martes, 12 de diciembre de 2017

Solemnidad de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe

Resultado de imagen de santa maría de guadalupe "No estoy yo aquí que soy tu madre?

¿Por qué el nombre de Guadalupe?

El origen del nombre Guadalupe siempre ha sido motivo de controversias

Por: www.sancta.org | Fuente: www.sancta.org 

"Manifestó su tío ser cierto que entonces le sanó y que la vio del mismo modo en que se aparecía a su sobrino; sabiendo por Ella que le había enviado a México a ver al Obispo. También entonces le dijo la Señora de cuando él fuera a ver al Obispo, le revelara lo que vio y de qué manera milagrosa le había sanado; y que bien le nombraría, así como bien había de nombrarse su bendita imagen, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe". (Nican Mopohua)

¿Por qué habría la Virgen María, apareciéndose a un indio en el recientemente conquistado México y hablándole en su idioma nativo, Náhuatl, querer llamarse "de Guadalupe", un nombre español?

¿Quiso ella en todo caso ser llamada de Guadalupe por la estatua de Nuestra Señora de Guadalupe en Extremadura, España?

En sus apariciones a lo largo de los siglos la Santísima Virgen María se identificó a sí misma con su nombre o uno de sus Títulos, y fue generalmente luego conocida con el nombre del lugar donde ocurrieron las apariciones (Fátima, Lourdes, etc.).

¿Entonces por qué la Virgen, apareciéndose a un indio en el México recién invadido y hablándole en su idioma nativo, hubiera querido ser llamada con el nombre en español de Guadalupe?

¿Estaba Ella quizás refiriéndose a la milagrosa estatua de Nuestra Señora de Guadalupe, la que fue otorgada por el Papa Gregorio el Grande al Arzobispo de Sevilla, que estuvo perdida por 600 años y fue encontrada por Gil Cordero guiado por una aparición de Nuestra Señora? La milagrosa y muy venerada estatua fue nombrada de Guadalupe porque así se llamaba el poblado ubicado cerca al lugar del descubrimiento.

El origen del nombre Guadalupe siempre ha sido motivo de controversias, y muchas posibles explicaciones han sido dadas. Se cree sin embargo como la más acertada que el nombre es el resultado de la traducción del náhuatl al español de las palabras usadas por la Virgen durante su aparición a Juan Bernardino, el tío enfermo de Juan Diego.

Resultado de imagen de virgen santa maria de guadalupeSe cree que Nuestra Señora usó el término azteca (náhuatl) de coatlaxopeuh, el cual es pronunciado "quatlasupe" y suena extremadamente parecido a la palabra en español Guadalupe. Coa significando serpiente, tla el artículo "la", mientras xopeuh significa aplastar. Así Nuestra Señora se debió haber referido a ella misma como "la que aplasta la serpiente."

Debemos recordar que los aztecas ofrecían anualmente más de 20,000 hombres, mujeres y niños como sacrificios humanos a sus dioses, ritos que en muchos casos incluían el canibalismo de los cuerpos de las víctimas. En 1487, debido a la dedicación de un nuevo templo en Tenochtitlán, unos 80,000 cautivos fueron inmolados en sacrificios humanos en una sola ceremonia que duró cuatro días.

Ciertamente en México, con la conversión de millones de los habitantes al cristianismo, Ella aplastó la serpiente.


¡Feliz día, queridísima Madre, 
Santa María de Guadalupe, 
patrona de  México 
y Emperatriz de las Américas!

¡BENDICE AL CONTINENTE AMERICANO 
Y AL MUNDO ENTERO! 

viernes, 8 de diciembre de 2017

8 de diciembre:Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María


SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA


El don más excelso de todo el orden de la creación

Resultado de imagen para María jardin de flores

En María, Dios quiso unir la insuperable dignidad de la maternidad divina con el mayor don de la gracia, el cual restauró la belleza del universo creado e inició la Historia de nuestra Redención

En aquel tiempo, 26 en el mes sexto, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

28 El Ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

29 Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 30 El Ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31 Con-cebirás en tu vientre y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su Reino no tendrá fin”.
34 Y María dijo al Ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”.

35 El Ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36 También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, 37 porque para Dios nada hay imposible”.

38 María contestó: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Y el Ángel se retiró (Lc 1, 26-38).



 I – La visión acertada de las cosas es la de Dios

Contemplar los acontecimientos a partir de una perspectiva divina es difícil para nosotros, criaturas humanas, mientras vivimos en la tierra. Por estar sujetos a las leyes del tiempo, nuestro raciocinio es discursivo, diferente del modo de pensar proprio de Dios, para quien sólo existe el presente. Pero cuando lleguemos a la eternidad y nos encontremos cara a cara con Él, todo será mucho más sencillo, porque nuestra inteligencia se volverá deiforme.

En este mundo, por el contrario, conocemos las cosas por los sentidos y tendemos a considerar como realidad sólo lo que ellos captan, porque pensamos que ése es el medio más eficaz para analizarla. Sin embargo, esa idea no es correcta, porque todo está en Dios, como enseñó San Pablo en el Areópago de Atenas: “en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28). Cada criatura estuvo en Dios desde siempre y al crearla también lo hizo dentro de sí mismo, pues nada existe fuera de Dios. Mientras nosotros vemos las cosas desde el exterior, Dios lo ve todo en sí mismo con absoluta perfección.

Dos modos de ver la realidad

Nada mejor que un ejemplo para ayudarnos a comprender esto. En el pasado, los observatorios astronómicos estaban equipados con grandes y pesadas lentes, también llamadas telescopios refractores. Además de ser de difícil manejo, su fabricación era bastante costosa por la necesidad de lentes apropiadas. Con los avances tecnológicos, esos aparatos fueron siendo sustituidos por otros más sencillos, eficientes y menos costosos, los telescopios reflectores, compuestos sobre todo por espejos en vez de lentes. Con este sistema, el observador no examina directamente los astros con las lentes, sino las imágenes de los cuerpos celestes reflejadas en los espejos. El resultado es un análisis más esmerado y preciso de la bóveda celeste.

Con nosotros sucede algo parecido: cuando nos atenemos a nuestra pobre visión humana, es como si estuviésemos usando una arcaica lente; si intentamos interpretar los hechos en Dios, en Él veríamos todo con mayor claridad y exactitud. He aquí la razón por la cual debemos empeñarnos en discernir las cosas en función de Dios, en vez de concluir por nosotros mismos.

La Historia vista desde la perspectiva divina

Ahora bien, está claro que vemos la Historia de un modo cronológico. Por ejemplo: se dio la creación de los Ángeles, uno de ellos se rebeló, arrastró tras de sí a una tercera parte de los espíritus celestiales y todos ellos fueron arrojados al infierno. Después fueron creados Adán y Eva e introducidos en el Paraíso, donde vivían felices hasta el momento en que, engañados por la serpiente, desobedecieron a Dios, manchando el universo con el pecado. Más tarde el Señor nos redimió. Tal sucesión de acontecimientos es verdadera, pero insuficiente y muy distante de la realidad completa. ¿Y ésta cuál es?

Evidentemente, lo que pasa en el seno de la Santísima Trini-dad es impenetrable para nosotros. ¿Cómo alcanzar la extraordinaria altura del pensamiento divino? Son tres Personas idénticas y, no obstante, se entretienen en una inmensa felicidad. Por más que queramos, nunca podremos formarnos una noción exacta de cómo se dio la idealización del orden del universo con todas las maravillas que lo componen. Sin embargo, nada nos impide meditar a ese respecto. Debido a nuestra naturaleza tenemos la necesidad de imágenes para entender mejor las cosas y, por eso, precisamos casi que “humanizar” a Dios. Imaginemos, pues, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo planeando la creación, durante una conversación entablada desde toda la eternidad. Concebir una cosa que no ha tenido principio, para nosotros ya es algo bastante complicado...



Los fundamentos del universo

Dios tiene en sí —usamos a propósito la palabra “tiene” porque, como hemos dicho, para Él no hay pasado ni futuro— infinitos universos posibles, Ángeles y hombres que no fueron creados, así como infinitas posibilidades de relaciones de los hombres entre sí, de los hombres con los Ángeles, etc. No obstante, elige y crea el mundo en el cual vivimos, ciertamente el mejor para la realización de sus designios, pues siendo Dios la Perfección no podría preferir algo inferior a lo que existe.1 Según nuestro concepto, la formación de ese universo sería semejante al proceso de construcción de un edificio: empezamos por los cimientos, afincados en el seno de la tierra, y sobre ellos alzamos las paredes, para sólo entonces preocuparnos de las partes más nobles. En la mente de Dios, al contrario, los cimientos son el punto más alto y sublime. Por ese motivo, el plan de la creación parte de la criatura princeps, Cristo, y en función de Él todo se construye, como enseña San Pablo en la segunda Lectura de hoy: “Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante Él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos” (Ef 1, 4-5).

Ahora bien, es doctrina común de la Iglesia que en el pro-yecto divino Jesús y la Virgen ocupan el mismo lugar.2 Por tanto, a partir de ambos Dios constituye el universo.

La más sublime de las criaturas

Siendo Jesús la Segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada, Hombre Dios, no tiene personalidad humana, sino divina; es el proprio Hijo, engendrado y no creado, consubstancial con el Padre, aunque haya asumido nuestra naturaleza. María, la Madre de Dios, sólo tiene personalidad humana, pero es la más sublime de las criaturas, la máxima realización en el mundo creado e incluso en el mundo de las criaturas posibles que no llegaron a ser creadas. Desde toda la eternidad fue causa de alegría para las tres Personas Divinas. Podemos imaginar que, al contemplarla, el Padre exclamase: “¡Ella será mi Hija!”; el Hijo dijese: “¡Ella será mi Madre!”; y el Espíritu Santo: “¡Ella será mi Esposa!”. Y, deteniéndose en el amor a Ella, la colmaron de todo cuanto le convenía entre las bellezas de la creación y de los tesoros de la gracia, coronándola con un singularísimo don: la Inmaculada Concepción.

Es importante recordar aquí que ésta, como todas las demás prerrogativas de la Santísima Virgen, fluye de su privilegio esencial, la maternidad divina, insuperable dignidad que la eleva de forma relativa, pero auténtica, al séptimo plan de la creación, o sea, el orden hipostático. Estos presupuestos nos permitirán comprender mejor la Liturgia de esta Solemnidad, la cual nos muestra en la primera Lectura y en el Evangelio, respectivamente, dos pasajes de la Sagrada Escritura alusivos a la Inmaculada Concepción: el célebre versículo del Génesis llamado Protoevangelio (cf. Gen 3, 15) y la salutación del Ángel a la Virgen (cf. Lc 1, 28). Como el texto de San Lucas3 ya ha sido comentado en otras ocasiones, aprovechemos para hilar algunas consideraciones sobre la Inmaculada Concepción a partir del episodio narrado en la primera Lectura (Gen 3, 9-15.20). En el plan de la creación  trazado por Dios, este hecho también estaba incluido como antípoda de Aquella que hoy celebramos.

II – “Pondré enemistad entre ti y la mujer”

El amor es eminentemente comunicativo: si alguien, por amor a Dios, ama a otro, desea darse por entero a quien ama. Así pues, Dios nos ama desde toda la eternidad.

Por eso, además de erigir al hombre como rey de la creación, poniendo a las criaturas bajo su dominio, le concedió toda suerte de dones naturales, preternaturales y sobrenaturales. Adán y Eva, con todo, aceptaron la oferta del demonio —“seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal” (Gen 3, 5)— y probaron el fruto prohibido, sufriendo enseguida las consecuencias de su desobediencia. Al sentirse vacíos —es decir, frustrados, una sensación inevitable derivada del pecado mortal—, intentaron esconderse de Dios. He aquí un error, consecuencia del pecado original, en el cual la humanidad viene incurriendo de generación en generación: huir de Dios cuando se comete una falta. Tal actitud es un verdadero suicidio espiritual. El ejemplo de David, de Santa María Magdalena, de San Agustín y de tantos otros Santos en la Historia, que fueron atendidos superabundantemente cuando, arrepentidos de sus errores, se presentaron ante Dios para pedir perdón, nos muestra qué equivocada fue la reacción de nuestros primeros padres. Dios está en todo momento a nuestra disposi-ción para perdonarnos.

El pecador siempre quiere justificarse

El Creador entonces le preguntó al hombre: “¿Dónde estás?” (Gen 3, 9). Está claro que Dios ya lo sabía... ¡Adán estaba dentro de Él! Pero era un modo de increpar a su conciencia llevándole a reconocer el pecado. Y Adán intentó explicarse: “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo” (Gen 3, 10).

Una vez más el Señor le preguntó, a pesar de que conocía todo lo que estaba sucediendo: “¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?” (Gen 3, 11). Por medio de este diálogo, Dios se adaptaba al modo de raciocinar humano para hacer caer en sí a Adán, porque a esas alturas ya estaba intentando olvidar su culpa. El que comete un pecado mortal —en este caso, en ma-teria de obediencia— tiene la tendencia a crear enseguida una justificación de su acto. Nadie practica el mal por el mal.4 Adán y su mujer pecaron con la ilusión de obtener un bien: ser iguales a Dios. Por eso Adán se excusó: “¡La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí!” (Gen 3, 12). O sea, en vez de pedir perdón, atribuye a Dios la responsabilidad del cri-men, como diciendo: La culpa es tuya y no mía. Creaste a esta mujer, ella me trajo el fruto y comí. Eva, a su vez, tuvo la misma reacción al ser interpelada por Dios: “La serpiente me sedujo y comí” (Gen 3, 13). Cuando uno no asume su proprio error, termi-na por echarle la culpa a otro. 

Las consecuencias del pecado... y el plan de Dios

Terribles son las consecuencias del pecado original para la humanidad. Por haber entrado en la vía de la enemistad con Dios, Adán y Eva perdieron la gracia santificante y, con ella, todos los demás dones sobrenaturales. Y también los dones preternaturales, como, por ejemplo, el de la inmortalidad, el de la integridad —perfecto equilibrio entre las pasiones, la razón y la voluntad— y, en el caso de Adán, la ciencia infusa. Incluso la naturaleza humana se debilitó,5 pues la inteligencia se oscureció y la voluntad quedó con tendencia a elegir el mal. Adán y Eva se volvieron débiles en la lucha contra las tentaciones. Ésta es la herencia que recibimos de ellos, porque somos sus descendientes.

No existía ni una sola criatura humana capaz de saldar esa deuda. Y aunque Dios bien podría haber perdonado el pecado gratuita y libremente, puesto que Él es el ofendido y el juez, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad quiso ofrecer una reparación al Padre, encarnándose para obrar la Redención. Por eso, inmediatamente después de maldecir a la serpiente, usada por el demonio como instrumento de la tentación, Dios declaró: “Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; ésta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gen 3, 15). En estas palabras se encuentra sintetizado el mensaje del Evangelio, porque “con este divino oráculo, fue de antemano designado clara y patentemente el misericordioso Redentor del humano linaje, es decir, el unigénito Hijo de Dios, Cristo Jesús, y designada la Santísima Madre, la Virgen María, y al mismo tiempo brillantemente puestas de relieve las mismísimas enemistades de entrambos contra el diablo. [...] la Santísima Virgen, unida a Él con apretadísimo e indisoluble vínculo, hostigando con Él y por Él eternamente a la venenosa serpiente, y de la misma triunfando en toda la línea, trituró su cabeza con el pie inmaculado”.6

¿Cómo aplastó la Santísima Virgen la cabeza del demonio? Es lo que leemos en el Evangelio. Si Eva, al aceptar la petición de la serpiente, atrajo la maldición sobre el género humano, María, al decir “hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38) —consintiendo en ser utilizada como escenario de la lucha entre el Hijo de Dios y satanás— venció no sólo al pecado, sino también a la muerte.

III – La gloria de la Inmaculada Concepción

Según la expresión repetida por muchos santos, de Maria nunquam satis, de María nunca sabremos lo suficiente.7 Y así como nunca nos sentimos lo suficientemente satisfechos al oír hablar de Ella, tampoco nos contentaremos nunca cuando se trata de glorificarla. Establecida la Solemnidad de la Inmaculada Concepción en el tiempo de Adviento, la Iglesia suspende el carácter de austeridad de este tiempo litúrgico para celebrarlo con gran pompa y alegría. Entre la abundancia de comentarios a que tal conmemoración da lugar, recordemos que este don especialísimo de María es un triunfo del mismo Jesús, pues todo lo que Ella posee se debe al hecho de ser su Madre. Por tal razón, las alabanzas que tributamos a la Madre tienen como causa y término final al Hijo.

Y la maternidad divina fue precisamente uno de los argumentos en los cuales la piedad popular se apoyó para sustentar la Concepción Inmaculada, mucho antes de la proclamación del dogma. Por el proceso natural de la gestación, la Santísima Virgen dio su sangre para la constitución física del Salvador, de modo que la Carne y la Sangre de Jesús son la carne y la sangre de María. Sería absurdo imaginar al Hombre Dios siendo formado a partir de sangre impura, en un claustro materno manchado por el pecado original, porque de una fuente impura no puede brotar lo que es puro. En virtud de la Encarnación del Verbo, María tenía que estar exenta del pecado. Y si defendemos la divinidad de Jesucristo, es forzoso que defendamos también la Inmaculada Concepción de su Madre.

Otro hermoso aspecto de ese privilegio es la gloria que éste significa para la Iglesia, de la cual la Santísima Virgen es Madre. Siendo misión de la Iglesia combatir el pecado, disminuir sus efec-tos y distribuir la gracia a las almas, no puede haber honor más grande para ella que tener una Madre y Reina Inmaculada y llena de gracia. Pero, también con relación a María la Iglesia ejerció la función de santificar con una perfección imposible de ser igualada en cualquier otra criatura: durante los años en que la Santísima Virgen vivió después de la Ascensión de Jesús, orientando y amparando maternalmente a la Iglesia naciente, Ella se benefició del sacramento de la Eucaristía, y cada comunión aumentaba en Ella, en proporciones inmensas, el extraordinario tesoro de gracia recibido en su Concepción Inmaculada.

La proclamación del dogma

Le correspondió al Beato Pío IX —cuyo largo pontificado transcurrió en un período de gran tensión contra la Iglesia— incluir este título mariano entre los dogmas de Fe. El ambiente católico ya se encontraba preparado, sobre todo porque el Santo Padre y varios de sus predecesores desde hacía mucho venían promoviendo la devoción a la Inmaculada Concepción, incluso con prohibición de que se difundiesen tesis contrarias a esta doctrina. Se cuenta que, en cierta ocasión, estando el Papa desterrado en Gaeta, el Cardenal Lambruschini le dijo: “Santo Padre, Su Santidad no cambiará el mundo si no es declarando el dogma de la Inmaculada Concepción”. Poco después de esto, el 2 de febrero de 1849, el Papa lanzó la encíclica Ubi Primum, dirigida a los Patriarcas Primados, Arzobispos y Obispos de la Iglesia Universal, consultándoles sobre esta cuestión.8 Salvo poquísimas excepciones —menos del diez por ciento de un total de más de 600 cartas enviadas—, las respuestas fueron todas favorables. Y cuando volvió a Roma, en 1850, Pío IX convocó a todos los Obispos del mundo para que contribuyesen en el trabajo de la comisión encargada de preparar la bula de definición del dogma.9

Finalmente, el 8 de diciembre de 1854, a las once de la mañana, se reunieron en la Basílica de San Pedro doscientos dignatarios eclesiásticos, entre Cardenales, Arzobispos y Obispos, para la solemne Misa pontifical, durante la cual se llevó a cabo la ceremonia de definición del dogma. Antes del Ofertorio, el Cardenal Macchi, decano del Sacro Colegio, se acercó al trono pontificio donde se encontraba el Papa y, en nombre de la Iglesia, le dirigió la súplica, como prescribía el ceremonial: “Santísi-mo Padre, dignaos levantar vuestra voz apostólica en medio de la celebración del sacrificio incruento comenzado y pronuncie el decreto dogmático de la Inmaculada Concepción, que hará nacer nuevo júbilo en el Cielo y llenará de alegría todo el mundo”. Levantándose, Pío IX ordenó que se entonase el Veni Creator Spiritus, acompañado al unísono por todos los presentes. Concluido el cántico, el pueblo se puso de rodillas y el Papa, en pie, inició la lectura de la Bula Ineffabilis Deus, cuyo auge fueron las siguientes palabras:

“Después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda la corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu Paráclito, e inspirándonoslo Él mismo, para honra de la santa e individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la Fe Católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra:

“Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Je-sucristo, Salvador del género humano”.10

Terminada la proclamación, el cañón del Castillo de Sant’Angelo tronó en salvas y las campanas de la Ciudad Eterna repicaron para festejar el reconocimiento oficial de la Iglesia a esta prerrogativa mariana, la cual hace que el Cielo se regocije, los infiernos tiemblen, llena de consolación a sus hijos en la tierra y de tristeza a sus adversarios. En una palabra, es un dogma que evidencia la enemistad entre el linaje de la Virgen y el de satanás.

Algunas consideraciones sobre la fórmula del dogma

Admirables son la belleza y la precisión de los términos usados en la fórmula dogmática. Por ejemplo, la expresión “en el primer instante de su concepción” indica que María fue exenta del pecado en el momento en que, por así decirlo, Dios pronunció el fiat para su creación y Ella empezó a existir en el tiempo tal como había sido idealizada desde toda la eternidad. Ya las palabras “por singular gracia y privilegio de Dios omni-potente” dejan claro que lo normal hubiera sido que la Santísima Virgen fuese concebida con la mancha del pecado, como cualquier hijo de Adán y Eva; pero como para Dios no hay nada imposible, Él quiso dispensar a su Madre de esa herencia de muerte. Y el argumento teológico fundamental del dogma se expresa así: “fue preservada inmune de toda mancha de culpa original [...] en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano”. Explicando esta doctrina, la teología recurre a una expresiva analogía:

Las dos maneras de redimir a un cautivo. Hay casos en que éste está en la cárcel y mediante el pago de un rescate es puesto en libertad. Sin embargo, hay otros en los que el individuo corre el riesgo de ser encarcelado, y antes que esto ocurra alguien paga el rescate. Llevando nuestra imaginación a aquella eterna conversación de la Santísima Trinidad, podemos suponer que el Hijo se habría dirigido al Padre, diciendo: “Antes que el pecado original toque a mi Madre, le aplico el precio de mi Sangre que será derramada en el Calvario”. Por haber sido objeto de esa Redención preventiva, “María tiene algo en común con todos los hombres, el haber sido rescatada por la Sangre de su Hijo; pero tiene de particular, que esa Sangre ha sido sacada de su casto cuerpo. [...] Tiene en común con nosotros que esa Sangre cae sobre Ella para san-tificarla; pero tiene de particular que Ella es la fuente. De tal modo que podemos decir que la concepción de María es como que el primer origen de la Sangre de Jesús. Aquí es donde este hermoso río comienza a extenderse, este río de gracias que corre en nuestras venas por los Sacramentos y que lleva el espíritu de vida a todo el cuerpo de la Iglesia”.11

Por consiguiente, en la concepción de la Santísima Virgen empezó la Historia de nuestra Redención. La solemnidad de hoy es la fiesta de la liberación de quien era esclavo del demonio y se entrega enteramente a Jesucristo, por las manos de la Santísima Virgen. ¡Somos hijos de María Inmaculada! Y si tenemos aprecio por nuestra madre natural, mucho mayor debe ser nuestro amor por la que es Madre de nuestra vida sobrenatural. Llenos de gratitud, pidámosle a Ella que, así como triunfó sobre el pecado, triunfe en nuestra alma, infundiéndole un rayo de su inmaculabilidad. Y que, purificados de todas nuestras miserias, seamos asistidos por su Divino Esposo y nos transformemos en instrumentos eficaces para la promoción de otro triunfo, por Ella prometido en Fátima y tan deseado por nosotros: el triun-fo de su Sapiencial e Inmaculado Corazón. 



ORACIÓN A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Inmaculada Madre de Dios, Reina de los cielos, Madre de misericordia, abogada y refugio de los pecadores: he aquí que yo, iluminado y movido por las gracias que vuestra maternal benevolencia abundantemente me ha obtenido del Tesoro Divino, propongo poner mi corazón ahora y siempre en vuestras manos para que sea consagrado a Jesús.

A Vos, oh Virgen santísima, lo entrego, en presencia de los nueve coros de los ángeles y de todos los santos; Vos, en mi nombre, consagradlo a Jesús; y por la filial confianza que os tengo, estoy seguro de que haréis ahora y siempre que mi corazón sea enteramente de Jesús, imitando perfectamente a los santos, especialmente a San José, vuestro purísimo esposo. Amén.

San Vicente Pallotti (1)


ORACIÓN

¡Virgen Santísima, que agradaste al Señor y fuiste su Madre; inmaculada en el cuerpo, en el alma, en la fe y en el amor! Por piedad, vuelve benigna los ojos a los fieles que imploran tu poderoso patrocinio. La maligna serpiente, contra quien fue lanzada la primera maldición, sigue combatiendo con furor y tentando a los miserables hijos de Eva. ¡Ea, bendita Madre, nuestra Reina y Abogada, que desde el primer instante de tu concepción quebrantaste la cabeza del enemigo! Acoge las súplicas de los que, unidos a ti en un solo corazón, te pedimos las presentes ante el trono del Altísimo para que no caigamos nunca en las emboscadas que se nos preparan; para que todos lleguemos al puerto de salvación, y, entre tantos peligros, la Iglesia y la sociedad canten de nuevo el himno del rescate, de la victoria y de la paz. Amén.

__________
JACULATORIA

Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, Madre de Dios. Avemaría. 

__________
EJERCICIO PIADOSO A LA INMACULADA VIRGEN

Oh Dios, que por la Inmaculada Virgen, preparasteis digna morada a vuestro Hijo; os suplicamos que, así como a ella la preservasteis de toda mancha en previsión de la muerte del mismo Hijo, nos concedáis también que, por medio de su intercesión, lleguemos a vuestra presencia puros de todo pecado. Por el mismo Jesucristo, nuestro señor. Amén.

1. Bendita sea la santa e inmaculada Concepción de la gloriosa Virgen María, Madre de Dios. Avemaría.

2. Oh María, que entrasteis en el mundo sin mancha de culpa, obtenedme de Dios que pueda yo salir de él sin pecado. Avemaría.

3. Oh Virgen María, que nunca estuvisteis afeada con la mancha del pecado original, ni de ningún pecado actual, os encomiendo y confío la pureza de mi corazón. Avemaría.

4. Por vuestra Inmaculada Concepción, oh María, haced puro mi cuerpo y santa el alma mía. Avemaría.

5. Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos. Avemaría.


1. San Vicente Pallotti (Roma, 1795-1850) fue presbítero y fundador de la Sociedad del Apostolado Católico. El fin de esta sociedad era la de animar a todos los fieles católicos a emprender labores de apostolado entre los no católicos y católicos alejados de la fe. Fue beatificado en 1950 y canonizado por el papa Juan XXIII en 1963.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

El combate espiritual

Efesios 6, 10-18

"10.Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder. 

11.Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo. 

12.Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. 

13.Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. 

14.¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, 15.calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, 

16.embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno. 

17.Tomad, también, el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; 

18.siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos," 


miércoles, 29 de noviembre de 2017

29 de noviembre: Stella Maris (Estrella del Mar): Patrona de los Navegantes -Entrada dedicada a los 44 tripulantes del ARA "San Juan"

Por los 44 Tripulantes del ARA "San Juan"
Resultado de imagen para Virgen María Ara san juan



Nuestra Señora STELLA MARIS (Estrella del Mar) PATRONA de la Armada y Prefectura Naval Argentina. 


Resultado de imagen para stella maris patrona de los marineros

STELLA MARIS PATRONA DE LA ARMADA ARGENTINA

Las primeras imágenes de Nuestra Señora “Stella Maris” debieron llegar al Río de la Plata con los descubridores. No transcurriría mucho tiempo sin que en cada puerto civil o militar hubiese una, a la que acudían los que iban a embarcarse. 

Pero más allá de la devoción a Ella, no comenzaría a difundirse sino mucho después, al iniciarse la actividad pesquera en la costa atlántica.

Resultado de imagen para stella maris patrona de los marineros
Stella Maris (Estrella del Mar)

Como no podía ser menos, teniendo por jefes al Almirante Brown, que jamás descuidaba el rezo del Rosario, y a Juan Bautista Azopardo, que solía orar ante una imagen de María que trajera desde Cádiz. El culto se extendió a los hombres que compusieron las dotaciones de las primeras naves de guerra argentinas, en la lucha por la independencia.

Stella Maris (Estrella del Mar)

POR DECRETO OFICIAL FIRMADO POR EL PRESIDENTE AGUSTÍN P. JUSTO, FECHADO EN BUENOS AIRES EL 18 DE AGOSTO DE 1937, LA VIRGEN MARÍA, BAJO LA ADVOCACIÓN DE “STELLA MARIS” (ESTRELLA DEL MAR), HA SIDO DECLARADA PATRONA DE LA ARMADA ARGENTINA.

En el primer considerando de dicho decreto se expresa que
“La advocación de Nuestra Señora “Stella Maris” tiene singular significado para los hombres de mar, y que su culto es particular y profundamente grato al personal de nuestra Marina de Guerra”.
Si bien su festividad se celebra en la Armada Argentina el 18 de agosto, para los marinos, cada día es bueno para encomendarse a Ella y agradecerle tantas gracias recibidas.

Stella Maris bajo el agua

POESÍA DE LOPE DE VEGA (1562-1635)
Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre Virgen,

Tomando de Gabriel
El Ave, Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana;
Que quien a Jesús llega,
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias.


Stella Maris (Estrella del Mar) - Armada Argentina

Presente siempre en los navegantes cristianos y en los marinos de antaño, la Estrella del Mar y su representación como Stella Maris surgió de estos mismos corazones. Fue así que en 1908 se colocó la piedra fundamental de la capilla en Mar del Plata.

Stella Maris (Estrella del Mar) 

La imagen de Stella Maris se encuentra entronizada en todas las embarcaciones y destinos en tierra de la Armada Argentina, además de la Prefectura y de la Marina Mercante.
Así como los antiguos navegantes miraban el curso de las estrellas para guiarse a buen puerto en medio del mar, también los hombres y mujeres de la Armada viven y trabajan confiando su protección espiritual a la “Estrella del Mar” que los orienta.

                  Prefectura naval Argentina - Stella Maris (Estrella del Mar)

Resultado de imagen para virgen del carmen patrona de los marineros

Nuestra Señora del Carmen (Stella Maris) 
ruega por los cuarenta y cuatro tripulantes 
del submarino ARA "SanJuan", 
para que sean encontrados
sanos y salvos, 
según la Voluntad de Dios.
Resultado de imagen para stella maris estrella del mar
"Porque no hay nada imposible para Dios"

lunes, 27 de noviembre de 2017

27 de noviembre: festividad de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Origen de la Medalla

En 1830, la Santísima Virgen se apareció en París, calle del Bac, número 140, a Santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl.

El mensaje principal de estas apariciones ocurridas el 18 de julio y el 27 de noviembre de dicho año fue presentar al mundo una medalla en la que la Virgen aparece como Inmaculada, Reina, Corredentora y Mediadora de las gracias. La Santísima Virgen en persona presentó Santa Catalina el modelo de esta medalla y le dijo:

Haz acuñar una medalla conforme a este modelo. Todas las personas que la lleven pendiente del cuello recibirán grandes gracias. Sí; las gracias serán abundantes para las personas que la lleven con confianza.



Santa Catalina anotó minuciosamente los detalles del anverso y el reverso y confió el mensaje de la Virgen a su Director, el Padre Aladel, C.M. Este, asegurado de la veracidad de la vidente, permitió que se acuñara el modelo.

Y ASÍ NACIÓ LA MEDALLA DE LA VIRGEN: LA MEDALLA MILAGROSA


Aprobación Eclesiástica

EN JUNIO DE 1832 empezaba la distribución de las primeras medallas en París y provincias de Francia. El Arzobispo de Paris, monseñor De Quelen, recibió la primera medallla y para probar su eficacia la colocó bajo la almohada de un sacerdote apóstata, enfermo de gravedad. A las pocas horas, el sacerdote abjuró de sus errores y pidió confesión. Las gentes empezaron a recibir favores extraordinarios al contacto de esta nueva medalla de la Virgen. Entre las conversiones más ruidosas está la del judío Alfonso Ratisbonne. La demanda de medallas rebasó todos los cálculos.

En los cuatro primeros años, el señor M. Vachette, primer grabador de la medalla, tuvo que cuñar 2.047.238 medallas, a un ritmo de casi 45,000 por mes. EN 1836, monseñor De Quelen, Arzobispo de París nombró un Tribunal Eclesiástico para proceder a una rigurosa investigación canónica de todo lo referente a las apariciones de Santa Catalina y del origen y efectos de la medalla. Después de diecinueve sesiones e infinidad de interrogatorios, el Juez concluyó que:

CONSIDERANDO:

LA RAPIDEZ extraordinaria con que la Medalla se ha propagado según la información oficial suministrada al Tribunal.

EL NUMERO asombroso de medallas acuñadas y distribuidas.

LOS PRODIGIOS clamorosos obtenidos.

LAS GRACIAS especialísimas que los fieles han recibido. . . parecen señales por las que el cielo quiere confirmar la autenticidad de las apariciones y la verdad de su contenido. Y:

 PUEDE APROBARSE LA ACUÑACIÓN Y PROPAGACIÓN DE LA MEDALLA

Monseñor De Quelen en Exhortación Pastoral recomendó a los Fieles de su Archicofradía que llevaran la Medalla y repitieran la jaculatoria grabada en su contorno: Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos



Los Papas y la Medalla Milagrosa

GREGORIO XVI autorizó la acuñación de la medalla para toda la Iglesia. El mismo la colocó sobre su mesa de estudio, al pie del crucifijo y la daba a las muchas personas que le visitaban.

PIO IX aprobó la Archicofradía de la Medalla Milagrosa en la Parroquia de San Ginés de Madrid, en febrero de 1845. Este Pontífice impulsó la propagación de la medalla que siempre consideró como prenuncio del dogma de la Inmaculada Concepción. Pío IX fue quien aprobó que pudiera instituirse en todo el mundo la Asociación de Hijas de María, usando como emblema la Medalla Milagrosa.

LEON XIII es el Pontífice que más privilegios ha otorgado a la medalla. El primero fue conceder 300 días de indulgencias, cuatro veces al día, a cuantos dijeran cuatro veces la invocación: ¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! 

Este Pontífice instituyó en 1894 la fiesta del 27 de noviembre y concedió indulgencia plenaria a todos las fieles que arrepentidos, confesados y habiendo comulgado, visitaran en dicho día cualquier iglesia u oratorio anejo a las casas de los Padres Paúles o de las Hijas de la Caridad.

PIO X facilitó el que todos los fieles puedan pertenecer a la Asociación de la Medalla Milagrosa con sólo recibir la imposición canónica de la medalla y llevaría colgada del cuello, sin necesidad de inscribir sus nombres en registro especial.

Concedió 100 días de Indulgencia * cada vez * se repita la Invocación: ¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! 

BENEDICTO XV enriqueció también con privilegios especiales la Medalla Milagrosa, entre otros, 100 días de indulgencia cada día "sólo" por lievar puesta la Medalla Milagrosa.

PIO XI concedió "in perpetuum" 300 días de indulgencia a todos lost fieles cuantas veces reciten la jaculatoria: ¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

Este Pontífice sentía gran entusiasmo por la estatua de la Milagrosa, en la primera fase de su segunda aparición, sosteniendo el globo terráqueo en sus manos. Y fue él quien la intituló REINA DE LAS MISIONES Y REINA DEL MUNDO.

PIO XII no dudó en canonizar a sor Catalina Labouré. la Vidente de la Virgen e instrumento inmediato para la acuñación de la medalla. Su canonización es la aprobación indirecta, pero irrebatible, de la veracidad y autenticidad de la medalla.

JUAN XXIII fue el gran devoto de la Milagrosa, quien cuando apenas era ayudante de la Congregación de Propaganda Fide supo convencer a todos para que Nuestra Señora del Globo (la Milagrosa en su primera aparición del 27 de noviembre) fuese reconocida y proclamada como Reina de las Misiones.

PABLO VI acaba de enriquecer los cultos a la Virgen Milagrosa otorgando nuevas y múltiples indulgencias a cuantos asistan un día siquiera a los Triduos o Novenarios en su honor o se impongan esta sagrada medalla.




Los Santos modernos se enamoran de la Medalla

SANTA BERNARDITA era Hija de María y llevaba la cinta azul y la Medalla Milagrosa.

SANTA TERESITA desde muy pequeña llamaba a la Milagrosa la Virgen de la sonrisa. Ella le curó de una gravísima enfermedad. Su nombre figura entre las Hijas de María insignes.

EL SANTO CURA DE ARS la veneraba en su parroquia y mandaba a sus penitentes postrarse ante Ella.

SANTA MARIA GORETTI, también Hija de María, llevaba la Medalla Milagrosa cuando prefirió la muerte al pecado.

SANTA MICAELA DE SANTÍSIMO SACRAMENTO se enamoró de la Medalla Milagrosa durante su estancia en París y la llevó toda su vida. Tradujo al español las primeras publicaciones acerca de la medalla.

LOS MÁRTIRES DE UGANDA entraron en la hoguera del martirio con la Medalla Milagrosa
colgando de su cuello.

SAN JUAN BOSCO Y SAN ANTONIO MARIA CLARET profesaron también tierna devoción a esta medalla prodigiosa.

LOS BEATOS JUSTINO DE JACOBOIS y JUAN GABRIEL PERBOYRE fueron los Apóstoles de la Medalla como misloneros de Abisinia y China. respectivamente.

LOS NUEVOS MÁRTIRES DE LA CHINA ROJA la veneran y conservan como talismán, instruidos como están por los Padres Paúles franceses, que tenían en China más de veinte Vicariatos y habían logrado en sus territorios jurisdiccionales casi dos millones de cristianos. 

La Medalla que cubre la tierra


La consigna que la Virgen dio a Santa Catalina y ésta urgió toda su vida, hasta en la misma
agonía, fue que se PROPAGARA, que se distribuyera la medalla:

“HAY QUE PROPAGARLA . . .” fueron las palabras que más repitió durante su vida.

Estos deseos de la Santísima Virgen, expresados por Santa Catalina, han sido durante ciento tres años, “santo y seña” de los Padres Paúles, y las Hijas de la Caridad, a quienes ha confiado principalmente lá Santísima Virgen la propagación de su medalla.

HOY. EN DIA la medalla cubre las tierra. La conocen los malgaches de Madagascar y en la India; en China, Australia, lo mismo que en Inglaterra, Alemania o Polonia tiene altares y se la venera con culto especial.

ESTADOS UNIDOS reparte anualmente alrededor de cinco millones de medallas.

ARGENTINA distribuye un promedio de 500.000.

BRASIL, un millón.

FRANCIA alcanza cifras astronómicas, ya que solamente los peregrinos que visitan la Capilla del Bac, en París, se acercan al millón en estos últimos años.

ESPAÑA, a través de las 1.200 Residencias de Hijas de la Caridad y las 40 de Padres Paúles, distribuye anualmente más de un millón de medallas en Hospitales, Clínicas y Consultorios, iglesias de culto y en las Misiones Populares.

Podemos decir que el una cuarta parte de los españoles conocen y muchos llevan con devoción la medalla que por antonomasia es LA MEDALLA MILAGROSA.


ASOCIACIÓN CENTRAL DE LA INMACULADA DE LA MEDALLA MILAGROSA
ALONSO CANO, 16
teléfono 257 94 54
MADRID - 3
(Con licencia eclesiástica)