hosanna que los adultos le niegan (cf. Mt 21,15). De estos «pequeños» recibirá siempre la alabanza (cf. Sal 8,3), de los que son capaces de ver con un corazón puro y simple, y que están abiertos a su bondad. 

Así, en estos pequeños episodios se apunta ya al nuevo templo que Él ha venido a edificar. 

jueves, 6 de abril de 2017

Mensaje de la Santísima Virgen María en Medjugorje del 2 de abril de 2017 - RUEDA DE PRENSA POR MONS. H. HOSER, ENVIADO DEL PAPA





Rueda de prensa ofrecida por 
Mons. Henryk Hoser, 
enviado especial del Papa. 
Medjugorje, 5 de abril


FOTOS: www.Mary.tv y Radiopostaja “MIR” Medjugorje

TRADUCCIÓN: Fundación Centro Medjugorje


Tal y como anunció la oficina del Nuncio Apostólico para Bosnia y Herzegovina, el pasado 31 de marzo, el Enviado Especial de la Santa Sede presidió ayer, día 5 de abril de 2017, una rueda de prensa ante los medios acreditados en la Sala San Juan Pablo II de Medjugorje, entre los que había una gran expectación ante tan esperadas declaraciones.


Acompañado por fray Miljenko Steko, provincial de la provincia franciscana de Herzegovina y por fray Marinko Sakota, párroco de la Iglesia de Santiago de Medjugorje, Mons. Henryk Hosser dio comienzo la rueda de prensa precedida por unas palabras introductorias de fray Miljenko:

Estimados representantes de los medios, como bien sabéis, el 11 de Febrero de 2017, la Oficina de Prensa de la Santa Sede comunicó que el Santo Padre Papa Francisco había nombrado como Enviado Especial de la Santa Sede para Medjugorje a su excelencia, Mons. Dr. Henrik Hoser, actual arzobispo de Varsovia-Praga, en Polonia. El propósito de su misión es llegar al conocimiento más profundo posible sobre la situación pastoral de esta realidad y, sobre todo, de las necesidades de los feligreses que van allí en peregrinación y, basándose en esto, sugerir las posibles iniciativas pastorales para el futuro. Por lo tanto, la misión va a tener un carácter pastoral exclusivamente.

Está previsto que Monseñor Hoser -que va a seguir desempeñando su función de Arzobispo en Varsovia-Praga- cumpla su misión hasta finales del verano que viene. (Este fue el comunicado de la Santa Sede). De acuerdo con este anuncio, el Arzobispo ha venido a Medjugorje como Enviado Especial; y como lo han comunicado desde la Nunciatura de Bosnia y Herzegovina, el Arzobispo quería tener un encuentro con ustedes, queridos representantes de los medios, por eso, paso la palabra al Arzobispo que se dirigirá a ustedes y después responderá a algunas  preguntas.

Mons. Henrik Hoser:

¡Señoras y señores, muy buenas tardes!

En principio quiero dar algunas explicaciones y algunas disculpas.

El marco de mi misión lo ha definido el Vaticano, y se trata de un examen de la situación referida a las necesidades de la pastoral y de los peregrinos en Medjugorje. Esta es mi primera visita a Medjugorje y no sabía cómo era la situación aquí, pero sabía que era un lugar donde había peregrinaciones a nivel internacional (Hablo en francés porque durante años era y sigue siendo el idioma diplomático).

De mí, probablemente, estáis esperando oír mis impresiones, y puedo decir que hace algún tiempo Medjugorje no era conocido en el mundo. Era un pequeño lugar perdido entre dos montes. Y eso es lo que significa el nombre de Medjugorje.

Ahora Medjugorje es conocido en todo el mundo, y hay que saber que aquí llegan peregrinos de unos 80 países del mundo. Respecto a la importancia de este lugar de peregrinación, lo podemos comparar con otros, sobre todo si decimos que a Medjugorje vienen al año más de 2 millones y medio de peregrinos. A Lourdes van unos 6 millones, pero Lourdes existe desde hace más de 150 años. Sin embargo, Medjugorje existe desde hace apenas 36 años. Es tiempo de hacer las primeras valoraciones y es importante para el desarrollo futuro de este lugar.

¿Por qué viene tanta gente aquí? Por un lado, seguramente han oído hablar de las apariciones en Medjugorje que ocurrieron por primera vez en 1981. Por otro lado, los que vienen aquí descubren una cosa extraordinaria. La primera cosa es el ambiente, el ambiente de paz, del recogimiento, es el ambiente de la paz interior, de la paz del corazón. Al mismo tiempo descubren el espacio para una espiritualidad muy profunda. Descubren o redescubren en su vida lo que significa algo santo, sagrado. En Medjugorje se encuentran con el tiempo sagrado y con el espacio sagrado. “Sagrado” significa lo que está reservado especialmente para lo Divino, y comúnmente se dice que Medjugorje es un lugar de devoción mariana y eso es verdad. Pero si miramos más profundamente, veremos que la devoción medjugoriana es en su esencia Cristocéntrica, dado que en el centro está la Eucaristía, la transmisión de la Palabra de Dios, la Adoración al Santísimo Sacramento del Altar, donde se descubre la verdadera realidad, la verdadera presencia de Jesucristo en su divinidad y en su humanidad. Algunos descubren el rezo del Rosario, que es una oración meditativa sobre los misterios de nuestra fe. Y finalmente, cuando rezan el Via Crucis, entran en el misterio pascual que es el misterio de la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Este panorama lo concluiría con la santa confesión, el sacramento del perdón, de la reconciliación, la reconciliación personal y personalizada.

Desde el punto de vista religioso, Medjugorje es una tierra muy fértil. A lo largo de los últimos años hemos contado y sumado 610 vocaciones sacerdotales y religiosas inspiradas por Medjugorje. Y la mayoría vienen de Italia, de los Estados Unidos y de Alemania. Todos somos conscientes de la crisis de vocaciones de esos antiguos países, donde la cristiandad existe desde hace más de mil años, entonces vemos que esto es algo nuevo, algo que nos puede impresionar profundamente.

Si nos fijamos en las comuniones repartidas, porque hasta el momento ésa es la única forma de llevar la contabilidad, desde el año 1986 se han repartido más de 37 millones de comuniones, y existe la posibilidad de error porque podemos decir que el número de peregrinos es aún más grande ya que no todos comulgan.

En la evaluación de los acontecimientos de Medjugorje hay que diferenciar tres espacios.

El primer espacio es la Parroquia. La parroquia es la que cuida de los habitantes que viven aquí, que trabajan aquí, es una parroquia antigua, y se nota que la población de la parroquia ha crecido en número de habitantes. Esa parroquia que en el siglo pasado, en los años 30, construyó esa Cruz en el Krizevac es la misma parroquia que aceptó este fenómeno de Medjugorje. En la historia de la parroquia de Medjugorje, se inscribe también lo que llamamos el fenómeno de los videntes.

El segundo espacio son los peregrinos. Como ya había mencionado, unos 2.500.000 al año, y ese número está en crecimiento, y esto es un reto enorme para los sacerdotes que trabajan aquí. Y este fenómeno ha llevado al aumento de la infraestructura que debe responder a las necesidades de los peregrinos. Eso comprende esta sala, la Capilla de Adoración y el gran espacio entorno a la iglesia parroquial… Todo se fue añadiendo con el tiempo según las necesidades de los peregrinos. Por otro lado, vemos el desarrollo del mismo lugar. Cada vez hay más hoteles, pensiones, restaurantes y tiendas, y eso me recuerda a un pequeño Lourdes. Es conocido que precisamente Lourdes es la ciudad con más hoteles en Francia después de París. Quizás ese es el futuro de Medjugorje con respecto a Sarajevo. Es decir, la población va creciendo y también va creciendo la posibilidad de acogida de los peregrinos.

Pero también hay un tercer espacio. En Medjugorje se han instalado Comunidades y Asociaciones Caritativas, y se calcula que son unas 30, algunas como fruto de Medjugorje, con sus raíces aquí, pero también hay comunidades que se fundaron en otros lugares pero que vinieron y se instalaron aquí para vivir ese fenómeno de Medjugorje. Existen algunas que nacieron aquí y que empezaron los franciscanos como la Aldea de la Madre, donde vale la pena visitar ese lugar porque allí se acompaña a la gente en las fases más difíciles: los huérfanos, los jóvenes en dificultades, los adictos a las drogas, al alcohol, los minusválidos… Esa es la expresión del amor activo, que está íntimamente relacionado con la fe como tal. Existe también otra realidad muy importante, la Casa de Retiros Domus Pacis, Casa de Ejercicios Espirituales en silencio. Más de 1.200 grupos han pasado por esta casa en los que participaron más de 42.000 personas. Ese tipo de ejercicios espirituales transforma a la gente por dentro.

Los Retiros también son parte importante de la Parroquia de Medjugorje. Los retiros son anuales, se celebran una vez al año. Como el Retiro para los Sacerdotes que se celebra desde hace 21 años; desde hace 17 años, los Retiros para Matrimonios; desde hace 4 años, los Retiros para Médicos y Personal médico. El año pasado por primera vez se organizó el Retiro Provida. También hay un retiro para Personas con Discapacidades. Todo ello es muestra de la vida cristiana intensa aquí, en Medjugorje, que podría ser el modelo para otros lugares también.

La realidad de los santuarios hoy en día es tan importante en el mundo que el Santo Padre la ha trasladado desde la Congregación para el Clero, a la Congregación para la Nueva Evangelización.

La gente ahí recibe lo que no tienen en casa.

En muchos de nuestros antiguos países cristianos la confesión individual ya no existe. En muchos países no existe la Adoración ante el Santísimo Sacramento. En muchos países ya no se conoce el Vía Crucis, no se reza el Santo Rosario. En Bretaña francesa me han dicho que la última vez que rezaron el Vía Crucis fue hace 30 años. Una sequía así del espacio espiritual y sagrado ¡claro que lleva a la crisis de la fe!. Y aquí la gente viene a la fuente. Aquí sacian su sed, la sed de lo sagrado, la sed de Dios, la sed de la fe, descubren la oración y todo eso pasa con la ayuda de la Bienaventurada Virgen María.

En Medjugorje se pone el acento en el nombre de la Bienaventurada Virgen María, la Reina de la Paz. Hemos de decir que no es nada nuevo, pues por todo el mundo existen las Iglesias consagradas a la Reina de la Paz, pero si lo vemos en el contexto de la vida de hoy, vemos lo que el Papa Francisco ha llamado la Tercera Guerra Mundial. Y la forma más cruel y más destructiva son las guerras civiles. Vosotros que vivís en los Balcanes habéis vivido una guerra civil hace poco. Yo he sobrevivido al genocidio en Ruanda. Lo que veis hoy en Siria… allí se destruye la tierra donde está la presencia cristiana más antigua. Y ahora se usan también armas químicas. Y ese es nuestro paisaje hoy ¡cuántos conflictos políticos hay en cada país!.

Por eso, invocar a la Madre de Dios, María Reina de la Paz, creo que es esencial. El papel específico de Medjugorje en ello es muy importante.

Queridos amigos, vosotros debéis ser los portadores de la buena noticia y podéis decir al mundo entero que en Medjugorje de nuevo se encuentra la luz. Necesitamos esos puntos de luz en el mundo de hoy que se precipita a las tinieblas.

También os recomiendo que os apuntéis en alguno de los retiros aquí, en Medjugorje, y así descubráis algo de lo que ni siquiera podríais soñar.

(Fray Miljenko Steko: Tenemos unas veinte preguntas preparadas, seguramente no podremos responder todas. Creo que sería justo y necesario empezar por un periodista de Polonia)


PREGUNTAS:


1.Lis Danuta (Polonia) – ¿Sería posible que un sacerdote franciscano de Polonia viniera a vivir aquí por más tiempo?  – “El provincial debería pedir a la provincia en Polonia que enviaran a un sacerdote que residiría por más tiempo en Medjugorje”.

2.Sanja Pehar (Radio Mir Medjugorje) – Excelencia, desde la experiencia en todo lo que estos días ha vivido, ¿dónde ve Medjugorje en la nueva evangelización que la Iglesia hoy tanto acentúa? – “Creo que Medjugorje ya está en esa línea directa de la nueva evangelización y los números que he mencionado antes lo demuestran. Y la dinámica creciente del número de los peregrinos muestra que las necesidades también están en crecimiento”.

3.Ivica Djuzel (HRT-TV, Croacia) – En nombre del pueblo croata deseo agradecerle por estas hermosas palabras sobre Medjugorje. No esperábamos un apoyo tan claro. En Internet he encontrado que usted ha hablado la semana pasada con los videntes, ¿qué impresión le han causado? – “Es verdad que el contacto con los videntes era parte de mi misión, pero no un contacto más profundo, eso le concierne a la Comisión Internacional  constituida por la Congregación para la Doctrina de la fe presidida por el Cardenal Ruini. He tenido un contacto muy normal y ordinario con ellos. No olvidemos que ya no son unos jovencitos, pues algunos de ellos ya son abuelos. Hay que notar que ellos están sumergidos en la vida cotidiana ordinaria, la vida de familia, tienen que trabajar por sus hijos, viven una vida normal parecida a la de cualquiera de nosotros. Unos están enfermos, otros luchan por poder ganarse la vida, es una vida normal y ordinaria aunque ellos dicen que tuvieron ese privilegio de las apariciones a diferencia de los demás. No es mi papel pronunciarme sobre la autenticidad de las apariciones porque la Iglesia no se ha manifestado al respecto”.

4.Ivan Ugrin (Slobodna Dalmacija, periódico, Croacia) – Mons. Hoser, es un gran honor para todos nosotros que usted esté aquí con nosotros. Nos ha sorprendido desde el principio porque pensamos que como diplomático solo estaría pasando por aquí y que no nos haría mucho caso. Pero, sin embargo, esta es ya la tercera vez que usted se dirige al público. Y una de las veces claves fue cuando en su homilía habló sobre la confesión como milagro de Medjugorje. En un mensaje la Virgen aquí dijo que Ella había venido aquí para continuar lo que había empezado en Fátima. Este año se cumplen 100 años desde las primeras apariciones en Fátima. El año pasado estuve allí el 13 de octubre. La misa fue presidida por el cardenal Parolin, el secretario del estado del Santo Padre, y podría decir que había unas doscientas o trescientas mil personas. Recorrí todo el santuario y no había visto a nadie confesándose durante esa santa misa. Más tarde me enteré de que los confesionarios estaban debajo de la basílica. Un sacerdote me dijo que eran muy cómodos pero que nadie había ido a confesarse aunque estuviera una hora allí esperando. ¿Podría usted comentar eso? – “Puede leer la historia sobre las apariciones reconocidas. Por ejemplo, la Salette, a mediados del s. XVII, o Rue du Bac en París, Lourdes, Fátima, Banneux en Bélgica, que fue en el año en el que Hitler tomó el poder, no lo olvidéis. Pero también Guadalupe en la América Latina, durante la colonización. En todas las apariciones hay un denominador común que es la llamada de la Bienaventurada Virgen María a la conversión, a abandonar la vida del pecado. Muestran los desafíos de un tiempo determinado. Finalmente, me gustaría terminar con las apariciones en Kibeho. Viví durante 21 años en Ruanda y fui miembro de la comisión médica para las apariciones. Y esas apariciones empezaron un año después de Medjugorje y la Bienaventurada Virgen María ya había mostrado el espectro del genocidio que sucedió doce años después. Y ese fue un aviso. El mensaje es muy parecido al de Medjugorje. La llamada a la conversión y a la paz, y esas apariciones ya son reconocidas por la Iglesia. Diría que, por el contexto histórico y por sus parecidos, son dos lugares hermanos, pues solo hay un año de diferencia. Al principio había muchas dudas sobre si esos videntes eran auténticos, si contaban cuentos, incluso algunos videntes fueron excluidos. Y por eso os pido paciencia, porque cuanto más complejo sea el fenómeno tanto más tiempo se necesita para llegar a conclusiones válidas”.

5.Paolo Brosio (Mediaset Mondadori, Italia) – Mons. Hoser, yo le agradezco por lo que usted dijo sobre este lugar que me ha devuelto la vida. Cuando vi su foto en el monte Podbrdo, debajo de la estatua de la Virgen, rompí a llorar de alegría. He tratado de difundirlo en toda Italia y ya desde las primeras entrevistas he visto lo que usted piensa sobre este lugar bendito. Y ahora le pregunto: se ha filtrado la información en Italia que cuando, después de tres años y medio de trabajo de la Comisión, el cardenal Ruini concluyó que los primeros meses del primer año de las apariciones eran auténticos, ¿qué piensa usted de esa conclusión si es que ha leído el expediente de la Comisión para el estudio sobre Medjugorje? – “No lo he leído, porque no ha sido publicado todavía, pero puedo hablarlo con el cardenal Ruini. Mi misión no era solamente hablar con la gente que trabaja aquí y que son responsables sino también visitar todos los lugares. Y ese es el motivo por el que subí por ese camino nada fácil hasta la estatua de la Bienaventurada Virgen María. El solo hecho de que ahí está esa estatua se merece que todos suban allí. Ahí me encontré con un grupo de peregrinos polacos y les dirigí unas palabras sobre el culto mariano, y por supuesto, los medios ya lo han convertido en el hecho de que yo había llevado a un grupo de peregrinos allí, lo que no es verdad.”

(Fray Miljenko Steko: Yo añadiría aquí que esto ya está en el comunicado de la Santa Sede del año 2014, día 17 de enero, cuando Federico Lombardi, el portavoz de entonces, había dicho que los resultados de la investigación habían sido entregados a la Congregación para la Doctrina de la Fe para su procesamiento posterior. Esa es la última información)  

6.Darko Pavicic (Vecernji list, periódico, Croacia) – Su excelencia, todo este tiempo que ha hablado, usted usaba la palabra “apariciones” y no las “supuestas apariciones”, me gustaría hacerle una pregunta personal: ¿Usted cree que aquí se trata realmente de apariciones? ¿Y qué ha hablado con el obispo de Mostar Ratko Peric que no cree en ellas y las niega? – “Yo me abstengo del juicio personal porque ése no es mi trabajo sino el trabajo de la comisión del cardenal Ruini. Yo hablo de las apariciones porque aquí se habla en esos términos, pero cuando lo digo, lo digo entre comillas, sin embargo, mientras hablo las comillas no se pueden ver. Igual que usted, yo también espero el veredicto final de esta Comisión y del Santo Padre el Papa”.

7.Ivan Pavkovic (Al Jezira, BiH) – Su excelencia, algunos comentarios que usted ha dicho sobre Medjugorje han suscitado mucha emoción, pues en muchos colegas veo que hasta se les han saltado las lágrimas por sus palabras. Dado que estamos acostumbrados a escuchar precisamente de los círculos eclesiásticos diferentes comentarios sobre Medjugorje y usted es el enviado especial del Papa, ¿Qué es lo que el Papa piensa sobre Medjugorje, sobre las apariciones y sobre sus frutos, de los que usted está hablando aquí? – “Uno diría: ¡muy buena pregunta! Yo no sé qué piensa el Papa, no me lo ha dicho nunca. El Papa también tiene que mirar las conclusiones de la Comisión, pero creo que dado el peso que Medjugorje tiene en el contexto de la nueva evangelización, eso seguramente influirá en el juicio definitivo”.

8.Ines Grbic (Laudato TV, Croacia) – ¡Alabados sean Jesús y María! Monseñor, yo también quería agradecerle el calor, la apertura y la sinceridad que brinda no solo a Medjugorje sino a todos los que estamos relacionados con él. Respecto a las declaraciones que usted dio antes de venir a Medjugorje cuando dijo que su misión aquí tendrá que realizarla en condiciones completamente distintas y de forma distinta ¿A qué condiciones y formas se refiere que sean diferentes a las de sus trabajos anteriores? ¿Piensa usted que estas apariciones marianas son significativamente diferentes de las anteriores? Pues antes había mencionado muchas apariciones que tenían unas características en común. ¿Qué es lo que aquí es específicamente diferente para usted? – “Seguramente han notado que aquí sucede algo que tiene un formato y unas dimensiones diferentes a lo que estamos acostumbrados. Antes que nada la duración de lo que llamamos las apariciones de Medjugorje, los 36 años. Los videntes de Medjugorje son lo que llamamos sine fine dicentes, aunque podemos ver, en la biografía de algunos santos, que tuvieron apariciones toda su vida. Otra especificidad es el número de las apariciones, pues algunos han contado hasta 47.000 apariciones individuales. Dado que hay seis videntes que tienen apariciones frecuentes, en 36 años es posible que se llegue a ese número. Además, no son apariciones ligadas al lugar. En Lourdes la Virgen se aparecía siempre en la gruta. En Fátima sobre un árbol, la encina. Aquí, según los videntes, las apariciones siguen a la persona, y hay quien las tiene en casa, en el camino, en la iglesia, etc. Y todas estas son las especificidades que dificultan el proceso para tomar la decisión.

(Fray Miljenko Steko: Pronto empezará el programa vespertino de oración, son las 5 de la tarde, hay muchas preguntas más, pero yo espero y creo que de lo que ya ha dicho el arzobispo podréis sacar y coger aquello que habíais pensado preguntar porque quedan 10 preguntas más a las que el arzobispo en este momento no podrá responder por cuestiones de tiempo. Gracias a todos por haber venido, gracias al arzobispo Hoser por estas palabras y por su esfuerzo de estar aquí con nosotros) 

   

TRADUCCIÓN: Fundación Centro Medjugorje