martes, 21 de noviembre de 2017

Presentación de la Virgen María en el Templo

Fiesta: 21 de noviembre


La Virgen es presentada en el Templo de Jerusalén por sus padres Joaquín y Ana. 

De la Liturgia de las Horas: En este día, en que se recuerda la dedicación, el año 543, de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo de Jerusalén, celebramos, junto con los cristianos de la Iglesia oriental, la "dedicación" que María hizo de sí misma a Dios, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada.

Los orígenes de esta fiesta hay que buscarlos en una piadosa tradición que surge en el escrito apócrifo llamado el Protoevangelio de Santiago.

Según este documento la Virgen María fue llevada a la edad de tres años por sus padres San Joaquín y Santa Ana. Allí, junto a otras doncellas y piadosas mujeres, fue instruida cuidadosamente respecto la fe de sus padres y sobre los deberes para con Dios.

La memoria de la Presentación de la Santísima Virgen María, tiene una gran importancia, porque en ella se conmemora uno de los “misterios” de la vida de quien fue elegida por Dios como Madre de su Hijo y como Madre de la Iglesia.

En esta Presentación de María se alude también a la presentación de Cristo y de todos nosotros al Padre.

Históricamente, el origen de esta fiesta fue la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva en Jerusalén , en el año 543.

Todo eso se viene conmemorando en Oriente desde el siglo VI, y hasta habla de ello el emperador Miguel Comeno en una Constitución de 1166.

Propagación de la Fiesta
Un gentil hombre francés, canciller en la corte del Rey de Chipre, habiendo sido enviado a Aviñón en 1372, en calidad de embajador ante el Papa Gregorio XI, le contó la magnificencia con que en Grecia celebraban esta fiesta el 21 de noviembre. El Papa entonces la introdujo en Aviñón, y Sixto V la impuso a toda la Iglesia.

María, según la promesa hecha por sus padres, fue llevada al templo a los tres años, en compañía de un gran número de niñas hebreas que llevaban antorchas encendidas, con la participación de las autoridades de Jerusalén y entre el canto de los ángeles.

Para subir al templo había quince gradas, que María caminó sola a pesar de ser tan pequeña.

María, sin saberlo, se preparaba para recibir a Dios
Los apócrifos dicen también que en el templo María se nutría con un alimento especial que le llevaban los ángeles, y que ella no vivía con las otras niñas sino en el “Sancta Sanctorum”, al cual tenía acceso el Sumo Sacerdote sólo una vez al año.

La realidad de la presentación de María debió ser mucho más modesta y al mismo tiempo más gloriosa.

Por medio de este servicio a Dios en el templo, María preparó su cuerpo, y sobre todo su alma, para recibir al Hijo de Dios, viviendo en sí misma la palabra de Cristo: “Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican.

Virgen María, la eterna enamorada de Dios
María era una mujer enamorada de Dios. Era una mujer de oración, que tenía una conversación permanente y una comunión íntima con Dios.

Entendiendo y viviendo la vida de oración de María, lograremos vivir una vida de amor rendido al Plan supremo de Dios en nuestra vida

En esta fiesta de la Presentación de María, hagamos la elección de rendirnos al mismo Señor. Así es como podemos llevar esta fiesta a nuestra vida y continuar participando en el plan de Dios para todo el género humano.


Oración

Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión, participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Reliquias de la Pasión de Jesucristo

¿Dónde están las reliquias de la Pasión?
Riqueza y significado de la conservación de las reliquias de la Pasión


Por: P. Ignacio Acuña Duarte. S.J. | Fuente: Revista Cristiandad 



Desconocidas y poco veneradas

Para un mundo informado sólo por los ojos de la carne, Semana Santa apenas representa un espacio de "reflexión y purificación de la memoria".

Alguno más piadoso, quizás, sólo concentre la mirada en la fiesta de la Resurrección, obviando implícitamente los sufrimientos inenarrables de la Pasión y de la Cruz.

La ciencia, por su parte, se empeña en "desmitificar" la tradición y la fe, confundiendo con fraudes y engaños a los fieles poco instruidos con sensacionalismo barato. La prensa corre con gran parte de la responsabilidad al difundir semejantes sandeces y medias verdades. Con el correr del tiempo, es verdad, muchas de las "impresionantes revelaciones" caen en el olvido o el descrédito, pero en el corazón de las personas queda la sensación de desacralización. Un caso típico ha sido el montaje paracientífico y manipulador del Santo Sudario.

¿Cuántos ilusos aún repiten con tono seguro las irresponsables afirmaciones que la prensa se apresuró a divulgar sobre supuestos descubrimientos de fraude en el Santo Sudario de Turín? Evidentemente ninguno de estos personajes conoce los dictámenes de la ciencia profesional que concluyó certificando la autenticidad de la preciosa reliquia. Valga como referencia la conversión de investigadores tras el proceso de estudio y verificación.

Pero como el escándalo vende, aún queda quien asegure que se trata de una invención medieval realizada por medio de complejos procesos holográficos para producir el efecto 3D cuando en el siglo XIX se mirase el negativo y se ampliaran, por ejemplo, la zona de los ojos y se observase sobre ellos monedas romanas del año 30 según la costumbre local.

De todo eso y mucho más deberemos soportar cada Semana Santa, repetidos ad nauseam por todos los medios de comunicación esmerados en entrevistar desconocidos expertos en negar todo lo afirmado y en afirmar todo lo negado.


Las preciosas reliquias de la Pasión

Un silencio revelador es el que se hace en torno a todas las reliquias que se conservan de la Pasión. ¿Quien se ha enterado de su existencia o ha recibido la sugestión de visitarlas y venerarlas con piadoso amor?

La cristiandad cuenta con decenas de ellas. Todas son testimonios ciertos de la veracidad histórica de los Evangelios y obligan - forzosamente - a darles aceptación. Cosa aparte es la rebelión a la consecuencia que ello implica, esto es, la suprema virtud y verdad que de ellos emana y la necesidad de seguir a Cristo a riesgo de la condenación eterna.

Examinemos, en tanto, el glorioso panorama que nos ofrece la Santa Iglesia, Maestra infalible de la Verdad y depositaria de tan ricos dones.


Las columnas del Templo de Jerusalén

El magnífico templo que había en Jerusalén cuando murió nuestro divino Redentor fue destruido, y según el sagrado vaticinio pronunciado por sus labios sagrados, no quedó piedra sobre piedra. Constantino el grande hizo trasladar doce columnas de este templo destruido, para que se colocaran delante de la Confesión de San Pedro; hoy en día aún se ven ocho debajo de la magnífica cúpula del Vaticano, dos en el altar de San Mauricio, dentro de la capilla del Santísimo, y otra en la cámara inferior de la capilla della Pietá, que según la tradición es en la que estuvo apoyado el divino Jesús cuando de edad de doce años disputó con los doctores de la Ley.


Columnas del velo del templo

El velo del templo de Jerusalén, que se rasgó en dos partes al morir nuestro divino Salvador, era sostenido por dos columnas, las cuales hoy día se conservan en el claustro de la basílica de San Juan de Letrán, en Roma.


Mesa de la Cena

La mesa, en la cual el amabilísimo Jesús celebró la última Cena e instituyó el adorable Sacramento del altar, se conserva y venera en la misma basílica de San Juan de la Cruz.


Plato de la Cena

Se conserva uno en la santa iglesia de Génova


Toallas

De las que sirvieron, tanto para lavarse las manos al Salvador como para enjuagar los pies a sus Discípulos, se conserva una parte notable en la citada basílica de San Juan.


Asiento

Del que, en forma de cama, sirvió a nuestro amable Jesús en la última Cena, se conserva una gran parte en la capilla llamada Sancta Sanctorum, en Roma.


Cáliz 
El precioso cáliz de que se sirvió nuestro divino Redentor al instituir el augustísimo Sacramento del altar, tiene la imponderable dicha de conservarlo la santa y metropolitana Iglesia de Valencia: todos los años se coloca en el Monumento.


Monedas que recibió Judas

Se conservan tres en la catedral de Génova, y una en la basílica de Santa Cruz de Jerusalén, en Roma


Cenáculo

Ocupado hasta mediados del siglo XX por los musulmanes, este lugar, uno de los más santos en la tierra, puede ser visitado bajo las condiciones impuestas por el gobierno que actualmente rige Tierra Santa. Los cristianos pueden visitarlo y ganar las preciosas indulgencias concedidas por los Romanos Pontífices a cuantos orasen en tan santo sitio.


Huerto de Getsemaní

Tanto la gruta en donde oró nuestro divino Redentor, que se conserva en su estado natural, como algunos de los olivos, que se cree son los mismos que existían en tiempo de la Pasión del Señor, están bajo la custodia de los ejemplares hijos del patriarca de Asís, en Jerusalén.


Piedra del torrente del Cedrón

Habiendo prendido al Señor, y llevándolo a la casa de Anás, al pasar por el torrente de Cederrón, la tradición dice que tiraron al Señor al fondo del torrente, dejando impresas las huellas de sus pies, rodillas, manos y cabeza sobre la durísima piedra que aún hoy se muestra a los peregrinos.


Cuerdas con que fue atado el Señor

Un pedazo importante se conserva en España, en la basílica del Escorial, y otro en Italia, en la catedral de Anaghi.


Casa de Anás

En el lugar donde estuvo esta casa hay una iglesia y convento, ocupado por monjas armenias.


Casa de Caifás

En el lugar en que estuvo hay una iglesia, cuidada por los armenios: en ella se ve un calabozo muy reducido, en donde pasó algunas horas nuestro divino Salvador: allí mismo había una columna en la cual estuvo atado, y es la que hoy se venera en Roma, en la iglesia de santa Práxedes. En el altar que hay en el fondo del ábside de esa iglesia se ve la piedra que se puso a la puerta del sepulcro del Salvador.


Lienzo con que vendaron los ojos al Señor

Se venera una parte en la iglesia de San Francisco á Ripa, en Roma.


Pretorio de Pilatos

El lugar en donde estaba hoy día también estuvo ocupado por los musulmanes, pero los fieles ya pueden visitarle y ganar indulgencia plenaria orando allí.


Escala Santa

Se llama así la que estando en el pretorio de Pilatos fue santificada y regada con la sangre de nuestro amable Salvador: tiene veintiocho gradas; se conserva en Roma, en la iglesia que lleva su nombre. Los fieles la suben de rodillas.


Columna de la flagelación

La principal parte se conserva en Jerusalén en la capilla que los Padres Franciscanos tienen en el Santo Sepulcro; pero se veneran partes muy notables en las principales basílicas de Roma, en la basílica del Escorial en España y en la iglesia de San Marcos de Venecia.


Azotes

Se veneran en la catedral de Anagni y en la Iglesia de Santa María in vía lata en Roma.


Corona de Espinas

Se venera en la Santa Capilla de Paris, pero sin espinas que han sido distribuidas por toda la cristiandad: en Roma son cerca de veinte las que reciben veneración pública: las iglesias que tienen más son las de San Marcos y Santa Praxénedes, las cuales conservan tres. En el Vaticano hay dos; en San Juan de Letrán una, etc. En España son muchas las que reciben veneración en diversas iglesias: en el Escorial se veneran once; Barcelona tiene la dicha de venerar varias, y en el célebre santuario de Montserrat se custodian dos.


Clámide

Se conserva parte en las iglesias de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Francisco à Ripa, en Roma


Columna de los improperios

Se conserva en la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén.


Arco del Ecce Homo

Hoy día se ve gran parte de él en la magnífica iglesia que el celoso misionero Alfonso María de Ratisbona levantó en Jerusalén para las monjas de Sión, tras su conversión desde el judaísmo por gracia de Nuestra Señora.


Santa Faz

La tradición común es que fueron tres las imágenes que quedaron en el velo de la Verónica, pero son muchísimas mas las que se veneran en la cristiandad. Las auténticas son: la que se venera en Roma, en la basílica de San Pedro; en España, en la catedral de Jaén, y en Venecia, en la iglesia de San Marcos. Las demás, aunque milagrosas, son tenidas como facsímiles o tocadas al original.


Puerta judiciaria

Aún se ven en Jerusalén restos de esa Puerta, por donde pasó el divino Salvador yendo al Calvario.


Columna de la sentencia

Frente a la puerta judiciaria se ve hoy, guardada por los Padres Franciscanos, la gran columna donde, según la tradición, tuvieron a nuestro divino Salvador mientras hacían los preparativos para crucificarle.


Vestidos de Jesús

La túnica inconsútil se conserva en Argenteuil. Estudiada y contrastada con el Santo Sudario, las heridas coinciden y corroboran los relatos de la Pasión. Se guarda una similar en Tréveris, Alemania. El manto se repartió por la cristiandad, pero se conserva un importante trozo en la catedral de Anagni.


La santa Cruz

Pocas reliquias se han propagado por toda la tierra como la perteneciente al árbol santo en donde murió nuestro Redentor, pero de un modo especial se conservan aún partes insignes en las basílicas de San Pedro y santa Cruz de Jerusalén, en Roma; en la catedral de Anagni se venera también un pedazo muy notable, y en la cual se ve aun uno de los agujeros que se hicieron al crucificar a nuestro divino Salvador.


Clavos

La tradición enseña que fueron tres los que tuvieron suspendido al Salvador del mundo: uno entero se conserva en Santa Cruz de Jerusalén, en Roma; otro en la capilla del Palacio Real de Madrid, y otro se ha distribuido a diversas iglesias de la cristiandad. Además de esos clavos, se veneran otros que también eran de la cruz pues los brazos de la misma estaban clavados y el I.N.R.I. también.


I.N.R.I.

La principal parte se halla en la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén en Roma; en san Juan de Letrán y en San Marcos de la misma ciudad santa se ven pedazos notables.


Esponja

La principal parte se venera en la Santa capilla de París, pero se conservan partes en la basílica del Escorial, en España, y en las de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y Santa María Transtévere, en Roma.


Lienzos que cubrieron al Señor estando en la cruz

Se veneran en San Juan de Letrán y en San Marcos, de la misma ciudad eterna.


La Lanza

Esta, sin la punta, se venera en San Pedro de Roma: la punta, según afirma el Papa Benedicto XIV, desde el tiempo de San Luis se conserva en la Santa capilla de Paris.


Sangre y agua

Es de fe que del costado se nuestro divino Salvador salió sangre y agua : entre las reliquias más insignes que se exponen a la pública veneración en la santa ciudad de Roma, se encuentra parte de la sangre, y agua que salió de su sagrado costado después de muerto, se conserva en la basílica de San Juan de Letrán. En la de San Marcos se expone un velo que se embebió en la misma sangre y agua.


Piedra de la unción

Se venera en Jerusalén, en la iglesia del Santo Sepulcro


Santo Sepulcro

Dios ha querido que permaneciera en Jerusalén, siendo bajo todos los conceptos el sepulcro más glorioso que ha habido y habrá sobre la tierra. Muchas iglesias se glorían de tener pequeñas partes de tan glorioso monumento.


Sudarios y lienzos del Señor en el Santo Sepulcro

Según la costumbre que tenían los hebreos al embalsama, varios eran los sudarios y lienzos que empleaban: así parece deducirse del evangelio de San Juan. En la iglesia de San Juan de Letrán se conserva uno de esos lienzos en que estuvo envuelta la cabeza del Señor en el Sepulcro. En las iglesias de San Marcos, de San Francisco á Ripa y en el Escorial, en España, se veneran partes de otros lienzos; pero los santos sudarios de Turín en Italia, Besancon en Francia y Santo Domingo de la Calzada en España, son los que de modo especial han sido venerados y admirados siendo el de Turín el que la ciencia certificó como autentificable por las notables corroboraciones históricas y prodigiosas cualidades del santo tejido.


Reflexión final

Si la emoción embarga nuestros corazones al contemplar la riqueza y significación de la presencia de tales reliquias, sólo cabe extender nuestro amor y comprensión a un paso más. Y es ineludible.

¡Cuánto daríamos en este momento por ser trasladados - como Daniel al etíope - hasta cualquiera de estas reliquias! ¡Con qué gusto pasaríamos horas de rodillas venerando esos preciosos recuerdos del Salvador, que acaso fueron bendecidos por el roce de su tacto o que contienen parte de su Divina Sangre!

Y olvidamos, a un mismo tiempo, que quizás a pasos de nosotros, no muy lejos, tenemos al mismo Cristo presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. ¡A pocos minutos tenemos al mismo Cristo presente y tan vivo como cuando regó de gracias las preciosas reliquias que comentamos!

Contemplémosle ahora allí, donde le tenemos cerca. Meditemos en lo sólo y abandonado que se encuentra. Nadie peregrina hasta allí, nadie se arrodilla ante su sagrada Presencia. Pocos, muy pocos, parecen tener conciencia cabal de Él.

Vemos a tantos comulgar sin respeto, sin la debida compenetración que tal acto merece ¡Acto envidiado por los mismos ángeles, que no pueden comulgar! Es el mismo Cristo que viene a nosotros. ¡Cuántos comulgan con la mano, tocando con sus manos indignas e impuras el sagrado Cuerpo del Redentor! Duele pensar en semejante irreverencia, que a causa de la extensión y frecuencia ha sido indultada por la Iglesia. Imaginar tan sólo las divinas partículas olvidadas en la mano y llevadas al bolsillo, o caídas al suelo. Tiemblo al pensar en ello, en la tristeza y escándalo de los santos ángeles.

Mártires y santos, los mismos cruzados ofrecieron sus vidas por la conservación de las reliquias y lugares sagrados. Muchos prefirieron morir antes que verlas profanadas. ¿Cómo no querremos nosotros, hermanos en la fe e hijos de la Iglesia como ellos, ya no venerar las reliquias sino adorar a nuestro dulce y amable Salvador presente día y noche en la Sagrada Eucaristía?

sábado, 4 de noviembre de 2017

Santo Rosario meditado para la devoción de los primeros cinco sábados de mes


Hora Santa y rezo del Rosario meditado en reparación y desagravio por los ultrajes cometidos contra el Inmaculado Corazón de María. De modo particular, pediremos la conversión y repararemos por quienes niegan o atentan contra los dogmas marianos.


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         Oración inicial: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).



         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.


MISTERIOS GOZOSOS


        Primer Misterio: La Anunciación del ángel a la Virgen María 

Meditación


       Jesús, Tu Madre Santísima, la Virgen María, fue concebida por la Santísima Trinidad sin mancha de pecado original y por eso su Nombre Primero y más adecuado es “Inmaculada Concepción”, pero como también fue concebida y fue inhabitada por el Espíritu Santo desde el primer instante de su Concepción sin mancha, la Virgen se llama también “Llena de gracia”, de modo que reúne en sí misma la combinación admirable de dos dones jamás hechos a creatura alguna: ser, al mismo tiempo, concebida sin la mancha de la malicia del pecado original y estar inhabitada por el Espíritu Santo. La razón por la cual la Virgen recibió estos dones, fue que Dios Uno y Trino la pensó y la ideó, desde toda la eternidad, para que Ella fuera la Madre de Dios, al concebir en su seno virginal al Verbo de Dios, que habría de encarnarse en la plenitud de los tiempos para redimir al hombre. Puesto que la Virgen debía alojar en su seno al Verbo Eterno del Padre, el Verbo Purísimo de Dios, no podía la Virgen estar contaminada ni siquiera con la más pequeñísima mancha de pecado, y por ese motivo fue concebida como Inmaculada Concepción, para que Ella, Toda Pulcra y transparente, recibiera en su mente, en su Corazón Inmaculado, y en su cuerpo virginal, al Verbo de Dios encarnado. Y fue concebida inhabitada por el Espíritu Santo porque debía alojar al Hijo del Eterno Padre, que junto con el Padre, tanto como Dios que como Hombre, es Emisor del Espíritu Santo, y puesto que debía alojar en su seno purísimo al Emisor del Paráclito, la Virgen debía estar Ella misma inhabitada por el mismo Espíritu Santo, porque el Emisor del Espíritu, el Verbo de Dios, debía encontrar en su seno maternal, al encarnarse, la misma Pureza, el mismo candor y el mismo Amor que poseía en el seno de Dios Padre en la eternidad. Por este misterio de la Madre de Dios, misterio de tu Amor incomprensible e inagotable y por el cual la creaste como Inmaculada Concepción y como Llena de gracia, te damos gracias, oh Jesús Eucaristía, Dios de toda santidad y majestad, y también te pedimos perdón y reparamos por quienes niegan el dogma de la Inmaculada Concepción.      


 Segundo Misterio: La visita de María a su prima Santa Isabel


Meditación


Jesús, la Virgen es llamada “Madre de Dios”, porque te dio a luz a Ti, Hijo eterno del Padre, Persona Segunda de la Santísima Trinidad. La Virgen es Virgen y Madre al mismo tiempo, porque su maternidad no es una maternidad más entre tantas: es la maternidad de la Madre de Dios y la Madre de Dios se convirtió en Madre sin dejar por eso de ser Virgen, porque en la concepción de su Hijo Dios no intervino hombre alguno. Por este motivo, la Virgen, que es Madre de Dios al mismo tiempo, fue Virgen antes del parto y durante el parto y continúa y continuará siendo Virgen por toda la eternidad. No podía, la Madre de Dios, concebir y dar a luz al Hijo de Dios, sin dejar de ser Virgen, porque la Madre de un Dios tan admirablemente puro, majestuoso y excelso, no podía estar contaminada por las impurezas propias del amor humano, sometido a la concupiscencia y a las pasiones. Al dar a luz y convertirse en Madre sin dejar de ser Virgen, María Santísima se comportó de la misma manera a como se comporta un diamante en relación a la luz: el diamante, roca cristalina, atrapa a la luz, la condensa en su interior y sólo después la emite y ésa es la razón de su brillantez; en la Encarnación, la Virgen recibió en su mente, en su Corazón Inmaculado y en su seno virginal, al Verbo de Dios hecho carne, para darle de sus nutrientes y tejerle un cuerpo con su propia carne y sangre, como hace toda madre con su hijo recién concebido, y como su Hijo, Dios encarnado, es la “Luz de Luz”, porque es Dios Hijo que procede del Padre al ser engendrado en su seno, en la eternidad, la Virgen recibe esta Luz divina que es su Hijo Jesús y la aloja en su útero, y la condensa por nueve meses, para luego darla al mundo en el parto milagroso a esta Luz eterna, y puesto que se comporta como un diamante con la luz, la Virgen y Madre de Dios es también llamada “Diamante del cielo”, que emite la Luz divina, Jesucristo, Luz que habría de derrotar definitivamente, de una vez y para siempre, por el Santo Sacrificio de la Cruz, a las tinieblas del pecado, de la ignorancia, de la muerte y del Infierno. Pero la Perpetua Virginidad de María representa para los cristianos, no solo el modelo de la castidad y de la virginidad corporales, necesarios para la vida de la gracia, sino también representa la pureza de la mente, que solo se deja atraer por la Verdad Absoluta del Verbo de Dios encarnado, y rechaza por lo tanto todo error, toda herejía, toda mentira, y toda doctrina gnóstica y pagana, que la aleje de Jesucristo, Verdad y Sabiduría del Padre, y representa también la pureza del corazón, pureza por la cual el alma solo desea amar a Dios Uno y Trino y nada más que a Él, y si algo ama que no sea Él, lo hace en su Amor, por su Amor, para su Amor, y por lo tanto no contamina su corazón con ningún otro Amor que no sea le Amor del Espíritu Santo, y es esto lo que está representado en la Perpetua Virginidad de María. Por este misterio de Tu Madre, que es Madre de Dios y Virgen al mismo tiempo y lo continuará siendo por los siglos sin fin, te damos gracias, oh Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, y también reparamos y pedimos perdón por quienes niegan y combaten el dogma de la Perpetua Virginidad de María, y te pedimos, para ellos y nosotros, una comprensión celestial acerca de este sublime misterio, de modo que podamos contemplarlo y venerarlo en la tierra, y gozar del fruto de su virginidad y maternidad divina en el cielo, Tú mismo, oh Jesús, Dios Hijo encarnado para nuestra salvación. Amén.


Tercer Misterio: El nacimiento de Jesús.


Meditación


Jesús, la Virgen es tu Madre y puesto que Tú eres Dios Eterno por los siglos, la Virgen es “Madre de Dios”, porque Te dio a luz a Ti, en el tiempo, Persona Segunda de la Trinidad. Pero además de ser Madre de Dios, la Virgen es Madre de todos los hombres, porque Tú en la Cruz nos la diste como verdadera Madre celestial, al decirle a Juan: “Hijo, he ahí a tu Madre” (Jn 19, 26) y a nosotros nos hiciste ser hijos de la Virgen al pie de la cruz, cuando le dijiste: “Madre, he ahí a tu hijo”. La Virgen es Madre de todos los hombres nacidos por la gracia a la vida nueva de los hijos de Dios, mediante el bautismo. Al recibir de parte de Jesús este don y este encargo de ser la Madre de todos los hombres, la Virgen nos toma a su cargo y hace con nosotros lo mismo que hizo con su Hijo Jesús: como a niños pequeños recién nacidos, nos toma entre sus brazos, nos cubre con su manto virginal, nos acuna y nos estrecha suavemente, con amor maternal, contra su Inmaculado Corazón, para que escuchemos sus latidos, y para que sus latidos, que laten al ritmo del Amor del Espíritu Santo, nos calman y nos transmiten la paz, en medio del fragoroso estruendo del mundo sin Dios; como a su Hijo Jesús, la Virgen, que es nuestra Madre, nos acompaña a lo largo de la vida, intercediendo por nosotros y concediéndonos todas las gracias necesarias para crecer, como Jesús, “en sabiduría y gracia”, y nos alimenta con Pan y leche: Pan de Vida eterna y la leche de la Sabiduría Divina; durante toda la vida, igual que su hizo con su Hijo Jesús, la Virgen nos acompaña a lo largo del Camino Real de la Cruz, y con su mirada y su amor maternal y celestial, nos ayuda a llevar la cruz hasta la cima del Monte Calvario, para que unidos a la Pasión y Muerte en cruz de Jesús, muramos al hombre viejo, nazcamos a la vida nueva de los hijos de Dios, y viviendo en el amor de Cristo y obrando la misericordia, nos hagamos merecedores de entrar en el Reino de Jesús, e intercede por nosotros, pecadores, en la hora de nuestra muerte, para que Jesús se apiade de nuestras almas y nos conceda la gracia de la eterna salvación, y esto lo hace porque, como toda madre, que desea estar siempre con sus hijos, porque los ama con locura, así también la Virgen, que es nuestra Madre, desea estar con nosotros, para siempre, en la vida eterna, y para eso es que nos ayuda a llevar la cruz de todos los días, siguiendo a su Hijo Jesús. Por este misterio de Tu Madre, que es Virgen y Madre de Dios al mismo tiempo y es también Nuestra Madre amantísima del cielo, te damos gracias, oh Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, y también reparamos y pedimos perdón por quienes niegan y combaten el dogma de la Maternidad Divina de María, y te pedimos, para ellos y nosotros, una comprensión celestial acerca de este sublime misterio, de modo que podamos contemplarlo y venerarlo en la tierra, y gozar del fruto de su virginidad y maternidad divina en el cielo, Tú mismo, oh Jesús, Dios Hijo encarnado para nuestra salvación. Amén.


Cuarto Misterio: Presentación de Jesús en el templo. 


Meditación


La Virgen fue asunta en cuerpo y alma a los cielos, sin pasar por el trance de la muerte, y esto se debe a que su cuerpo y su alma, inmaculados y llenos de gracia, poseían de tal grado el principio de vida divina, la gracia santificante, que no sufrieron la separación, que es lo que ocurre en la muerte. La Virgen no podía morir, y de hecho no murió, sino que fue Asunta a los cielos, y eso se debió a que poseía en tal medida la gracia santificante, que su estado de gracia la condujo, en el instante en que debía morir, de modo inmediato, al estado de gloria. La Virgen pasó del estado de gracia plena en esta vida temporal, al estado de glorificación del cuerpo y del alma en la vida eterna, en el momento preciso en que debía morir, y esto sucedió porque no podía sufrir la muerte, consecuencia del pecado original, Aquella que había concebido en su seno virginal al Dios que es la Vida Increada en sí misma. El hecho de poseer la Virgen, la gracia en un grado que supera infinitamente a ángeles y santos, le permitió vencer a la muerte, consecuencia del pecado, porque la gracia de la que Ella estaba plena y que le había sido concedida en virtud a los méritos de su Hijo en la cruz, es principio vital y de vida divina, y la vida divina de la que hace partícipes la gracia, es infinitamente superior a la muerte. La Asunción de la Virgen, o Dormición, representa entonces el fruto preciosísimo del sacrificio en cruz de Jesús, porque la Virgen venció a la muerte y fue Asunta en cuerpo y alma a los cielos, porque poseía la gracia santificante que su Hijo, Dios eterno, había conseguido para Ella y para toda la humanidad con su sacrificio redentor. La Asunción de la Virgen representa también, junto con la Ascensión de Jesús, el signo de esperanza para los hijos de la Iglesia que peregrinamos en el desierto de la vida, porque así como Ella fue Asunta, así también los hijos de la Iglesia también esperamos, luego de nuestra muerte, ser asuntos en cuerpo y alma a los cielos, para disfrutar el gozo de contemplar cara a cara a Dios Uno y Trino por toda la eternidad. Por este misterio de Tu Madre, que fue Asunta a los cielos en cuerpo y alma, te damos gracias, oh Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, y también reparamos y pedimos perdón por quienes niegan y combaten el dogma de la Asunción de María y te pedimos, para ellos y nosotros, una comprensión celestial acerca de este sublime misterio, de modo que podamos contemplarlo y venerarlo en la tierra y gozar del fruto de su virginidad y maternidad divina en el cielo, Tú mismo, oh Jesús, Dios Hijo encarnado para nuestra salvación. Amén.



 Quinto Misterio: Jesús perdido y hallado en el templo entre los doctores de la ley.


Meditación


La Virgen es Corredentora, porque Ella participó de la Pasión de su Hijo, sufriendo en su alma y en su Corazón Inmaculado todos los dolores que su Hijo padecía en la Pasión y porque Ella, al pie de la cruz, ofreció al Padre a su Hijo crucificado, implorando que acepte su sacrificio por la redención de los hombres. Al participar de su Pasión y al asociarse a su Hijo Jesús a su sacrificio redentor, la Virgen se convirtió, junto con su Jesús,  Redentor de los hombres, en Corredentora, Ella también, de la humanidad. Afirmar y creer en la Corredención de María, no es por lo tanto, detrimento o menosprecio de Jesús; por el contrario, ensalza y exalta a Jesús como Redentor, porque si María nos salva, es porque Jesús es el Salvador. La fe en la Virgen como Corredentora no es, por lo tanto, una mera cuestión devocional: en este misterio se expresa el Amor infinito de Dios, que para salvarnos, no duda en hacerlo a través de una Madre y Virgen; esto quiere decir que Dios nos ama tanto, que para darnos su Amor redentor y salvífico, eligió al amor maternal para unirnos a Él, porque quien tiene a la Virgen por Madre, tiene a su Madre por Salvadora; quien se refugia en el Corazón de su Madre del cielo, no cumple un mero gesto de devoción: al mismo tiempo que ama a su Madre celestial, obtiene la salvación de su alma por medio de su mismo amor maternal, porque la Madre que lo ama, la Virgen, es, además de Madre, Salvadora de la humanidad junto a su Hijo Jesús y esa Madre que refugia a su hijo adoptivo en su Corazón Inmaculado, no dejará de mover cielo y tierra, para salvarlo y conducirlo al cielo. La Virgen es Corredentora además, porque Ella aplastó la cabeza de la Serpiente Antigua, como lo anuncia el Génesis –“Ella te aplastará la cabeza”- y aplasta a la cabeza de la Serpiente, con la fuerza demoledora de la omnipotencia divina, comunicada y participada a Ella por ser la Virgen y Madre de Dios y, por lo mismo, Corredentora de la humanidad. Por este misterio de Tu Madre que, por participar de tu Pasión, por ofrecerte al Padre para la salvación de los hombres y por aplastar la cabeza del Dragón Rojo, la Serpiente Antigua, el Diablo o Satanás, venciéndolo con el poder divino, es Corredentora de la humanidad, te damos gracias, oh Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, y también reparamos y pedimos perdón por quienes niegan y combaten el hecho de que la Virgen sea Corredentora y te pedimos, para ellos y nosotros, una comprensión celestial acerca de este sublime misterio, de modo que podamos contemplarlo y venerarlo en la tierra y gozar del fruto de su virginidad y maternidad divina en el cielo, Tú mismo, oh Jesús, Dios Hijo encarnado para nuestra salvación. Amén.


         Meditación final


         Jesús, debemos ya retirarnos, pero deseamos quedar, sin embargo, ante tu Presencia sacramental, día y noche, y para ello, dejamos nuestros corazones a los pies del sagrario, para que la Virgen, Madre y Maestra de Adoradores Eucarísticos, los custodie y los mantenga libres de las influencias del mundo y de las asechanzas del Príncipe de las tinieblas, y si en algún momento las seducciones del mundo o las trampas del Tentador nos distrajeran de tu Presencia, te pedimos, oh Jesús, que hagas que la Virgen los estreche contra su Inmaculado Corazón, para que sintiendo sus dulces latidos maternales, que a cada latido nos hablan del Amor de Dios, seamos capaces de rechazar todo cuanto nos aparte de Ti, para que así nos encontremos siempre, día y noche, ante tu Presencia sacramental, en el tiempo que nos queda de vida terrena, para luego contemplar tu Santa Faz cara a cara y gozarnos y alegrarnos en Ti, por toda la eternidad. Que la Virgen, que es la Inmaculada Concepción, que es Virgen y Madre de Dios, que es Asunta a los cielos y que es Corredentora, nos conceda esta gracia, por los méritos infinitos de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Amén.

         Oración final: “Dios mío, yo creo, espero, te adoro y te amo. Te pido perdón por los que no creen, ni esperan, ni te adoran, ni te aman” (tres veces).


         “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os adoro profundamente y os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, Presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias, con los cuales Él mismo es continuamente ofendido. Por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y los del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores. Amén”.




viernes, 3 de noviembre de 2017

3 de noviembre: San Martín de Porres


El santo mulato nació en Lima en 1579 de padre español y madre panameña. De caballero y mulata nació el santo. Tardó su padre en reconocerlo pero al final asintió, teniendo de todas formas que partir dejando al pequeño al cuidado de su madre. Son misteriosos los caminos del Señor: no fue sino un santo quien lo confirmó en la fe de sus padres. Fue Santo Toribio Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima y actual patrono del Episcopado Latinoamericano, quien hizo descender el Espíritu sobre su moreno corazón, corazón que el Señor fue haciendo manso y humilde como el de su Madre. Martín aprendió el oficio de barbero y también algo de medicina. El muchacho era inteligente, y fue tal su amor por los hermanos que no tardó en aprender para poderlos servir mejor. Desde niño sentía predilección por los enfermos y los pobres en quienes reconocía sin duda el rostro sufriente de su Señor. A los quince años la gracia recibida y el ardor por vivir más cerca de Dios en servicio completo a sus hermanos humanos lo impulsó a pedir ser admitido como donado en el convento de los dominicos que había en Lima.

Pronto la virtud del moreno dejó de ser un secreto. Su servicio como enfermero se extendía desde sus hermanos dominicos hasta las personas más abandonadas que podía encontrar en la calle. Su humildad fue probada en el dolor de la injuria, incluso de parte de algunos religiosos dominicos. Incomprensión y envidias: camino de contradicciones que fue asemejando al mulato a su Reconciliador. En 1603 le fue concedida la profesión religiosa y pronunció los votos de pobreza, obediencia y castidad. Hombre de gran caridad, unía a su incesante oración las penitencias más duras. Era mucho el amor, eran poco el sueño y la comida, lo sostenía la oración, la infinita misericordia de Dios. Es muy probable que haya conocido a Santa Rosa de Lima. El Señor tiene sus caminos, y los tuvo de dolor y alegría para nuestro mulato. Así nos ama el Señor, como a su Madre.
La virtud del santo, su intensa vida espiritual, sostenían su entrega, pero sin duda alguna, aquello que más recuerda el pueblo de Lima son sus numerosos milagros. A veces se trataba de curaciones instantáneas, en otras bastaba tan sólo su presencia para que el enfermo desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas cerradas. Otros lo vieron en dos lugares distintos a un mismo tiempo. Todos, grandes señores y hombres sencillos, no tardaban en recurrir al socorro del santo mulato: "yo te curo, Dios te sana" decía Martín con grande conciencia del inmenso amor del Señor que ha gustado siempre de tocar el corazón de los hombres con manos humanas.
Enfermero y hortelano herbolario, Fray Martín cultivaba las plantas medicinales que aliviaban a sus enfermos. Su amor humilde y generoso lo abarcaba todo: su amabilidad con los animales era fruto de su inmenso amor por el Creador de todas las cosas. El pueblo de Lima venera hoy su dulce y sencilla imagen, con su escoba en la mano dando de comer, de un mismo plato, a perro, ratón y gato.
Tras una vida de honda respuesta a la gracia de Dios, de intensa y perseverante entrega vividas al calor de la caridad y el sacrificio, ya a los sesenta años de edad, Fray Martín cayó enfermo y supo de inmediato que había llegado la hora de encontrarse con el Señor. El pueblo se conmovió, y mientras en la calle toda Lima lloraba, el mismo virrey fue a verlo a su lecho de muerte para besar la mano de quien decía de sí mismo ser un perro mulato, tal era la veneración que todos le tenían. Poco después, mientras se le rezaba el credo, besando el crucifijo con profunda alegría, el santo partió. Pero esta partida no lo alejó de su pueblo quien esperanzado le reza a diario aguardando su tierna intercesión y agradeciendo sus milagros. Fray Martín de Porres, el mulato "santo de la escoba" fue canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII.

Fuente: http://www.arzobispadodelima.org/santos/smartin/


jueves, 2 de noviembre de 2017

SOLEMNIDAD DE LOS FIELES DIFUNTOS

2 DE NOVIEMBRE




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"Cuando mis manos temblorosas, cuando mis manos
ya no puedan sujetar tu Cruz, 
Jesús mío ten piedad de mí. 
Cuando mi alma comparezca ante ti, 
dígnate acogerme entre tus brazos misericordiosos, ¡oh, Padre!”


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Solemnidad de todos los Santos

Solemnidad de todos los Santos
1ro. de noviembre

La Iglesia nos manda echar en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí con San Juan, a esa turba magna, a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en esas series de 12,000 inscritos en el Libro de la Vida, - con el cual se indica un número incalculable y perfecto, - y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales revestidos de blancas túnicas y con palmas en las manos, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla. Cristo, la Virgen, los nueve coros de ángeles, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos vestidos, y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo, integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo. Entre esos millones de Justos a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos. Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto. 

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día, ya que por desgracia son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos, y de amontonar muchos tesoros en el cielo. Alegrémonos, pues, en el Señor, y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos, llamemos a voces a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Muy necios seríamos si pretendiéramos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.

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Los Santos

La Sagrada Biblia llama "Santo" a aquello que está consagrado a Dios. La Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a tratar de que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.



Hay unos que han sido "canonizados", o sea declarados oficialmente santos por el Sumo Pontífice, porque por su intercesión se han conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación e interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha llegado a la conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico.

Para ser declarado "Santo" por la Iglesia Católica se necesita toda una serie de trámites rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue ejemplar, se le declara "Siervo de Dios". Si por detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, se le declara "Venerable". Más tarde, si por su intercesión se consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es declarado "Beato". Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara "santo".

Para algunos santos este procedimiento de su canonización ha sido rapidísimo, como por ejemplo para San Francisco de Asís y San Antonio, que sólo duró 2 años. Poquísimos otros han sido declarados santos seis años después de su muerte, o a los 15 o 20 años. Para la inmensa mayoría, los trámites para su beatificación y canonización duran 30, 40,50 y hasta cien años o más. Después de 20 o 30 años de averiguaciones, la mayor o menor rapidez para la beatificación o canonización, depende de que obtenga más o menos pronto los milagros requeridos.

Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy.

La Santa Biblia afirma que al Cordero de Dios lo sigue una multitud incontable.

En el cielo están San Chofer de bus y Santa Lavandera de ropa. San Mensajero y Santa Secretaria. Santa Madre de familia y San Gerente de Empresa. San Obrero de construcción y San Agricultor. San Colegial y Santa Estudiante. Santa Viuda, Santa Solterona, Santa Niña y Santa Anciana. San Sacerdote, San Obispo, San Pontífice, San Limosnero, San Celador, Santa Cocinera, San Arrendatario y San Millonario, y muchos más que amaron a Dios y cumplieron sus deberes de cada día.

Señor Jesús: que cada uno de nosotros logremos formar también parte un día en el cielo para siempre del número de tus santos, de los que te alabaremos y te amaremos por los siglos de los siglos. Amén.



Esta es la voluntad de Dios: Que lleguemos a la santidad.