domingo, 17 de septiembre de 2017

Sueños y enseñanzas de San Juan Bosco (Parte IV) La Fe



DON BOSCO HACE UN DESAFÍO A LAS NUBES, Y SE PONE A TEMBLAR

Lo invitaron a predicar al pueblo de Monte magno, donde desde hacía tres meses no caía una gota de agua, y la gente estaba pasando por una situación de pobreza, de hambre y de sequía desesperante. Habían hecho varias rogativas y el cielo no daba ni la mínima señal de próximas lluvias. Los sermones que San Juan Bosco debía predicar eran nueve. Tres cada día.

Y en el primer sermón, con la iglesia totalmente colmada de gente, el Santo dijo con poderosa voz : “Si asistís a la predicación de estos tres días, si os reconciliáis con Dios haciendo una buena confesión, si os preparáis de tal manera que el próximo 15 de agosto, Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, todos comulguéis, YO OS PROMETO EN NOMBRE DE NUESTRA SEÑORA UNA LLUVIA ABUNDANTE QUE VENDRÁ A REFRESCAR VUESTROS CAMPOS.

Al terminar el sermón, los demás sacerdotes le decían: “Se necesita mucho valor para prometer lluvias para dentro de tres días, en medio de este verano tan espantoso en que estamos”.

-¿Pero si yo no he dicho esto? – respondió el santo.
“-Sí, sí, le contestaron todos. Así lo dijo.
Y llamando a unos campesinos les preguntaron: -¿Qué les dijo Don Bosco en su sermón? 
- Pues nos dijo que si veníamos a los sermones y comulgamos, él nos promete en nombre de la Virgen María que nos llegará una provechosa lluvia.

La gente tomó totalmente en serio la promesa. Todos asistieron a los sermones. Todos, todos se confesaron. No bastaban los varios sacerdotes para confesar a tanta gente. Día y noche estaban confesando.

Y Don Bosco seguía predicando, mientras la gente pensaba y se preguntaba:
-¿Y la lluvia, si vendrá?

-Alejaos de vuestros pecados y la lluvia vendrá- respondía el santo.

Llegó el día de la Asunción de la Virgen. La comunión fue tan numerosa como nunca se había visto en aquel pueblo (años después todavía los sacerdotes comentaban que nunca más habían tenido que confesar ni repartir comunión a tanta gente como en aquella ocasión). Pero llegó el mediodía y ni rastro de lluvias. El sol brillaba más fuerte que nunca.

Don Bosco se levantó antes que los demás del almuerzo. Estaba preocupado. La gente había hecho todo lo que él les había aconsejado. ¿Y ahora, la lluvia? Apoyado en una ventana miraba hacia el horizonte y parecía interrogar al cielo. Pero la respuesta era negativa. El calor era sofocante.

Suenan las campanas para el último sermón.

Son las tres de la tarde. La gente suda a chorros. Don Bosco se dirige a la iglesia. El Marqués Fossati le dice: “-Don Bosco: esta vez sí va a quedar muy mal con sus promesas. Nos prometió lluvias y mire como suda la gente con este solazo”.

Don Bosco manda al sacristán: “asómese a la altura cercana y mire si hay esperanzas de lluvia".

El sacristán regresa: 
-Nada! Cielo despejadísimo. Sólo una nubecita muy pequeña en la lejanía.

-Bien, bien- responde el Santo, y sube a predicar. Mientras va al sitio de la predicación dice interiormente a la Santísima Virgen: “Señora: no es mi buena fama lo que está en juego en este momento. Es tu buen nombre. Tú verás si me haces quedar mal. Esta pobre gente ha hecho todo lo posible por agradarte. Tú verás si los dejas partir desilusionados".

Empezó su sermón haciendo que todo el pueblo cantara el Himno de acción de gracias compuesto por la misma Santísima Virgen: “El Señor hizo en Mí maravillas, ¡gloria al Señor”!

Un gentío inmenso le escucha, con los ojos fijos en él. 

Todos rezan: “Acordaos oh Madre Santa -que jamás se oyó decir- que alguno haya implorado- sin tu auxilio recibir…“y empieza a hablar de las maravillas del poder de la Madre de Dios.

Han pasado cinco minutos de sermón. El sol empieza a oscurecerse. Un retumbar inmenso se oye en el firmamento: un trueno poderoso, otro y otro. En el tejado de la Iglesia se escuchan caer gruesas goteras. Un murmullo de alegría recorre todo el templo. Don Bosco se calla por un momento. Un gran aguacero se siente caer. Los ventanales de la Iglesia retumban ante las ondas de viento cargadas de refrescante lluvia.

Don Bosco sigue su sermón: un “Gracias” a la Madre de Cielo. Está emocionado. Tiene que secar con el pañuelo las lágrimas de gratitud que brotan de sus ojos. Y muchos de aquellos rudos campesinos, sienten aflojar también ante sus ojos calurosos lágrimas de acción de gracias.

El santo agradecido termina recordando a todos la famosa frase que más tarde hará grabar sobre las campanas de la Iglesia de María Auxiliadora: 

“CUANDO MARÍA RUEGA: TODO SE OBTIENE. NADA SE NIEGA”.

sábado, 16 de septiembre de 2017

EL GRAN SIGNO

"El viento es mi signo"


En una de las apariciones de 1983 la Virgen María dice a los Videntes: 
-"El signo vendrá. Vosotros no debéis preocuparos. La única cosa que os querría decir es ¡convertíos! Haced saber esto tan aprisa como sea posible a todos mis hijos. Ninguna pena, ningún sufrimiento me es demasiado para salvaros. Yo rogaré a mi Hijo para que no castigue al mundo, pero os lo suplico, ¡convertíos! No os podéis imaginar lo que pasará ni lo que el Padre Eterno enviará a la tierra. Renunciad a todo, haced penitencia. Expresad mi agradecimiento a todos los que han rogado y ayunado. Yo llevo todo esto a mi divino Hijo para conseguir que suavice su justicia contra los pecados de la humanidad." 

4 de Abril de 1983. Lunes de Pascua:  Locuciones interiores recibidas por Jelena: 
-"Daos prisa en convertiros. No esperéis al gran signo. Para los incrédulos será demasiado tarde. Para vosotros que tenéis fe, este tiempo de ahora constituye una gran oportunidad para convertiros y profundizar vuestra fe". 

16 de Junio de 1983:
"He venido a decir al mundo: Dios existe". 

"El viento es mi signo"  
15 de Febrero de 1984. Miércoles: 
Hace un tiempo muy frío y un viento glacial. La Virgen María les dice:
-"El viento es mi signo. Vendré en el viento. Cuando sopla el viento, sabed que estoy con vosotros. Habéis aprendido que la Cruz representa a Cristo, es su signo. Es el caso del crucifijo que tenéis en vuestra casa. Respecto a mí no es igual. Cuando hace frío, venís a la iglesia, queréis ofrecerlo todo a Dios. Entonces yo estoy con vosotros. Estoy con vosotros en el viento. No tengáis miedo". 

5 de Agosto de 1984. Aniversario del nacimiento de la Virgen María hace 2.000 años. Respuesta de la Virgen María a dos preguntas del P. Tomislav Vlasic: 
-¿Has venido para purificar los nuevos movimientos espirituales que se multiplican? 
-"Exactamente" - responde. 
-¿Qué dice la Virgen del método de las meditaciones orientales (zen, meditación trascendental, etc.)?
 -"¿Por qué las llaman "meditaciones", cuando se trata de obras puramente humanas? La verdadera meditación es un encuentro con Jesús el Salvador: en Él encontrarán la alegría y la paz. Debéis saber que no hay más que un Dios y un único mediador, Jesucristo". 

24 de Abril de 1984. Martes: 
-"Os diré otra cosa: si gastáis vuestro tiempo por Dios, Dios gastará tiempo por vosotros, por vuestros hijos. Y muchos problemas desaparecerán. Si rezáis, no vendréis a pedir gracias, sino que las gracias vendrán a vuestra casa. Si reducís la plegaria a un mínimo, recibiréis un mínimo: según vuestra medida os será dado".

 30 de Mayo de 1984. Miércoles: A Jelena: 
-"Los sacerdotes tendrían que visitar las familias, particularmente las que ya no practican y que han olvidado a Dios. Los sacerdotes deberían llevar el Evangelio de Jesús al pueblo y enseñarle la manera de rezar. Y los sacerdotes deberían ellos mismos rezar más y también ayunar; tendrían que dar a los pobres aquello de que no tienen necesidad". 

20 de Febrero de 1985. Miércoles de ceniza. 
-"Os doy un consejo: deseo que intentéis vencer cada día un defecto. Si vuestro defecto consiste en enfadaros por todo, intentad un día enfadaros menos. Si vuestro defecto consiste en no poder obedecer, o si no podéis soportar a los que os desagradan, intentad un día hablar con ellos. Si vuestro defecto consiste en no poder soportar a una persona orgullosa, debéis intentar acercaros a ella. Si deseáis que sea humilde, sed vosotros también humildes. Mostrad que la humildad vale más que el orgullo. Así, intentad cada día dejar atrás o rechazar un vicio de vuestro corazón. Buscad cuales son los vicios que debéis rechazar. Durante esta cuaresma, debéis intentar y desear verdaderamente que transcurra en el amor. Esforzaros tanto como os sea posible". 

25 de Octubre de 1985. Jueves. La Virgen María se hace visible a Mirjana, en una aparición especial. Lo cuenta así: 
-Me ha saludado: "Alabado sea Jesús". 
Después ha hablado de los no creyentes: 
-"Son mis hijos. Sufro a causa de ellos. No saben lo que les espera. Hay que rogar más por ellos". 
-Nosotros hemos rogado con ella por los débiles, los desgraciados, los abandonados. Después de la plegaria nos ha bendecido, y me ha mostrado, como en una película, la realización del primer secreto. La tierra estaba desolada... 
-"Es la conmoción de una región del mundo", dijo. 
-He llorado. Y he preguntado: ¿Por qué tan pronto? 
-"En el mundo hay demasiados pecados".
-¿Cómo puede tener Dios el corazón tan duro? 
-"Dios no tiene el corazón duro. Mira a tu alrededor y verás lo que hacen los hombres, entonces ya no dirás que Dios tiene el corazón duro... Muy poca gente va a la Casa de Dios con respeto, una fé solida y de conversión. Este es un tiempo de gracia y de conversión. Hay que utilizarlo bien".

La Virgen María dice a Mirjana: 
-"Rogad mucho por el Padre Pero, a quien yo envío una bendición especial" (El Padre Pero (Petar) Ljubicic fue elegido por Mirjana para que revele al mundo las tres primeras advertencias, tres días antes del acontecimiento). 

7 de Diciembre de 1985. Sábado. La Virgen da este toque: 
-"No vayáis en busca de caminos extraordinarios; coged más bien el Evangelio y leedlo: allá todo está claro". 

17 de Abril de 1986. Jueves. A Marija para la Parroquia. 
-"Os acaparan las cosas materiales. Y así perdéis lo que Dios os quiere dar. Rogad, pues, amados hijos, por los dones del Espiritu Santo; os son necesarios... Confiaos a mí. No os preocupeis tanto por las cosas materiales". 

25 de Febrero de 1987. Jueves. Mensaje mensual a Marija: 
-"Amados hijos, hoy quiero llamaros otra vez a la oración y al abandono total en Dios... Amados hijos, Satanás es muy fuerte. Por eso os pido que me ofrezcáis vuestras plegarias por la salvación de los que están bajo su influencia. Dad testimonio con vuestra vida y ofreced vuestras vidas en sacrificio por la salvación del mundo... Por eso, amados hijos, no tengáis miedo. Si rogáis, Satanás no os puede hacer daño, ya que vosotros sois los hijos de Dios y Dios vela por vosotros. Llevad el Rosario siempre en la mano. Para Satanás será una señal de que me pertenecéis". 

25 de Marzo de 1987. Viernes: 
-"Hijitos, no olvidéis que vuestra vida es pasajera como las flores primaverales, que hoy son maravillosas, pero que mañana ya nadie piensa en ellas. Por eso, rogad, para que vuestra oración y vuestro abandono a Dios sean como un guía en vuestro camino. Así vuestro testimonio tendrá un valor, no solamente para vosotros los de esta época, sino para toda la eternidad" 

11 de Abril de 1987. Lunes. 
Marija escribe: -"La Virgen María me introduce en el misterio del amor y del sufrimiento que constituye el fundamento de la comunidad. Debo escribirlo y podré hacerlo público cuando la Virgen María me lo diga (...). El programa de la comunidad se fundamenta en los mensajes, sobre todo en el del 25 de febrero". 

25 de Abril de 1987. Lunes. A Marija 
-"Es necesario que comprendáis que la iglesia es el palacio de Dios, el lugar donde os reúno y quiero mostraros el camino que lleva a Dios. Venid aquí y rogad, no miréis a los demás. No les respondáis malévolamente, sino que vuestra vida sea un testimonio de quien sigue el camino de la santidad. Las iglesias son dignas de respeto, están santificadas, ya que el Dios hecho hombre habita en ellas día y noche". 

25 de Noviembre de 1987: 
-"Ruego por vosotros a Dios y pido que os sepáis abandonar a Él". 

9 de Noviembre de 1989: Este día cae el muro de Berlín
La Gospa se hace presente en Alemania. Se aparece a Vicka, que se halla en Munich, y a Ivan en Frankfurt. 1989: 
Jelena preguntó a la Virgen María, durante un diálogo interior, con su inocencia de niña: 
-¿Por qué eres tan bonita?tan bonita? 
La respuesta fue:
-"Soy tan bonita porque amo. Si queréis ser hermosos, entonces amad". 

Jelena explica: "Alguna cosa me decía que aquella vez tendría una visión triste; por lo cual, rogué a la Gospa que no se apareciese aquella tarde, porque no quería estar triste. Pero ella contestó: 
-"Tu debes ver las miserias de este mundo. Ven, te las mostraré. Contemplemos Africa". 
Y me mostró gente que construía casas de arcilla. Los muchachos transportaban paja. Después vi una madre con su niño: lloraba. Se levantó y fue a otra casa a pedir que le diesen alguna cosa de comer, porque su niño se moría de hambre: le respondieron que ya habían gastado incluso la poca agua que les había quedado. Cuando la madre volvió junto a su hijito, lloraba, y el niño le preguntó:e preguntó: 
-Mamá, ¿por qué nosotros tenemos hambre? 
La madre solamente lloraba, y el niño murió.
Después se me apareció otra casa, en la que otra mujer, también de piel oscura, veía que no tenía nada para comer. Los niños se habían comido las últimas migajas, y no quedaba nada. Y todos -había muchos delante de la casa- decían:
-¿Hay alguien que nos quiera, hay alguien que nos dé un poco de pan? 
La madre del niño que había muerto se preguntaba si había alguien que la quisiese. 
Después, la Gospa me dijo que me mostraría Asia. Allá había guerra. Vi grandes ruinas y allí cerca un hombre que mataba a otro. Era terrible. Disparaban entre sí, y los hombres gritaban de miedo. 
Después vi América. Allá me fueron mostrados un muchacho y una muchacha muy jóvenes. Fumaban, y la Gospa me explicó que era droga; me mostró también a algunos que se la inyectaban. Sentí un gran dolor en la cabeza cuando vi a un hermano que apuñalaba a otro en el corazón. La víctima era un soldado. 
Al final vi a algunas personas que rezaban y eran felices, y quedé un poco consolada. ¡Entonces la Gospa los bendijo a todos! 
Jelena afirmaría (dieciocho años, gentil y bonita, según la describen): 
-"Estoy convencida de que el Bien vencerá. Para esto ruego, para esto vivo; ésta es mi esperanza". 
Mirjana, otra vidente, diría: 
-Antes yo no sabía que existieran cosas de este género: apariciones de María. No había oído hablar nunca de Lourdes, Fátima y otros casos similares. El día de la primera aparición, pensé: ¡Pero estas cosas no existen! "Ahora veo de una manera diferente la peligrosa situación del mundo: especialmente me dan pena los jóvenes. Creo que muchos de ellos no han tenido nunca la ocasión de conocer a Dios. Quisiera transmitir a los jóvenes una petición de la Gospa: 
-"Si no logran creer en Dios, que pasen al menos 5 minutos al día en el silencio y en la meditación, y reflexionen sobre este Dios que ellos dicen que no existe".

Yo ruego siempre por ellos; me dan pena, porque son jóvenes como yo, y piensan que es una vergüenza creer en Dios. Para mí, personalmente, la fe es una realidad purísima y bellísima.

A Jakov, la Gospa le ha hablado acerca del futuro de la Iglesia y del mundo: 
Debemos pues estar prontos a regalar el tiempo a quien nos necesite; ayudar y llevar el gozo a los demás. los demás. Si alguien dice: ¿De dónde saco tiempo para rezar? Cualquier buen fumador encuentra tiempo para fumar veinte, treinta o cuarenta cigarrillos durante el día (ni que decir de la televisión o el bar). Si nosotros no encontramos tiempo para la plegaria, vale más que digamos sinceramente: "No veo el valor de la oración". Nos es más fácil trabajar que rezar. Y nosotros buscamos hacer lo que nos es más fácil. 

La Virgen María dice que son muchas nuestras peticiones y pocas nuestras respuestas. Deberíamos decir a Dios: "Señor, ¿qué queréis que haga por vos? Y no: "concededme esto" y "dadme aquéllo". 
Seguid el Reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura... Para Dios el tiempo no cuenta: todo es "presente" para Él: el pasado y el futuro.

Sueños y enseñanzas de San Juan Bosco (Parte III) - Las ofrendas a la Virgen



Las ofrendas a la Virgen y su significado 

El 30 de mayo de 1865 contó Don Bosco el siguiente sueño: 

“Contemplé un gran altar dedicado a la Virgen y muy hermosamente adornado. Vía a todos mis discípulos avanzando en procesión hacia él. Cantaban una canción a la Virgen, pero no todos del mismo modo. Unos cantaban con exactitud y muy afinados y con hermosa voz.

Otros cantaban con voz ronca y desentonados y fuera de tiempo. Había algunos que estaban callados sin cantar. Y varios se salían de la procesión y se iban a otros sitios, y varios bostezaban aburridos y sin fervor. No faltaban quienes ponían zancadillas a los otros y se reían burlonamente.

Todos llevaban regalos para ofrecérselos a la Virgen Santísima. Cada uno tenía en sus manos un ramo de flores, unos más grandes, otros más pequeños. Unos llevaban rosas, otros claveles, otros violetas.

Pero algunos llevaban regalos muy raros: por ejemplo, uno llevaba una cabeza de cerdo. Otro un gato. Alguien llevaba un plato lleno de sapos, otro un conejo y alguno llevaba un corderito.

Junto al altar de la Virgen había un hermoso joven con alas, probablemente es el ángel que protege nuestra obra, y este joven iba recibiendo la ofrenda que cada uno llevaba.

A los que presentaron hermosos ramos de flores les recibió con gusto su ofrenda y la colocó junto a los pies de Nuestra Señora. A otros, al notar que en su ramo de flores traían algunas ya marchitas, desató el ramillete y sacó las marchitas y las echó a la basura, y las demás las colocó junto al altar.

A algunos no les recibió las flores que presentaban porque eran flores sin perfume, y la Virgen quiere realidades y no solo apariencias. Los ramilletes de flores de algunos tenían espinas y clavos entre las flores. En ángel quitó las espinas y clavos antes de colocar las flores junto a la Reina del Cielo.

Cuando llegó el que llevaba un cerdo, el ángel le dijo: – ¿Cómo te atreves a presentar ese regalo? ¿No sabes que el cerdo representa los pecados de impureza y que María es la más pura de todas las criaturas? Retírate y no presentes esa ofrenda.

Llegaron los que llevaban un gato y el ángel les dijo: – ¡Retírense! ¿No saben que el gato representa a los que roban? Eso significa que se dedican a quitar cosas, dineros, libros, alimentos, etc., y que malgastan el dinero que sus padres pagan por ellos, porque no estudian, y destrozan sus vestidos sin importarles lo que cuestan. Y los hizo apartarse a un lado.

Llegaron luego los que llevaban platos con sapos y el ángel les respondió: – Los sapos representan a los que dan escándalos y malos ejemplos a los demás. La Virgen Santísima no recibe esas ofrendas.- Y se retiraron avergonzados.

Luego avanzaron unos con un puñal clavado en el corazón. Significan los que reciben sacramentos estando en pecado mortal. El ángel les dijo: – ¿No se dan cuenta de que llevan la muerte en el alma? (“Tienen nombre de vivos pero están muertos”, dice el Apocalipsis). ¡Por favor: que les quiten ese cuchillo del corazón! Y éstos fueron también colocados aparte y lejos del grupo.

Enseguida llegaron los demás que llevaban conejos, corderos, pescado, uvas y nueces. El ángel recibió todo y lo puso junto al altar y después de separar los buenos de malos  hizo formar ante el altar a todos aquellos cuyas ofrendas si habían sido aceptadas. Y con tristeza del alma pude notar que el número de los que no habían sido aceptados era más numerosos de lo que yo me había imaginado.

Y aparecieron por lado y lado del altar dos ángeles trayendo cada uno una canasta llena de hermosísimas coronas de rosas, pero eran rosas del Cielo que no se marchitan y que significan la inmortalidad. Y a cada uno de aquellos a quienes sí les había sido aceptada sus ofrendas, le fue colocada una de esas coronas en su cabeza. Las coronas eran supremamente hermosas y yo veía que allí desfilaban para ser coronados no solamente los discípulos que ahora tengo sino los discípulos que tendrán nuestras obras en tiempos futuros.

Y enseguida sucedió algo impresionante: Había jóvenes de rostro nada simpático y que no eran agradables ni atrayentes en su presentación externa, y a éstos les correspondieron las coronas más ricas y hermosas, porque lograron conservar mejor su pureza o castidad. Otros tenían también esta virtud pero en grado inferior. Muchos otros recibieron coronas por su obediencia, por su humildad, o por su amor de Dios. Cada uno recibía una corona proporcionada a los esfuerzos que había hecho por portarse bien.

El ángel les dijo: "Han recibido estás coronas como premio a su buen comportamiento. Esfuércense cada uno para lograr que los enemigos del alma no le roben su corona. Hay tres medios para conservarlas:

✔ 1. Ser humildes.
✔ 2. Ser obedientes.
✔ 3. Esmerarse por conservar la virtud de la pureza.

Estás tres virtudes: humildad, obediencia y pureza los harán agradables ante la Virgen María y les conseguirán una corona infinita de premios en el Cielo."

Los jóvenes que no habían sido coronados desaparecieron y los que recibieron coronas empezaron a cantar un himno a la Virgen con voz tan fuerte que… yo me desperté.

Recuerdo muy bien quiénes sí fueron coronados y en qué virtud sobresalían, y quiénes fueron rechazados y por qué. Pueden pasar en estos días y le diré a cada uno en qué estado vi su alma en el sueño, y qué es lo que debe hacer para que la Virgen Santísima le acepte sus ofrendas.

Mientras tanto les doy estas explicaciones: Todos llevaban flores a la Virgen, pero noté que casi todos tenían espinas entre sus flores. Y me fue dicho que esas espinas representan a la desobediencia: No hacer lo que hay obligación de hacer, y dedicarse a hacer lo que está prohibido, llegar tarde y no cumplir los propios deberes. (“¿Has visto a alguno que cumpla bien sus deberes de cada día? Ese no quedará entre los últimos. Ese será de los primeros. Pero el desobediente no será coronado.”, dice el Libro de los Proverbios).

Otros llevaban entre sus flores un clavo. Y con clavos fue crucificado Jesucristo. San Pablo dice que el que peca crucifica de nuevo a Jesucristo. Clavos son los pecados que se cometen y no se combaten. Se empieza por pequeñas faltas y se va llegando a cometer pecados graves. El que es infiel en lo poco, también será infiel en lo grande, decía Nuestro Señor.

Muchos llevaban flores sin perfume. Son las obras buenas que se hacen sin querer apartarse del pecado o que se hacen por ser vistos y ser felicitados y no por agradar a Dios. Esas obras buenas son rechazadas. (Dice el salmo 49: “El señor Dios dice al pecador obstinado: ¿Por qué andas diciendo que me amas, tú que desprecias mis mandatos y no los quieres cumplir? Te acusare de esto y te lo echaré en cara”).

Pero el ángel permitía que los que quisieran fueran y arreglaran sus ramilletes y les quitaran las espinas y los clavos y las flores sin perfume y volvían, y entonces sí se les aceptaba su ofrenda. Así que cada uno puede proponerse enmendar sus errores y malos comportamientos y entonces sí serán aceptadas sus ofrendas.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Nuestra Señora de los Dolores


Santísima Virgen María - Virgen Dolorosa





Indice:
I. El dolor de la Virgen en la infancia y en la pasión de su Hijo
II. Situación actual en la doctrina y en la liturgia:
     
1. La doctrina
     2. La liturgia: a) 15 de septiembre: Virgen de los Dolores, memoria b) Triduo pascual, c) Ejercicios piadosos, d) Religiosidad popular.
III. Nota histórica.
IV. Conclusión.
Devociones a la Virgen Dolorosa:
Castelpetroso, Italia - Aparición y santuario.
Virgen Dolorosa de Quito -Gran devoción de Ecuador


I. El dolor de la Virgen en la infancia y en la pasión de su Hijo:El misterio de la participación de la Virgen madre dolorosa en la pasión y muerte de su Hijo es probablemente el acontecimiento evangélico que ha encontrado un eco más amplio y más intenso en la religiosidad popular, en determinados ejercicios de piedad (Vía crucis, Vía Matris...) Y, en proporción con los demás misterios, también en la liturgia cristiana de oriente y de occidente. Es curioso cómo estas tres dimensiones de la piedad están idealmente unidas en la liturgia de rito romano en el Stábat Mater, atribuido a Jacopone de Todi, secuencia nacida en un contexto de intensa religiosidad popular, utilizada de varias maneras en los ejercicios piadosos y, aunque de forma facultativa, presente en la liturgia de las horas y en la liturgia de la palabra de la misa del 15 de septiembre de la Virgen de los Dolores. Esta singularidad revela que las tres áreas de piedad que hemos señalado, dejando aparte ciertas intemperancias ocasionales, reflejan agudamente lo esencial del misterio evangélico.


Pero el dolor de la Virgen, aunque encuentra en el misterio de la cruz su primera y última significación, fue captado por la piedad mariana también en otros acontecimientos de la vida de su Hijo en los que la madre participó personalmente. En general, se suele considerar el dolor de la Virgen en la infancia de Jesús y no sólo en su pasión. La meditación cristiana captó y en cierto modo fue codificando progresivamente a lo largo de los siglos siente sucesos dolorosos, siete episodios bíblicos en los que está atestiguada expresamente o intuida por la tradición la participación de María. Se recuerda la subida al templo de José y de María para presentar allí a Jesús a los cuarenta días de su nacimiento, con la relativa profecía del anciano Simeón: “Una espada atravesará tu alma” (Lc. 2, 34-35). Espada que es, “según parece, la progresiva revelación que Dios le hace de la suerte de su Hijo”; espada que penetrando en María le hará sufrir; espada que penetrando en María le hará sufrir; espada símbolo del camino doloroso de la Virgen, que en la tradición posterior será asumida como signo plástico de los dolores sufridos por la madre del redentor y representada luego en número de siete puñales clavados en el corazón de la Virgen. El camino de fe de la Virgen se vio muy pronto marcado por un nuevo suceso doloroso: la huida a Egipto con Jesús y José (Mt. 2, 13-14). Y una vez más, durante la infancia de Jesús, el suceso de la pérdida en Jerusalén y la búsqueda ansiosa y dolorida de María y de José (Lc 2, 43ss), que se concluirá con el hallazgo del Hijo en el templo, nuevo motivo de meditación y de interpretación sobre la voluntad de Dios en el corazón de la madre. La contemplación de la tradición ha querido descubrir en la subida de Jesús con la cruz al Calvario la experiencia síntesis del camino de fe de la madre, y aunque los evangelios no mencionan nada de eso, la piedad tradicional ve también la presencia de María en el encuentro de Cristo con las mujeres (Lc 23, 26-27). Como ya se ha dicho, es en el acontecimiento de la crucifixión donde encontramos el significado primero y último de la Dolorosa: “Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre, María de Cleofás, hermana de su madre, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo que él amaba, dijo a su madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu madre” (Jn. 19. 25-27a). Y una vez más la devoción de los fieles quiso prolongar la participación amorosa de la madre en la muerte redentora del Hijo recordando, como en un díptico, la acogida en el regazo de María de Jesús bajado de la cruza (Mc 15, 42), acontecimiento objeto de atención particular por parte de pintores y escultores, y la entrega al sepulcro del cuerpo exánime de su Hijo (Jn 19, 40-42a).
II. Situación actual en la doctrina y en la liturgia.1. La doctrina:La distribución antigua y contemporánea de los aspectos del dolor de María de Nazaret, más allá del reparto de los misterios que tuvo lugar en otros siglos que los veneraron por separado, en la sensibilidad teológica de nuestros días y también, al parecer, en la piedad de los fieles, no se percibe como una división puntual de compartimientos estancos, sino que, incluso en la especificación de los diversos episodios, los dolores se relacionan armónicamente con el camino de un misterio de fe que conoció el sufrimiento, en comunión total con el hombre de dolores y abierto a la voluntad de Dios Padre. Tenemos una síntesis autorizada de esta nueva mentalidad en el magisterio del Vat II: “También la Virgen bienaventurada avanzó en esta peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su comunión con el Hijo hasta la cruz, ante la cual resistió en pie (Jn 19,25), no sin cierto designio divino, sufriendo profundamente con su unigénito y asociándose a su sacrificio con ánimo maternal, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella había engendrado” (LG 58). En realidad es la comunión profunda, que en cierto modo se hace consciente, entre la madre y el Hijo, comunión ligada no solamente a la generación, sino también a la fe, lo que llevó a María a cooperar en la obra de Jesús hasta el Calvario: “Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, sufriendo con su Hijo moribundo en la cruz, cooperó de un modo muy especial a la obra del Salvador, con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad para restaurar la vida sobrenatural de las almas” (LG 61)
Debido a esta participación amorosa y total, María se convierte “para nosotros en madre en el orden de la gracia” (KG 61). La enseñanza conciliar ha abandonado de hecho los problemas sutiles y las objetivaciones ontológicas, explicitando la doctrina mariológica de las encíclicas papales que se habían ocupado de estos temas con datos bíblicos y existenciales. Por esta línea ha seguido la investigación, sirviéndose especialmente de la profundización exegética que subraya como María junto a la cruz, como hija de Sión, es figura de la iglesia madre a cuyo seno están convocados en la unidad los hijos dispersos de Dios, con sus relativas consecuencias, y cómo “en la pasión según Juan -de tan altos vuelos teológicos- Jesús es el hombre de dolores, que conoce bien lo que es sufrir (Is 53,3), aquel a quien traspasaron (Jn 19,37; Zac 12,1). Y paralelamente su madre es la mujer de dolores... Ella expresa también el modelo de perfecta unión con Jesús hasta la cruz. Precisamente el estar junto a la cruz, la propia y la de los demás, es una de las tareas más arduas del amor cristiano, que exige alegrarse con los que se alegran (Rom 12,15; Jn 2,1: bodas de Caná) y llorar con los que lloran (Rom 12,15; Jn 19,25: la cruz de Jesús)”.
Esta ejemplaridad de María adquiere nuevos matices de profundización en las reflexiones de un episcopado como el de Sudamérica: “En María se manifiesta preclaramente que Cristo no anula la creatividad de quienes le siguen. Ella, asociada a Cristo, desarrolla todas sus capacidades y responsabilidades humanas, hasta llegar a ser la nueva Eva junto al nuevo Adán. María, por su cooperación libre en la nueva alianza de Cristo, es junto a él protagonista de la historia”. El misterio de la mater dolorosa, leído en relación con Cristo y con la iglesia, se convierte en experiencia vital para el cristiano no sólo respecto al conocimiento de la historia salvífica, sino también como fuente singular de consuelo y de esperanza para su vida cotidiana.
2. La liturgia:
a) 15 de septiembre: 
Virgen de los Dolores, memoria.

En la exhortación apostólica Marianis cultus, Pablo VI, después de destacar la presencia de la madre en el ciclo anual de los misterios del Hijo y las grandes fiestas marianas, presenta de este modo la memoria del 15 de septiembre: “Después de estas solemnidades se han de considerar, sobre todo, las celebraciones que conmemoran acontecimientos salvíficos, en los que la Virgen estuvo estrechamente vinculada al Hijo, como... la memoria de la Virgen Dolorosa (15 de septiembre), ocasión propicia para revivir un momento decisivo de la historia de la salvación y para venerar junto con el Hijo exaltado en la cruz a la madre que comparte su dolor”.
El día después de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la ecclesia celebra la compasión de aquella que se mantuvo fiel junto a la cruz. Esta memoria tiene un formulario propio (trozos bíblicos y textos eucológicos) para la celebración eucarística y partes propias para la liturgia de las horas. El contenido de la colecta nos puede ayudar a captar el significado de esta celebración: el carácter cristológico de la primer parte (la actio gratiarum) y el eclesilógico de la segunda (la petitio) colocan inmediatamente la memoria del 15 de septiembre en un horizonte de solidez teológica y de amplia visión conciliar. “Señor, tú has querido que la madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz”. El comienzo de la oración alaba al Padre y le da gracias, porque en la hora de la redención quiso que estuviera presente la madre de su Hijo y que participara de su obra. La referencia tan clara al evangelio de Juan (19, 25; 3,14-15; 8,28; 12,32) da a las breves frases iniciales aquella luz de resurrección que el evangelista quiso derramar en el relato de la pasión y muerte de Cristo: la cruz, además de ser instrumento de dolor, es sobre todo un trono de gloria. La madre participa de esta luz. En efecto, la liturgia del 15 de septiembre imprime un carácter de glorificación al misterio del dolor de María (aclamación al evangelio; antífona de la comunión; antífona al Ben.; antífona de vísperas y lectura breve). De esta forma se sintetizan líricamente dos grandes temas de Juan: la exaltación (3,14-15; 8,28; 12,32) y la hora de Jesús (7,30; 8,20; 12,20-28; 13,1; 16,13-14). La presencia de María encuentra para los dos temas su lugar debido, el lugar querido por Dios. En la colecta esta presencia se subraya por el sustantivo mater en relación con el Filius: la hora de la exaltación en la cruz de Cristo es el punto focal del tríptico “Caná-Calvario-Apocalipsis 12", en donde aparece con toda claridad el “ser madre” de la Virgen . En Caná (Jn 2,1-11) anticipó como madre la inauguración del misterio del Hijo, invitándole a realizar el primero de los “signos”: origen de la fe en los discípulos, a quienes hace reunirse junto con ella y con los hermanos en torno a Cristo (Jn 2,12). Al mismo tiempo, María hizo anticipar también con este signo, proféticamente, aquella hora que se mostró en toda su luz cuando el Hijo del hombre reinó desde el madero y derramó la salvación sobre toda la humanidad. Además, aquella hora, en la que el Hijo prescindió de su madre (Jn 2,4), la Virgen se reveló como madre de todos, como madre de la iglesia (en este sentido hay que leer la oración sobre las ofrendas). Y una vez más la madre está junto a Cristo en la fe, representados simbólicamente en Juan los discípulos y los hermanos. En esta fe contra toda esperanza experimenta profundamente la Virgen la coparticipación en los sufrimientos del Hijo (“compatientem”, de “pati-cum”, es el término latino de la “editio typica “ del Misal romano, traducido a veces impropiamente con “dolorosa”; lo mismo puede decirse para la oración después de la comunión, en donde “compassionem B. M.V. recolentes” se ha traducido: “al recordar los dolores de la virgen María”. No sólo como madre está íntimamente unida al dolor de Cristo, sino que, como ya hemos observado, lo está como creyente bienaventurada que ve vacilar los fundamentos de su fe con la pasión y la muerte. Al mismo tiempo lucha sufriendo, esperando sólo en aquel que muere. Surge espontáneamente el recuerdo de Simeón, que había profetizado ya en este sentido: “Una espada atravesará tu alma” (Lc 2,35, del que encontramos un eco en la antífona inicial de la misa en el segundo pasaje evangélico ad líbitum, o sea Lc 2,33-35, y en la segunda liturgia de las horas sacada del Sermones de san Bernardo), y el recuerdo de su vida de fe que la había ido preparando para esta realidad: admirable expresión de los futuros fieles auténticos, que aun en medio del sufrimiento esperan únicamente en aquel que murió y resucitó. En Apocalipsis 12 parece estar clara la referencia a Jn 19,25-27. Por lo que se refiere a la “mujer”, se sabe que los exegetas andan divididos. Sin embargo, creemos que no está lejos la interpretación que ve en esta “mujer” tanto a la iglesia como a María : en efecto, “la iglesia y María son entre sí realidades complementarias, lo mismo que son las dos complementos insustituibles del mismo Cristo”. La madre del Hijo de Dios participa con él, en la hora de la historia, en la generación dolorosa de todos los vivientes, derrotando al enemigo del Hijo del hombre y participando en su glorificación por esta victoria. En este sentido el bíblico “viventium mater” (Gén 3,20) es el título perfecto de la nueva Eva. Madre espiritual y carnal de Cristo cabeza, madre espiritual de todos los miembros, de todos los hombres. Esta madre es la primera que ofrece su colaboración personal para completar la pasión de Cristo en favor de la iglesia, tal como se expresaba la Mystici Córporis refiriéndose a Col 1,24. Deseo que la liturgia, en la oración después de la comunión, sugiere que se actúe también parta la asamblea que ha celebrado la memoria de la Dolorosa como fruto final. De esta forma la madre se convierte para la ecclesia, que sigue luchando aún contra el dragón, esperando la glorificación final, en signo de una esperanza cierta y en motivo de estímulo.
La petición de la ecclesia es esencial: participar en la pasión de Cristo con aquella que es su madre y su imagen, anhelando ardientemente llegar como llegó ella a la glorificación final: “Haz que la iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección”. Estamos en el corazón de la liturgia del 15 de septiembre, la auténtica dimensión cristiana y el sentido último y denso de la celebración, los mismos motivos que aparecen en el Stábat Mater. Lo que se vislumbra al comienzo de la colecta encuentra su petición consecuente en su segunda parte: pasión del Hijo y de la madre (petición de conglorificación). Estas dos peticiones piden lo esencial para la vida de la iglesia. Respetan su ya y su todavía no. San Pablo nos ayuda a profundizar en el sentido de estas súplicas. La comunión total con Cristo Señor nos da la garantía de participar en su vida divina (también la antífonas de laúdes y vísperas). El espíritu que él nos ha obtenido “da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo” (Rom 8, 1-17). Cristo quiso libremente señalar el camino del hombre participando en todo y para todo de la vida humana, viviendo un período concreto de acontecimientos, alegrías y sufrimientos, viviendo hasta el fondo la muerte por la vida. La comunión con él, ser coherederos con su persona, como la vivió también la virgen María, supone asumir, iluminados conscientemente por la fe, la vida de cada día, en donde el límite propio del hombre, el sufrimiento, es un elemento no accesorio: “Coherederos de Cristo, si es que padecemos juntamente con él (Rom 8,17). La participación en la pasión tiene dos perspectivas: personal y comunitaria. Es anhelo por la continua liberación de toda forma de pecado, de mal, individual y social. El volver a tomar día tras día la propia cruz (Lc 9,39) y aliviar com-pasivamente la cruz de cualquier hombre que esté en nuestro Camino y la de la humanidad de que formamos parte (Lc 10,25-37; Jn 13,34). Pero esta pasión no es fin de sí misma, sino que es para la vida: “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto” (Jn 12,24); y es para la vida sin fin: “Padecemos juntamente con él, para ser también juntamente con él, para ser también juntamente glorificados” (Rom 8,17); “si sufrimos con él, también con él reinaremos” (2 Tim 2, 11). Se trata de la tensión escatológica hacia la vida de toda la existencia cristiana. Se trata de la esperanza, que sostiene el ya de la iglesia, mientras camina hacia el todavía no. Esperanza que se centra esencialmente en la resurrección de Cristo, el primero de los vivientes (Rom 8, 18-30)
b) Triduo pascual.
Una serena meditación y lectura de la presencia de la Virgen a lo largo del año litúrgico ha llevado a la constatación de que en el triduo pascual de la liturgia romana la participación de la madre en la pasión del Hijo, a pesar de ser un elemento intrínseco del misterio que se celebra, no ha sido explicitada de ninguna forma. Sin embargo, la tradición litúrgica de rito bizantino y de otros ritos orientales se muestra sensible a esta dimensión celebrativa. En la liturgia propia de la Orden de los Siervos de María, oficialmente aprobada, se ha encontrado una formo específica que se sitúa ritualmente después de la adoración de la Cruz el viernes santo. La sobria secuencia ritual que señala cómo la virgen María está indisolublemente unida a la obra de salvación realizado por su Hijo, fiel y fuerte hasta la cruz, madre de todos los hombres, modelo de la iglesia, está compuesta de una admonición a la que siguen unos momentos de oración en silencio y el canto de algunas estrofas del Stábat Mater u otro canto debidamente escogido. En el corazón de la celebración del misterio pascual se pone de relieve discretamente la primera participación de la humanidad en la pasión redentora: como para la encarnación, también para la redención, en el sentido de Col 11,24.
c) Ejercicios piadosos.1) Inspirándose probablemente en el uso de rezar el rosario, se difundió en el s. XVII la Corona de la Dolorosa, mejor llamada inicialmente de los Siete Dolores. En una de las primeras ediciones impresas, dicha Corona se compone de elementos rituales que se mantendrán esencialmente en vigor incluso en nuestros días: introducción; enunciación de un dolor, un Padrenuestro-siete Avemarías “en veneración de las lágrimas que derramó la Virgen de los dolores”, finalmente una parte del Stábat Mater(más tarde se recitó completo) con una oración para terminar.
2) La Via Matris dolorosae. Para facilitar el modo de meditar los dolores de María, de forma análoga al Vía Crucis, este piados ejercicio recuerda a la mater dolorosa pasando de una estación a otra, en la que se representa cada uno de los siete dolores principales. Su origen parece remontarse al s. XVIII y se practicó inicialmente y en particular en las iglesias de los Siervos de María de España. Uno de los primeros testimonios escritos, conservados hasta hoy, donde se refiere el método para celebrar la Via Matris, se remonta a 1842. Normalmente este piadoso ejercicio se practica los viernes de cuaresma. Desde 1937 hasta los años sesenta, bajo la forma de novena perpetua, adquirió una importancia muy amplia en Chicago y en las dos Américas.
3) La Desolada. También este piadoso ejercicio se desarrolló en el s. XVIII. Nació de la consideración, en cierto modo pietista, de que María vivió el colmo de su dolor durante la sepultura de su Hijo; en este período ella se vio realmente “desolada”; por eso, para “com-padecer-la” algunos estaban en oración desde el atardecer del viernes santo hasta las dieciséis del sábado santo, así como todos los viernes del año.
d) Religiosidad popular.
La imagen de la madre vestida de negro manto es una presencia casi constante en las tradiciones populares que veneran a la Dolora, desde el comienzo de la devoción hasta nuestros días. Sin embargo, no es fácil encontrar una documentación exhaustiva que permita recoger las diversas formas con que la religiosidad popular, entendida en el sentido más amplio del término, ha expresado y sigue expresando su devoción a la mater dolorosa. No cabe duda de que en occidente la devoción a la Dolorosa, antes de encontrar su codificación litúrgica o en los oficios “de compassione” (desde el s. XV) o en las misas (desde comienzos del s. XV), encuentra un favor especial en las expresiones populares. La figura de madre enlutada sigue estando esencialmente ligada a otra imagen pedagógicamente hegemónica, a su stare recogido, inmóvil y mudo del evangelio de Juan o al contemplar velado en lágrimas de Stábat. Lo mismo podemos decir de las formas religiosas que se desarrollaron después del concilio de Trento, especialmente de las procesiones dramáticas y escenificaciones presentes sobre todo, aunque no sólo, en el sur de la península italiana y en España. Probablemente hoy estas formas, no siempre administradas directamente por la comunidad cristiana, son las únicas expresiones periódicas que nos quedan de la religiosidad popular en que directa o indirectamente se expresa la devoción a la Dolorosa.
III. Nota histórica.
Muy recientemente todavía el editor de la Bibliografía mariana, G. Besutti, señalaba: “La historia de la piedad cristiana con la virgen María, que padece con su Hijo al pie de la cruz, no ha sido escrita aún por completo de forma que comprenda no sólo al oriente, sino a todas las regiones de occidente. Hay muchos aspectos, incluso importantes, que están más o menos diseminados por todas partes y que, si no se han ignorado, al menos no han sido valorados debidamente”. Y en este contexto refiere cómo en Herford (Paderborn) se fundó en 1011 un oratorio dedicado a “S. Mariae ad Crucem”. Esta cita revela cierto interés, en cuanto que de alguna manera confirma las observaciones de Wilmart: hay que poner antes del s. XII el nacimiento de esa corriente piadosa que se inspira en la meditación compasión de María al pie de la cruz. Sin embargo, todavía queda por precisar los tiempos y los lugares en que maduraron las reflexiones de los primeros padres de oriente y de occidente, las intuiciones poéticas y homiléticas, en concreto bizantina (por ej., Romanos Melodas, , que fueron poniendo progresivamente en relación la espada profetizada de Simeón con la compasión de la Virgen y su participación en la pasión redentora del Hijo.
A lo largo del s. XIII se elabora la devoción a la Dolorosa, precisándose a comienzos del s. XIV como devoción a los Siete dolores. Pero “el primer documento cierto sobre la aparición de la fiesta litúrgica del dolor de María proviene de una iglesia local”; en efecto, el 22 de abril de 1423 un decreto del concilio provincial de Colonia introducía en aquella región la fiesta de la Dolorosa en reparación por los sacrílegos ultrajes que los husitas habían cometido contra las imágenes del crucificado y de la Virgen al pie de la cruz. La fiesta llevaba por título “Commemmoratio angustiae et doloribus Betae Mariae Virginis”, según el tenor del decreto conciliar, que decía: “... Ordenamos y establecemos que la conmemoración de la angustia y del dolor de la bienaventurada Virgen María se celebre todos los años el viernes después de la domínica Jubilate (tercer domingo después de pascua), a no ser que ese día se celebre otra fiesta, en cuyo caso se transferirá al viernes próximo siguiente”.
En 1482 Sixto IV compuso e hizo insertar en el Misal romano, con el título de Nuestra Señora de la Piedad, un misa centrada en el acontecimiento salvífico de María al pie de la cruz. Posteriormente esa fiesta se difundió por occidente con diversas denominaciones y fechas distintas. Además de la denominación establecida por el concilio de Colonia y la que se fijaba en la misa de Sixto IV, era llamada también: “De transfixione seu martyrio cordis Beatae Mariae”, “De compassione Beatae Mariae Virginis”, “De lamentatione Mariae”, “De planctu Beatae Mariae”, “De spasmo atque dolorigus Mariae”, “De septem doloribus Beatae Mariae Virginis”, etc.
Mientras tanto, el 9 de junio de 1668 se les concedián a los Siervos de María la facultad de celebrar el tercer domingo de septiembre la “Missa de septem doloribus B.M.V.” con un formulario que se deduce que es muy parecido al de 1482. Esta misma es la que, con algunas ligeras modificaciones, se recoge en el Misal de Pío V el viernes de pasión. En realidad, la fiesta del viernes de pasión, concedida el 18 de agosto de 1714 a la Orden de los Siervos, se extendió, por petición de la misma orden, a toda la iglesia latina bajo el pontificado de Benedicto XIII (22 de abril de 1727). Además, Pío VII, el 18 de septiembre de 1814 extendió al tercer domingo de septiembre la fiesta de los Siete dolores con los formularios para el oficio divino y para la misa que ya estaban en uso entre los Siervos de María. Finalmente, con la reforma de Pío X, ante el deseo de realzar el valor de los domingos, esta fiesta quedó fijada el 15 de septiembre, fecha que estaba ya en uso en el rito ambrosiano, que por no tener la octava de la Natividad de la Virgen, celebró siempre ese día los dolores de María.
La fiesta del viernes de pasión quedó reducida por la reforma de las rúbricas de 1960 a una simple conmemoración. El nuevo calendario promulgado en 1969 suprimió la conmemoración del tiempo de pasión y redujo a la categoría de “memoria” la fiesta de los siete Dolores de septiembre bajo el nuevo título de “Nuestra Señora la Virgen de los Dolores”.
IV. Conclusión.La historia de esta devoción, como ya se ha observado y como se deduce igualmente de estas notas, parece trazar una línea curva que alcanza su apogeo en los períodos de codificación litúrgica. La ósmosis entre lo popular y lo oficial, aun en medio de los reflujos pietistas que es posible constatar, conduce a una intensidad difusa del sentimiento de devoción hacia la mater dolorosa. Precisamente cuando la ósmosis es mayor es cuando la intensidad aparece más profunda. Pero es preciso subrayar que el progresivo replanteamiento litúrgico a lo largo del s. XX, ayudado en este punto por la reflexión bíblico-patrística, coincide con la “cualidad” de la meditación sobre el misterio del dolor de santa María, insertándolo en un contexto más amplio de historia de la salvación; no se contempla ni se venera a la mater dolorosa solamente para participar conscientemente, en cuanto personas particulares, en la pasión de Cristo a fin de vivir su resurrección, sino que además se hace esto para que María, como imagen de la iglesia, inspire a los creyentes el deseo de estar al lado de las infinitas cruces de los hombres para poner allí aliento, presencia liberadora y cooperación redentora. Además, la Dolorosa puede recordad a los hombres de nuestro tiempo, inquietos y preocupados por la esencialidad de las cosas, que la confrontación con la palabra de la verdad y su manifestación pasa ciertamente por la experiencia de la espada (Lc 2,35; 14, 17; 33,36; Sab 18,15; Ef 6,17; Heb 4,12; Ap 1,16), que traspasa el alma, pero que abre también a una nueva conciencia y a una misión renovada (Jn 19, 25-27), que va más allá de la carne y de la sangre y de la voluntad del hombre, puesto que brota de Dios (Jn 1, 13).
Fuente: Nuevo Diccionario de Mariología. Ediciones Paulinas

jueves, 14 de septiembre de 2017

Sueños y enseñanzas de San Juan Bosco (Parte II) La obligaciòn de dar Limosna


LA VIRGEN LO REPRENDE POR SU SILENCIO 

El 4 de Junio de 1887 (apenas unos meses antes de la muerte del Santo), Don Bosco narró:

“He visto a Nuestra Señora la Virgen María en un Sueño y me ha reprochado mi silencio acerca del buen uso que se debe hacer de las riquezas. Entre otras cosas me dijo: que muchas almas se condenan por faltar contra el sexto y el noveno mandamiento, pero que hay también muchas que se pierden por haber hecho mal uso de las riquezas. Y se quejaba Ella de que los sacerdotes no se atrevan a hablar de este argumento desde la cátedra sagrada”. (MB 13,361).

Don Bosco había hablado mucho y muy fuertemente acerca de la gran responsabilidad de quien no le da un fin social a sus riquezas.

Claramente había dicho a los ricos en sus conferencias:

“Si ahora no dais voluntariamente parte de vuestras riquezas a los necesitados, un día las tendréis que dar obligados por el puñal que os pondrán enfrente. Dad, dad mucho, antes de que los pobres lleguen al límite de su capacidad de aguante y os vengan a exigir con violencia lo que deberíais haber repartido de buena gana”.

Y él deseaba escribir un libro acerca de la gran responsabilidad que tiene cada uno de hacer de sus riquezas algo que redunde en bien de todos. Pero muchos le decían que él era muy exagerado a este respecto, y que no convenía hablar de estos temas. Así que no se atrevió a escribir su deseado libro.

Después de este Sueño llamó al Padre Francesia y le pidió que escribiera una obra acerca de este tema tan importante. Poco después apareció un libro de dicho sacerdote, bajo el título de “Al Paraíso por medio de las riquezas”.

Don Bosco siempre creyó en la frase de Jesús:
“Dad limosna según vuestras posibilidades y todo será puro para vosotros” (Lucas 11,41)

San Juan Bosco y María Auxiliadora y los famosos sueños del Santo. Págs. 191 a 192 P. Eliécer Sálesman. Apostolado Bíblico Católico. Carrera 6° N° 27-63 Sur (B. 20 de Julio) Tel: 2093366. Bogotá


 ACERCA DE LA OBLIGACIÓN DE DAR LIMOSNA  

El 14 de junio de 1887 habló así nuestro Santo:

“Hace unas noches soñé que se me aparecía la Santísima Virgen y me reprochaba por haberme callado últimamente acerca de la grave obligación de dar limosna.

Y me dijo: “Mire, que aunque uno sea sacerdote puede perderse por pecados contra el sexto y el séptimo mandamiento”. Y me insistió en que son muchos los que se pierden por no haber hecho buen uso de las riquezas, por hacer uso indebido de sus bienes, y no repartir lo suficiente a los pobres. Y añadió: “Si los que tienen bienes de fortuna repartieran entre huérfanos y pobres lo que no les resulta muy necesario, sería mucho mayor el número de los que lograrían salvarse. Pero desafortunadamente son muchos los que se guardan para ellos solos sus riquezas y esto será su perdición”.

NOTA: Desde hacía varios años venía Don Bosco hablando muy fuertemente a los ricos y a todos los que tenían algunos bienes de fortuna, acerca del gravísimo deber que tiene todo cristiano de compartir sus bienes con los necesitados. Muchos lo criticaban por esto y hasta lo querían acusar ante las autoridades eclesiásticas por hablar tanto acerca de los graves peligros que les esperan a los que tienen bienes si no los comparten con los necesitados. El santo repetía: “Si ahora no reparten voluntariamente sus bienes a los pobres, un día ellos vendrán con un puñal u otra arma en las manos y se lo quitarán a la fuerza”.

Y se quejaba de que a muchos sacerdotes les da pena insistirle a la gente acerca de lo grave que es la obligación de dar limosnas, y limosnas proporcionadas a lo que cada uno tiene o gana. (No migajas que no se sienten. Que eso sería un engañarse uno a sí mismo. Si lo que se da a los demás no cuesta nada, eso no es dar, es sólo un engañarse. La limosna debe empobrecer en algo al que la regala).

Repetía y repetía que el recomendar a los otros que se dediquen a dar limosnas generosas es hacerles un gran favor, porque según dijo Tobías en la Santa Biblia: “La limosna borra multitud de pecados”.

Pero lo criticaban tanto por enseñar esto, dispuso callarse últimamente. Y fue entonces cuando se le apareció la Santísima Virgen en persona a regañarlo por haberse callado y a recordarle que aunque uno sea sacerdote puede perderse si vive pecando contra el sexto mandamiento o no reparte debidamente sus bienes a los pobres.

Después de este sueño el santo llamó al Padre Bonete, buen escritor, y le dijo:

-Por favor: redacte un libro acerca de la grave necesidad y obligación que tiene todo buen cristiano de dar limosnas. Y repártanlo por todas partes.

El Padre Bonete publicó ese libro al año siguiente, unos meses después de la muerte del santo. El título del libro era: “Cómo ganarse el cielo dando limosnas en la tierra”.

Es curioso que ésta es quizás la última aparición de la Santísima Virgen a Don Bosco, y la hizo para insistirle en un tema importantísimo para la salvación: Dar limosnas. Ayudar a los pobres con toda generosidad. No hacer mal uso de las riquezas.

Ahora existe un libro muy hermoso acerca de este tema (cuya lectura recomendamos como enormemente provechosa). Su título es: “CÓMO HACERSE RICO PARA EL CIELO, DANDO LIMOSNAS EN LA TIERRA” por Sálesman. En ese bello libro está lo que San Juan Bosco enseñaba acerca de la grave obligación que cada uno tiene de dar limosnas según sus posibilidades, y además otros muchos ejemplos muy hermosos. No dejemos de leerlo, su lectura puede ser de gran provecho.

LOS SUEÑOS DE SAN JUAN BOSCO, P. Eliécer Saloman, Apostolado Bíblico Católico, 
3° Edición Diciembre de 2001,  Editorial Centro Don Bosco, Av. Eldorado N° 65-96, Bogotá, D.C. -Colombia, Página 493 a 495


 RICOS QUE LLEGAN A SER POBRES 

El 9 de agosto de 1887 Don Bosco narró el siguiente sueño:

“Vi en sueños que muchos dueños de fincas buscaban pastos para sus animales y no los encontraban. Y decían:

-¿Qué haremos que no hay con qué alimentar los ganados?

Y otros respondían:

-Tendremos que matar el ganado y comernos la carne. Como en tiempos de José en Egipto: aquí las vacas flacas devorarán a las vacas gordas.

Luego vi unas maletas muy bien cerradas que nadie lograba abrir. Al fin pude abrir una de ellas y estaba totalmente llena de dinero. Y una voz me dijo:

-Es el dinero de los ricos que pasará a los pobres, mientras que los ricos no lo podrán emplear. Muchos ricos perderán lo que tienen y serán expropiados”.

NOTA: Había aquí avisos de sequías y veranos muy grandes que iban a llegar a los agricultores y ganaderos, y la reafirmación de una verdad que Don Bosco iba predicando en esos años de ciudad en ciudad: “Si los ricos no comparten voluntariamente con los pobres repartiendo generosamente con ellos sus riquezas, un día violentamente les quitarán lo que poseen. Lo que podrían dar por las buenas (ganando así mucho premio para el cielo) y no lo quieren dar, lo perderán un día por medio de la violencia, pero ya sin méritos ni premios para la eternidad”. Y la historia de las revoluciones y de los continuos secuestros de ricos ha venido demostrando que sí se cumple este penoso aviso.

Páginas 486-487

 LOS CASTIGOS DE LOS PECADORES 

El 3 de abril de 1887 habló así Don Bosco:

“Anoche vi en sueños los castigos que esperan a los pecadores. Y lo que vi es tan terrible que si los que me oyen pudieran verlo, o se dedicarían a una vida santa o saldrían huyendo llenos de susto. Primero oí un estruendo y un griterío como los que se sienten cuando hay un terrible terremoto. Luego vi un enorme horno donde muchos ardían y lanzaban lastimosos quejidos. Y una voz me dijo: “Muchos se dedican en esta tierra a todos los goces y después padecerán horribles sufrimientos”.

Luego vi allí sufriendo a muchas personas horrendamente deformadas. Y eran de los nuestros. Y al verlos sufrir tanto y oírles tantos lamentos exclamé:

-¿Pero no habrá algún modo de que paguen sus pecados y no tengan que venir a sufrir tantos tormentos? 

Y una voz me respondió:

Que paguen sus pecados con plata y oro. Con limosnas a los pobres, pero también con otra plata y otro oro preciosos: las oraciones frecuentes, las confesiones y comuniones fervorosas servirán mucho para librarse de los sufrimientos que esperan a quienes viven cometiendo pecados.

NOTA: Don Bosco se despertó muy angustiado y lloraba al narrar este sueño. Allí vio destinados a muy terribles castigos a muchos de sus amigos que manchaban sus almas con frecuentes pecados. Afortunadamente la voz del cielo le anunció unos modos prácticos para librarse de aquellos castigos: orar, dar limosnas y recibir con fervor y frecuencia los santos sacramentos, especialmente la Sagrada Eucaristía.

Páginas 492-493